MAGDALENA HERRERA
El hombre de Juan Lacaze realizó una changa por la que le pagaron 200 pesos, cargó 100 de nafta en su moto, además de la carpa y unos víveres, y hace un par de semanas recorrió los kilómetros que lo separaban de Conchillas. Se instaló a orillas del Río de la Plata, en la desembocadura del arroyo que en mapas lleva el nombre de la localidad coloniense, aunque todos en la zona lo conocen como San Francisco.
Carpa armada, se propuso encontrar trabajo en la empresa española Ence, que recientemente compró allí mismo 528 hectáreas por 4.5 millones de dólares.
El hombre quería ser el primero en la fila cuando se abriera la tranquera que separa la avenida de ese privilegiado fraccionamiento costero privado, denominado Punta Pereira, donde la pastera construirá la planta y un puerto, de aprobarse su proyecto.
No había quién lo convenciera que esa no era la forma adecuada para lograr el trabajo. Pero, charla va, otra que viene, el hombre se fue con su motito y la promesa que sería convocado cuando la empresa española instalara una oficina en Conchillas, como lo hará en poco tiempo, para atender consultas y demandas de colonienses. Las dudas sobran: un pescador en el ruinoso muelle señaló palabras textuales: "Estoy contento, habrá trabajo, dicen que ya hay dos mil personas anotadas; no sé porqué no hay movimiento porque iban a empezar en estos días".
Lo cierto es que aún no se ha convocado personal alguno, salvo una secretaria-recepcionista que atenderá la oficina de Conchillas. En abril recién se comenzaría a realizar el acondicionamiento del predio, que llevará hasta octubre cuando se inicien las obras de acceso y movimiento de suelo. Se construirá una vía que unirá Punta Pereira con ruta 55, para evitar el pasaje de centenares de camiones por ruta 21 y por Conchillas, patrimonio arquitectónico nacional.
Recién en un año se empezaría a trabajar en el puerto, y en abril de 2008 en la edificación de la planta. Si los plazos se cumplen todo estaría en marcha en septiembre de 2009. El presidente de la Junta Local de Conchillas, Aníbal Cabrera, asegura que por lo conversado con autoridades de Ence, se desprende que en la primera etapa habrá entre 300 y 400 puestos laborales; luego 4.000 obreros trabajarán en la construcción de la planta y el puerto, y finalmente, una vez funcionando, quedarán entre 500 y 600 puestos directos. Auguran producir mil millones de toneladas de celulosa al año.
PUEBLO CHICO, GRAN PATRIMONIO. Como todo visitante que debuta en Conchillas, al hombre de la carpa también le habrá llamado la atención que la urbanización a 8 kilómetros de la costa constara de enormes barracones de 120 metros de largo construidos por la empresa inglesa Walker & Co. entre 1887 y 1900 para cobijar a sus 2.500 obreros europeos -italianos, ingleses, búlgaros, alemanes, rusos, franceses-. Poblaron la localidad y trabajaron en las canteras de piedra y areneras hasta mediados del siglo pasado, cuando cerró la compañía porque Juan Domingo Perón, ya presidente, se negó a continuar negocios con los ingleses.
Las pintorescas construcciones son de una planta, con paredes de piedra sobre base de cemento de barro, pintadas de amarillo o blanco, y techos de zinc en rojo sangre.
En la actualidad, esos patrimonios arquitectónicos se encuentran divididos en cuatro, cinco, seis y hasta siete casas, en las cuales viven adultos mayores en gran proporción, o donde se ubican la junta local, la policía, la dirección de cultura, turismo y biblioteca, entre otros servicios públicos y privados, por cierto demasiado escasos.
No hay un solo lugar gastronómico, ni siquiera un bar, en el pueblo; Salud Pública atiende ciertos días a la semana de 9 a 12 horas (no hay médico permanente), y la estación de servicio abre de lunes a sábado con horario hasta las 18 horas y descanso al mediodía. "Lamentablemente los jóvenes se van; hasta ahora no había trabajo", explican algunos de los pobladores.
Pero los lugareños también valoran que allí no existen marginalidad o mendicidad, ni siquiera casi se registran hurtos. No tiran manteca al techo, dicen, pero tampoco les falta el plato de comida o el dinerillo para pagar las cuentas. La escasísima gente que transita por ahí deja sus motitos con la llave puesta, o duerme a puertas y ventanas abiertas. "Nos conocemos todos, con nuestros defectos y virtudes. Por la estructura de los barracones, siempre decimos que vivimos bajo un mismo techo", señala la responsable del área de información turística, Adriana Sosa, una experta en la historia del pueblo fundado por los británicos el 24 de octubre de 1887 como factoría (para alimentar de piedras, arena y cal la construcción de Puerto Madero en Buenos Aires).
Son muy pocos en Conchillas, y hasta no hace mucho, temían caerse del mapa o convertirse en una localidad fantasma, más allá de su valor histórico. Hasta el anuncio de Ence desde Buenos Aires, la única esperanza transitaba por el costado turístico. Visionario en ese sentido, Raúl Machado Negocios Inmobiliarios trabaja desde hace años en el lugar, e intentó como fuera dinamizar la zona, promoviendo los solares costeros. Una inversora argentina adquirió algunas casas de los barracones y el hotel construido en 1911, también declarado monumento (clausurado). El propósito era justamente realizar un proyecto turístico pero quedó stand-by.
REVUELO. Aunque la noticia fue publicada a mediados de diciembre, ya desde los primeros días de ese mes, el rumor corría por todo el pueblo. "Se viene la pastera española de Fray Bentos para aquí", se decían los lugareños por lo bajo. Sin confirmación todavía, recién unas semanas después cayeron en la cuenta que Conchillas podría revivir su esplendor de principios de siglo cuando contaba con 2.500 obreros sólo en el pueblo histórico, además de tres escuelas, banco, almacén de ramos generales, fábrica de zapatos, herrerías, entre un sinfín de servicios. Las señoras de los ingleses se compraban todo en el London París, o en Buenos Aires, a través de catálogos.
Hoy viven 600 pobladores en esa urbanización sin industria por ahora, y 2.700 en toda la localidad, incluido Campana, Pueblo Gil, la Radial, y el área rural.
"Estamos viviendo como en un sueño", repiten uno y otro, cuando se conversa con ellos. No pueden creer que luego de casi medio siglo de hibernación, la cadena estadounidense CNN los haya visitado, así como también los diarios argentinos y la revista Gente. Ni que hablar del tránsito de potenciales inversores que llaman o llegan hasta allí para preguntar precios de casas y solares; o de curiosos que ahora descubrieron Conchillas, así como simples uruguayos que buscan una salida laboral.
Ni una sola persona consultada en el pueblo se manifestó contraria a la instalación de Ence. "Tengo cuatro hijos, ¿cómo no voy a estar contento?", señala uno de los dos funcionarios del cementerio (otro patrimonio histórico), Hernán Efraín Costabel. "Es cierto, aquí no hay pobreza, pero se nos van los jóvenes. Al final íbamos a ser un pueblo de viejos", dice Adriana Sosa.
"Esto cae del cielo, y quizás no llegue a verlo. Pero no me importa, porque me alegra por los jóvenes. Nací y me crié aquí. Sería muy bueno que las cosas mejoren, de lo contrario terminaremos siendo un pueblo fantasma", indica uno de los abuelos de Conchillas, Francisco Vicente Rossellino, de 87 años.
"Existe muchísima expectativa y ya se registra un importante movimiento: gente preguntando qué hace falta, dónde se puede encontrar un edificio con comodidad, o casas para alquilar", expresa el presidente de la Junta, Aníbal Cabrera. La secretaria municipal, Adriana Alonso, agrega: "a partir de Fray Bentos, varias empresas constructoras, de transportes, y comercios, quieren adelantarse. Nunca se soñó esto, bienvenido sea".
TEMORES. Los lugareños también manifiestan sus miedos, frente a lo que podría ser una gran pastera a pocos kilómetros del pueblo histórico. Por un lado está el patrimonio, "que las autoridades de Ence aseguraron que preservarán, e incluso recuperarán la memoria industrial de los habitantes, así como también permitirán el uso público de playas privadas que hasta ahora eran visitadas sin problemas", según señala Aníbal Cabrera.
Otro de los temores que desvela a los pobladores es la formación de asentamientos marginales, que terminen con la seguridad. "Prefectura y policía están trabajando conjuntamente con la comuna. Además, la idea de Ence es tomar mano de obra preferentemente de la zona", agrega el presidente de la Junta.
Por último, Colonia rural se niega a que se foreste el departamento, ya que son tierras sumamente productivas. "A nivel nacional, existe una ley que lo prohibiría. Pero las autoridades de la Intendencia se comprometieron a implementar normas municipales al respecto".
Percepción y realidad inmobiliaria
Existen diferentes versiones en cuanto a los valores inmobiliarios actuales en Conchillas. Es cierto que se están disparando, pero mientras los pobladores dicen que se han duplicado y triplicado, la inmobiliaria Raúl Machado señala que aún no se registraron negocios con tan altos precios. Si se afirma que se observa una suba de un 20 % en los solares de la costa (aproximadamente entre seis y ocho mil dólares los 500 o 600 metros cuadrados), y casas patrimoniales que antes se conseguían por diez mil dólares hoy cuestan más de treinta mil. Pero aseguran que esa alza ya venía dándose desde hace un par de años, y sólo fue consolidada por el fenómeno Ence.
"Es una cuestión más psicológica o subjetiva, que de mercado", asegura Diego Montes de Oca, de la sucursal Conchillas. La gerente de negocios de la inmobiliaria, Daniela Hernández, agrega: "Ence ya compró toda la tierra necesaria para su emprendimiento. Le sobra espacio para lo que debe realizar. Por supuesto que se observa movimiento, y muchos potenciales inversores están llamando o viniendo para asesorarse sobre precios con interés en construir viviendas para alquilar, u otros servicios, pero negocios concretos todavía no. Se está esperando la confirmación 100% de la instalación de la planta. Siempre hay especuladores, pero no son quienes pagan esos precios altos, justamente arriesgan y quieren comprar barato para revender luego. Pero no quieren los precios que piden los propietarios ".
Esa es la visión del mercado inmobiliario. Sin embargo, los pobladores aseguran que por ejemplo el alquiler de una casa de dos piezas pasó de $ 1.500 a $ 7.400, y que las construcciones históricas triplicaron su valor, según dijo Adriana Sosa, de información turística. Asimismo, el presidente y la secretaria de la Junta observan una creciente expectativa de los propietarios sobre sus inmuebles, así como que ahora se han retraído y no quieren vender hasta ver que sucede en los próximos meses.
Un abuelo sentado en la puerta de su casa de paredes amarillas confiesa: "yo no vendo, no tengo dónde ir. Que quede para los sobrinos".