Alfredo Alzugarat
ENTRE 1910 y 1930 la modernidad irrumpió en Uruguay. Algunos cambios significativos, que abarcaban amplias esferas de la vida social, se venían procesando desde fines del siglo anterior. Según Daniela Bouret y Gustavo Remedi, autores de Escenas de la vida cotidiana, estas transformaciones se vuelven visibles en esas dos décadas, dando origen a lo que ambos denominan como "nacimiento de la sociedad de masas". La urbanización y expansión de Montevideo, el creciente poder de consumo, las innovaciones tecnológicas en la producción y en los medios de comunicación y las reformas democratizantes llevadas adelante por Batlle y Ordóñez en su segundo período de gobierno, son algunas de las condicionantes que dieron lugar a que la sociedad en pleno participara de prácticas culturales hasta entonces privativas de élites.
ESPACIO Y TIEMPO. La construcción de la Rambla Sur echando por tierra el polémico y simbólico Bajo de la Ciudad Vieja, con sus cuarenta y tres burdeles en apenas dos cuadras, significó tal vez el primer cimbronazo. Era la piqueta fatal del progreso venciendo la tradición. Le siguieron las construcciones del Palacio Legislativo en 1925, el Palacio Salvo, el primer rascacielos, entonces el más alto de América del Sur, en 1929, y al año siguiente el Estadio Centenario. La zona residencial se trasladó a la costa del Plata, a Pocitos, iniciando la decadencia de las "quintas románticas" del Prado. Los barrios suburbanos serían el último reducto de resistencia al empuje de lo nuevo, aunque muy pronto sus calles se verían transitadas por los modernos tranvías eléctricos y las primeras líneas de ómnibus.
La disponibilidad de tiempo fue otro factor fundamental para los cambios. Conquistas obreras como la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas y a seis días en la semana, permitieron la apertura a actividades hasta entonces vedadas. El mundo del trabajo, sin embargo, no se limitó a esa sola modificación. Los sindicatos se fortalecieron y se nuclearon en torno a dos centrales: la FORU (Federación Obrera Regional Uruguaya), de filiación anarquista, y la CGT (Confederación General de Trabajadores del Uruguay). El acceso de la mujer al mercado laboral y el aporte de las continuas oleadas inmigratorias, ahora también provenientes de Europa Oriental, dieron lugar a un nuevo proletariado urbano. Pero, a pesar de esos avances, no todo fue viento en popa. Las condiciones de trabajo continuaron siendo lamentables, talleres y fábricas siguieron utilizando niños como mano de obra barata, el empleo de la mujer tuvo signos positivos pero también generó una mayor explotación.
EL GRAN MERCADO. Fueron importantes la electricidad y la aparición de la radio como medio de comunicación masivo. Aunque la mayoría tardaría décadas en masificarse, las innovaciones ingresaron a los hogares, hasta sus rincones más íntimos, jerarquizando zonas hasta entonces poco agraciadas como la cocina y el baño o provocando una pintoresca convivencia de estufas, ventiladores o calentadores de agua eléctricos con cocinas a leña y heladeras que, aún en su mayoría, seguían siendo a hielo. Habría que esperar hasta el final del período para conocer "las cajas para cocinar sin fuego" y las máquinas de lavar. Se afianzó el sentido del confort y se hizo popular la expresión "ir de compras", actividad que conducía al Centro de la capital y a las vidrieras y afiches de grandes tiendas como London-París, Introzzi, Aliverti, Bazar Colón y otras muchas
En 1922, desde los altos del Hotel Florida, se escucharon las primeras emisiones radiales de Estación Paradizábal, una filial de General Electric, instalada en 1921. Hubo programas cultos: Pedro Leandro Ipuche y Carlos Sabat Ercasty recitaban sus poemas; la primera "radioconferencia" la dio Batlle y Ordóñez pocos días antes de las elecciones de 1922. Difícil fue, sin embargo, la articulación de la radio con el fútbol, que se hallaba en su mejor momento. Sólo llegaban los cables telegráficos que anunciaban los goles. Las demás incidencias eran una ficción que dependía del talento del relator.
TODO CAMBIA. Poco a poco se abrieron camino otros hábitos y aspiraciones. Se impuso el "sueño de la casa propia" y se construyeron las primeras viviendas según moldes preestablecidos. Los paseos se volvieron una costumbre de fin de semana, se estimuló vivir al aire libre y redescubrir la naturaleza. Este es el Montevideo de las caminatas por la Rambla y de los picnics al Prado, del Jardín Botánico o del Zoológico, de los primeros balnearios y espacios deportivos. Se institucionalizó la Semana de Turismo y los meses del verano, ahora asociados con lo lúdico, eran aguardados con ansiedad. Las playas y los baños de mar abrieron, sin embargo, toda clase de interrogantes y precauciones. Ponían en riesgo la rígida separación de sexos con la exhibición de los cuerpos y atentaban contra el ideal de belleza femenino que continuaba aferrado a un cutis de inmaculada blancura.
Otra consecuencia importante fue la mayor preocupación por la salud, el deporte y la belleza corporal. Se popularizaron el fútbol, el boxeo y la natación. Aparecieron centros deportivos como la Asociación Cristiana de Jóvenes, L` Avenir y el Neptuno.
Fue una época gloriosa para el carnaval, que sembraba los barrios de troupes y tablados, y para el cine, que veía incrementado su público. En 1914 ya había más de cincuenta salas de exhibición, sin embargo, el cine no era "un lugar moralmente aconsejable" para muchos y se decía que "los besos, abrazos y otros excesos de la pantalla yanqui han influido enormemente en el avance de las caricias que se prodigan actualmente los amantes en la vía pública".
El divorcio, la presencia creciente de la mujer en la enseñanza, el combate al analfabetismo y las barreras sanitarias trasladaron los cambios de la familia, de la educación e incluso de la moral. Son dos décadas intensas, recorridas "por dentro" y revalorizadas en su justa medida, más allá de todas las nostalgias.
UN CORTE HORIZONTAL. "Pensar desde la vida cotidiana supone privilegiar, como punto de entrada, lo particular y lo concreto, el plano personal y corporal, las fantasías que nos movilizan tanto como la materialidad que nos rodea". Así definen los autores una manera de ver la historia que atiende a lo cronológico sin tener en cuenta los grandes sucesos políticos y económicos; que establece un corte horizontal seccionando las más diversas áreas para detallar las vivencias de una época, la experiencia humana y su entorno más inmediato.
Contar el diario vivir ha implicado, en este caso, no sólo elegir un momento clave, determinante para el resto del siglo, sino también acopiar abundante documentación. Con ese cometido, Bouret y Remedi se nutren de las más diversas zonas de la historia y complementan su discurso con la reproducción de crónicas, avisos publicitarios, recortes periodísticos y hasta pasajes testimoniales de la literatura de la época, a más de una copiosa presencia de la revista Mundo Uruguayo. El resultado ofrece una visión de conjunto imposible de obtener en las historias de especialidades.
ESCENAS DE LA VIDA COTIDIANA. El nacimiento de la sociedad de masas (1910 - 1930), de Daniela Bouret y Gustavo Remedi. Banda Oriental, Montevideo, 2009. Distribuye Gussi. 375 págs.