Jorge Ruffinelli
JUAN CARLOS ONETTI fue uno de los escritores más audaces en el uso del lenguaje, y a la vez uno de los más pudorosos. Aunque su personaje central, Larsen, de la saga de Santa María, es un proxeneta que explota a mujeres viejas y decadentes ("cadáveres"), y muchos pasajes de sus novelas y cuentos transcurren en burdeles, Onetti jamás utilizó una palabra cruda para referirse a la sexualidad. Más aún, el acto amoroso está deliberadamente excluido de sus narraciones, como si el novelista hubiese corrido un velo sobre una de las actividades naturales más frecuentadas por los seres humanos.
Por eso, una obra como "El infierno tan temido" (relato, cuento largo, o nouvelle corta, de 1957) es tan magistral por su tema como por la manera de narrarlo. Aunque el tema es impresionante (la ex esposa del protagonista le comienza a enviar a éste fotos de sus aventuras sexuales con otros hombres, desde diversas ciudades), la escritura es de una delicadeza extrema. Se diría que Onetti buscó expresar un tema brutal con guantes de seda.
HOMBRES MADUROS, MUCHACHAS JÓVENES. En este relato hay elementos de una ideología sexual evidente también en muchos otros momentos de la literatura de Onetti, y hay que mencionarlos si se pretende insertar "El infierno tan temido" en el centro mismo de su universo. Por ejemplo, el tema de la "pureza", por lo común relacionado con adolescentes y núbiles. Uno de los pasajes más citados de su narrativa pertenece a su novela corta El pozo, de 1939: "He leído que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los veinte o veinticinco años. No sé nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco me interesa. Pero el espíritu de de las muchachas muere a esa edad más o menos. Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido práctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y oscuro de parir un hijo" (Montevideo: Signo, 1939, págs. 56 a 57). A los 25 años las "muchachas" ya han pasado largamente la adolescencia, pero la idea misma del personaje Eladio Linacero es adolescente: temor de las mujeres maduras, de las mujeres-mujeres.
De ahí, también, la reiterada relación de hombres maduros con muchachas mucho más jóvenes (como en el cuento "Bienvenido, Bob"). En "El infierno tan temido", el narrador se casa con una actriz, Gracia, a la que dobla en edad: ella tiene 20, él 40 años. En algún momento esa relación desigual los lleva al fracaso. Se separan. Él es un periodista que cubre la hípica en el diario El Liberal, de Santa María, y la primera carta (foto) de Gracia le llega al periódico, desde Bahía, la segunda desde Asunción, la tercera ya no llega a El Liberal sino a la pensión de Risso… Otra desde Montevideo. Interesante es que nunca se describen las escenas de las fotografías, al menos con lenguaje explícito, demostrando un sutil manejo de la imaginación del lector, quien siempre tiende a completar lo que el texto deja en alusiones. Por eso, no sería difícil imaginar a qué se refiere el narrador cuando dice, respecto a las fotos, la "impaciencia del hombre", o que Gracia "encendía al hombre…", ahorrándose así Onetti cualquier descripción, que probablemente rayaría en la pornografía.
Gracia marca su itinerario internacional con desplazamientos inesperados que acaban en golpes sucesivos sobre la conciencia de Risso. ¿Por qué lo hace? ¿Qué oscura venganza está intentando ejecutar? Como en tantos otros cuentos y novelas de Onetti, ni los hechos ni las motivaciones de los personajes son claros e inequívocos. Aquí, Onetti juega con cartas trucadas, porque éstas pueden corresponder tanto al odio como al amor. O así Risso quiere creerlo.
¿Y qué es el amor sino una batalla interminable, ambigua y contradictoria? Risso, viudo y con una hija niña interna en un colegio católico, conoció a Gracia, se casó con ella, pero cuando una vez, de gira por El Rosario, Gracia le fue infiel con un hombre desconocido (según ella, lo quiso a él, Risso, a través del otro), Risso no la comprendió, se sintió traicionado e inició los trámites de divorcio. A este punto habría que preguntarse: ¿es la psicología de la mujer tan diferente a la del hombre, que es posesivo y celoso, eterno Otelo?
En "El infierno tan temido" Onetti trabajó sus materiales sobre el supuesto de que sus lectores se identificaban con la lógica de Risso, no con la de Gracia. La infidelidad del otro nos aleja, nos separa, decreta nuestra muerte en vida (podría aquí aplicarse la famosa interpretación de Igor Caruso en su libro La separación de los amantes). En términos de "normalidad" cotidiana, y dentro de la cultura masculina en que vivimos, la infidelidad del otro, por casual, pasajera y banal que pudiera ser, produce actos radicales de separación y muerte. (Aunque existe un doble standard, cuando la infidelidad masculina es mucho más "perdonable" en la ideología amorosa). En este caso, la humillación de Risso, como hombre, al recibir las fotos de una mujer que fue "suya" y de repente empieza a verla en fotos junto a otros -aunque éstos sean anónimos, banales y sin importancia- es un golpe a su masculinidad e identidad.
HASTA EL GOLPE MAYOR. En la batalla del amor, Risso tiene todas las de perder, porque él ha sido educado en la ideología masculina: Gracia (que personifica el amor y el odio al mismo tiempo) cambia de domicilio, de lugares, se hace inasible. Y desde esa indefinición asesta golpes de amor y odio. Cada fotografía es un golpe más, como si buscara las zonas vulnerables de su antagonista. Cuando Risso deja de ser el destinatario y lo es "el viejo Lanza", la estrategia cambia, y el enemigo inasible se hace más peligroso. Aún así, el comprensivo Lanza le pide a Risso que le permita destruir la foto "sucia" sin dársela a mirar. Cuando la suegra de Risso recibe la siguiente fotografía, la ambigüedad se transforma en sospecha (culpa por "asociación") del propio Risso. La mujer mira a Risso "buscándole en el perfil el secreto de la universal inmundicia, la causa de la muerte de su hija, la explicación de tantas cosas que ella había sospechado sin coraje para creerlas".
En ese momento, Gracia ha asestado un golpe mayor. Pero cuando la última foto es enviada a nombre de la niña, es cuando Gracia "está segura esta vez de acertar en lo que Risso tenía de veras vulnerable". El desenlace es de una ambigüedad absoluta y perfecta porque no se decide por ninguna de estas dos posibilidades sobre qué sucedió con la última foto: Gracia la envió (a) "tal vez pensando que abriría el sobre la hermana superiora", (b) "acaso deseando que el sobre llegara intacto hasta las manos de la hija de Risso". Por esto mismo, es curioso que un lector tan avezado como Mario Vargas Llosa no reconozca la ambigüedad esencial del relato (que es su clave) y decida que la niña vio la foto, en su libro El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Lima: Santillana, 2008, p. 139) aunque nunca se diga en el texto que esto hubiera en efecto sucedido.
Prefiero esta otra lectura: que el suicidio es la manera que Risso tiene de detener el acoso de Gracia. En el mundo paradojal de Onetti, Risso gana la batalla con su propio sacrificio, porque de esa manera, faltando su contendiente, Gracia no tendrá por qué seguir enviando fotos obscenas, que lleguen a los ojos de la niña contaminando su "pureza". Dicho en otros términos: Gracia estuvo a punto de ganar la batalla, al encontrar la zona "vulnerable" de Risso -su hija, la pureza-, y sin embargo la perdió cuando Risso le quitó el arma mortal.
JORGE RUFFINELLI (n. 1943); crítico y ensayista uruguayo. Su último libro es Víctor Gaviria: Los márgenes del centro.
Inspiración
OTROS DOS datos sobre "El infierno tan temido": Onetti dijo haberse inspirado en un hecho real que le había contado el presidente Luis Batlle Berres; con el mismo título, y basadas en este relato, se estrenaron dos películas, una mexicana dirigida por Rafael Montero (1975), y otra argentina dirigida por Raúl de la Torre (1980), la primera protagonizada por el uruguayo Martín LaSalle (quien debutó en cine en la obra maestra de Robert Bresson, Pickpocket, 1959), la segunda por Alberto de Mendoza en la mejor actuación de su carrera.