Karin Rydholm
LES QUIERO REGALAR una pequeña historia, dice el escritor sueco Henning Mankell a unos 20 periodistas reunidos en la embajada de Suecia de Buenos Aires. "Una historia simple, sin derechos de autor y que me gustaría que repitan tantas veces como quieran".
Bajo la mirada algo sorprendida de los representantes de su editora argentina, Mankell afina su voz y cuenta: "Caminaba por una playa en una isla por las afueras de Maputo. De repente se une a mí un grupo de adolescentes con ganas de charlar. Me preguntan cosas sencillas, de todos los días, pero sentí que había algo más, que querían saber algo en particular. No se atreven. Algunos se van y al final queda solo un chico de unos 15 años, que se anima y me pregunta: ´Cuando un chico y una chica se besan, ¿cuál de los dos debe cerrar los ojos?`".
"Por supuesto, la pregunta me sorprendió muchísimo, y no sé si mi respuesta estaba a la altura de las circunstancias. Dije algo como que eso dependía de cada caso. Que tenía que ver con lo que cada uno sentía y que incluso, los dos muy bien podían cerrar los ojos. El chico quedó contento y se fue corriendo".
"En el pueblo, adonde llegué luego, mencioné lo que me había pasado y al ver la reacción de la gente, entendí todo. En esta isla la gente no se besa. El beso en la boca no forma parte de su cultura. Así que en esa playa tuve otra experiencia que me confirmaba lo grande que es el mundo".
La estrella tranquila. Según los organizadores de la 35ª Feria del Libro de Buenos Aires, Henning Mankell es la estrella de este evento. La curiosidad es grande. La fama atrae, pero Mankell ha elegido mantener un perfil, no bajo, pero sí de cómoda tranquilidad. Con más de 20 millones de libros vendidos en 100 países, y traducido a 37 idiomas, no necesita preocuparse más por su imagen, ni siquiera por sus próximas críticas, que nunca lee. Éste es uno de sus principios inamovibles.
Invitado por la embajada sueca y por su editor español Tusquets, Mankell llegó, por fin, a estas latitudes. Es su primera visita al Río de la Plata, pero, asegura, no será la última. La próxima vez quiere visitar también Montevideo.
"Buenos Aires tiene algo de magia", dice casi de entrada. "Siempre soñé con visitar estas tierras y finalmente llegó el momento".
Apenas termina de hablar de la magia rioplatense, agrega con nueva firmeza que nunca podría haber venido en los tiempos de la dictadura. Repite y confirma que no visita dictaduras.
Mankell nació en 1948 en Estocolmo pero pasó su infancia en el norte de Suecia. Con un abuelo compositor y una familia de intelectuales, ya a los veinte años ponía en escena sus propias obras en un teatro local. Decía entonces que quería desenmascarar a la sociedad y echar luz sobre problemas que le preocupaban.
En 1973 publicó su primera novela Bergsprangaren (El dinamitador de montañas), una denuncia de las condiciones de trabajo de los mineros en Suecia. El joven Mankell de 25 años, con su mirada penetrante y preocupada, empezó su misión de portavoz de los que quedan de lado en la sociedad. Su pluma tomó partido por los trabajadores, las mujeres, los viejos, y los niños. En una decena de cuentos, novelas y obras de teatro, llevó al centro del escenario a gente que antes no llegaba hasta allí. Hablaba por las mujeres obreras de la Suecia profunda. Hablaba de los olvidados de África, adonde viaja por primera vez en 1968. Hablaba para que el mundo adormecido del siglo XX se despertara y se interesara por los que luchan fuera de su entorno.
Los primeros trabajos de Mankell captaban a un público fiel y muy sueco. Su verbo directo y accesible gustaba y ya a los 30 años logró vivir de su producción literaria. Pero en el año 1991, al crear al inspector Kurt Wallander, en la novela Asesinos sin rostro, se dio a conocer al gran público. "Nunca mis libros hicieron perder dinero a mis editores, pero la verdad es que me sorprendió que fuera con Asesinos sin rostro que lograra tanto éxito", cuenta Mankell.
La pequeña ciudad costera de Ystad, los vientos helados del invierno sueco y un policía de mediana edad con sobrepeso y sin ninguna fibra de héroe, fueron solos ingredientes para un éxito mundial.
"Quería crear un personaje que fuera un poco como todo los demás. Un personaje que cambiara con el tiempo y con quien la gente se podría identificar", dice con la sonrisa de quien ha logrado su meta.
"Me pareció bien que el personaje tuviera unos problemas de salud y le pregunté a una amiga médica qué tipo de enfermedades se le podían atribuir," dice Mankell. "¡Que sea diabético!, me respondió inmediatamente, y así fue".
La sociedad está enferma. El ser humano está perdiendo su dignidad y sentido de solidaridad. El inspector Wallander siente asco y angustia y reacciona con un comportamiento que unos cuantos reconocen. Toma demasiado. Come comida barata y no duerme lo suficiente. Su propio deterioro físico y psíquico ilustra la decadencia de la sociedad de consumo.
Durante la década de los 90, Mankell escribió, con su característico desasosiego sueco, una novela por año con Wallander como protagonista. Cada vez con un crimen macabro, casi inimaginable por su violencia, que obligaba tanto a su protagonista antihéroe como a sus lectores a reflexionar sobre la caída de los valores humanos y de la sociedad supuestamente de bienestar.
áfrica. A pesar del éxito del dúo Mankell-Wallander, el escritor decidió abandonar a su inspector diabético y se concentró en otros personajes, varios surgidos de Mozambique donde vive la mitad del año. África impacta. Un viaje derivó en otro. Cada estadía se alargó más que la precedente y hoy Mankell comparte su tiempo entre sus casas en Gotemburgo y Maputo. Tantas cosas para denunciar, tantas injusticias, tanta gente sin voz en un mundo que no ve lo que no quiere ver. Sus best-sellers tratan temas como la pobreza, enfermedades, analfabetismo y hambre. No hay una historia que se desarrolle sin pegar un grito contra todos estos horrores. No obstante insiste en aclarar que África no es solamente miseria.
"África es un continente enorme y grandioso, donde la gente vive, ríe y ama como en cualquier otro país o continente. Sus pueblos no quieren solamente obtener la lástima y la compasión, quieren lo justo y merecido, quieren ser respetados".
Henning Mankell ha dejado un pedazo grande de su corazón en África y dice con énfasis que espera estar presente el día en que la literatura africana llegue al "primer mundo".
"Me acuerdo perfectamente cuando llegó la literatura latinoamericana a Suecia. Estábamos todos excitadísimos. Llegaban novelas y ensayos con puntos de vista totalmente nuevos para nosotros. Era maravilloso y estoy convencido de que esto va pasar de nuevo con África, dentro de unos veinte años. Espero poder vivir para disfrutar de eso", dice con una sonrisa de aquellos que conocen un secreto.
Mankell no es un divo, no intenta imponer sus puntos de vista ni su estilo, pero admite que la prensa sueca publica un 50 por ciento más de información sobre Mozambique cuando él se encuentra allí. "Es lamentable, -agrega- pero al menos sirvo para algo. Nosotros, escritores, tenemos una gran responsabilidad. Estamos en una posición en la sociedad donde, con nuestros pensamientos y palabras, debemos mostrar y denunciar injusticias y fallas".
Una de las injusticias mas graves, según Mankell, es el analfabetismo que aún existe en el siglo XXl. "¡Es una vergüenza que dejemos que crezcan niños sin enseñarles a leer! No poder leer es como no tener manos y pies", dice con repentina furia.
En Maputo, la capital de Mozambique, ha fundado el Teatro Nacional Avenida. Cada año se instala ahí para trabajar con su ensemble de Mozambique sobre obras suyas y ajenas. Recientemente hizo una donación importante para la construcción de una escuela para niños huérfanos. "Ya la primera vez que viajé a África me di cuenta de que ahí existen cualidades humanas muy superiores. Vi relaciones con la vida distintas y más honestas. África me dio mucha información y siempre tengo ganas de volver".
Wallander vuelve. En Mozambique o en Suecia, Mankell escribe todos los días. Una vez en medio de una frase, se cansó de Kurt Wallander, pero en lugar de empujarlo por un puente o dejarlo perder su lucha contra la diabetes, lo dejó descansar. El 18 de agosto sale en Suecia la próxima y última novela con Wallander como protagonista. Se llamará El Hombre inquieto, y comienza en la oficina del Primer Ministro Olof Palme.