La escritura incesante

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Soledad Platero

ES UN LUGAR COMÚN al hablar de Joyce Carol Oates hacer referencia a la desmesurada productividad que la caracteriza. Porque la cosa es indisimulable: a los setenta años de edad, esta norteamericana lleva publicadas más de cincuenta novelas, unos treinta libros de cuentos, una docena de ensayos, varias obras de teatro y una decena de libros de poesía, además de varias obras para público juvenil y un par de libros para niños. A su vez estos datos no deben ser tomados como definitivos, porque en lo que demora en escribirse una simple nota como ésta, Oates es capaz de lanzar al mundo uno o dos títulos más, de cualquier género. Lo voluminoso y diverso de su obra le ha jugado en contra muchas veces. Eterna candidata al Nobel, se dice que no lo ha ganado nunca porque para cuando la academia termina de estudiarla, ya hay otro volumen en las góndolas.

Sin embargo, Oates está lejos de ser una Corín Tellado. Sus textos no buscan a un lector fijo, y no hay tema ni estilo discursivo en el que no se anime a meterse. Rodrigo Fresán ha dicho de ella que "tal vez cansada de no ser valorada por lo que es o con tiempo y fuerza suficientes para ser muchos y hacer mucho" ha escrito novelas a la manera de varios escritores consagrados. Es imposible ser experto en Joyce Carol Oates, porque una vida dedicada sólo a leerla a ella no alcanzaría para profundizar siquiera en la mitad de su obra. Así que hay que asumir que probablemente no todos sus libros sean memorables, pero a veces alcanza con uno para reconocer la potencia de la escritura de esa mujer delgada, pálida y de ojos enormes que dice vivir "acosada por historias".

TRAYECTORIA DE BúMERAN. La hija del sepulturero es un ejemplo de eso que suele llamarse "gran novela norteamericana": ese género entre épico y melancólico que despliega dramáticamente la vida de una nación al ritmo de los pasos de un personaje. En este caso, la heroína es la primera norteamericana de la familia. Nació en el puerto de Nueva York, a bordo de un apestoso barco que vino de Europa cargado de inmigrantes famélicos que escapaban de la guerra y la miseria. Se llamó Rebecca Schwart, aunque probablemente lo de Schwart fuera un invento, un nombre elegido para ocultar y negar el verdadero, que nunca más debía ser pronunciado.

Jacobo Schwart, el padre, comenzó con ese primer paso la tarea de borrarse a sí mismo, de tachar a su familia y de ocultar su origen. En poco tiempo el hombre educado que había sido profesor de instituto en Europa desaparece bajo los mugrientos harapos del sepulturero. Junto con él se van hundiendo en la animalidad su mujer y sus hijos, despojados de la lengua materna y extranjeros en la lengua inglesa. La niña es la única nacida en América, y será la que consiga fabricarse a sí misma, aunque para eso deba renunciar, ella también, a su nombre y a su historia. Las más de seiscientas páginas de la novela siguen la transformación de Rebecca Schwart en Hazel Jones, una correctísima e impecable madre soltera que se mueve incesantemente de ciudad en ciudad junto a su pequeño hijo, loco por la música de jazz.

Joyce Carol Oates dice que encontrar la voz de sus personajes es siempre difícil, sean estos hombres o mujeres. Lo cierto es que en el caso de Rebecca/Hazel tiene un problema adicional: la primera apenas habla; la segunda habla con voz prestada. Mientras Rebecca es niña, la voz narrativa que la acompaña asume una tonalidad conmovedora, desvalida, mucho más cercana a las experiencias físicas (el calor de los cuerpos, el olor de las cosas) que a las palabras. Luego de la tragedia que termina con la vida de sus padres, la voz de Rebecca se expresará en la forma de un silencio desafiante, para ir dando lugar, lentamente, a la voz insensata e inexperta de la joven que elige un mal marido. Por supuesto, esa voz chillona y barullenta será violentamente reprimida por el hombre, hasta el día en que Rebecca se mande a mudar. La segunda vida de Rebecca la encontrará con otro nombre, otro corte de pelo y llena de argucias de superviviente. A partir de su huida, cada día vivido será un día ganado a la muerte, y cada paso dado obedecerá a una cuidadosa planificación cuya meta es seguir hacia adelante y no dejarse atrapar.

LO QUE VES ES LO QUE HAY. En la larga entrevista realizada por Robert Phillips para The Paris Review en 1978, Oates decía que "... la mujer, a la que se juzga mecánicamente por su aspecto, posee la ventaja de ocultarse detrás de él, de ser lo que ella sabe que es, en contraste con lo que los demás imaginan que es". La Hazel Jones de La hija... es una mujer que se fabrica a sí misma a partir de un nombre robado, valiéndose de un talento puramente intuitivo para agradar y ser aceptada. El desdoblamiento de Rebecca/Hazel es completo en lo que refiere a sus signos externos, que es como decir que es completo en todo, porque Hazel sólo posee signos externos, y Rebecca ha sido enmudecida una y otra vez durante su breve existencia. Recién al final, y con la inesperada irrupción de la figura fantasmática de su prima Fryeda, el personaje doble puede recomponerse en uno y decir su nombre completo. Pero esa historia ya no forma parte del libro.

Joyce Carol Oates es docente, además de narradora y ensayista. Su vida está completamente dedicada a la literatura y sus secretos, al estudio de tramas, personajes y recursos estilísticos, a la producción y el análisis de piezas que, seguramente, no son todas mayores, pero sí concebidas con seriedad y rigor. Lectora ávida de historias, Oates cede muchas veces a la fascinación por los novelones, así como a la intensidad de la crónica roja y a la peculiaridad de las jergas profesionales. Para estudiar su obra -si semejante propósito tuviera algún sentido- se necesitaría todo un equipo de expertos con mucho tiempo disponible.

En español se ha publicado menos de una docena de sus novelas, y la mayoría son inconseguibles. A media luz (2001) fue publicada por Lumen en 2008; La hembra de nuestra especie, una colección de relatos de 2006, salió ese mismo año en la editorial Edaf; mientras que Monstruo de ojos verdes, una novela juvenil de 2003, fue incluida en la serie Alerta Roja de SM en 2005. En librerías de viejo es posible encontrar algunos títulos anteriores.

Aunque todavía no le ha tocado ganar el Nobel, Oates tiene una vitrina de premios más que suculenta. Ganó tres veces el Pulitzer (en 1993 por Agua negra; en 1995 por What I lived for; en 2001 por Blonde), dos veces el National Book Award (por Blonde, en 2000; por them -así en minúsculas- en 1970) y hasta se llevó en 2001 el extravagante Oprah`s Book Club por Qué fue de los Mulvaneys.

Joyce Carol Oates (nacida en Lockport, Nueva York, en 1938) vive y trabaja en Princeton, Nueva Jersey. Estuvo casada con Raymond J. Smith, profesor y editor de The Ontario Review, hasta la muerte de él, en febrero del año pasado. Carol Oates continúa con sus clases en la Universidad de Princeton, y ya se anuncian dos títulos más que se agregarán a su extensísima obra. Ha publicado también bajo los seudónimos Rosamond Smith y Laura Kelly.

LA HIJA DEL SEPULTURERO, de Joyce Carol Oates, Alfaguara, Buenos Aires, 2009. Distribuye Santillana, 682 págs.

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