Millonarios exóticos

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Ana Pais

SEISCIENTAS semanas seguidas en cartelera, es decir, casi doce años, es el récord mundial que tiene la película que más tiempo estuvo en exhibición. Fue en un cine de Mumbai, entre 1995 y 2007, y su título era Dilwale Dulhania Le Jayenge, que en español quiere decir "El valiente de corazón se llevará a la novia". El nombre cursi le hace honor a la trama: dos jóvenes indios coinciden en un paseo por Europa y, aunque al principio se llevan mal, terminan aceptándose con sus diferencias e incluso se enamoran. Pero ella debe volver a India a casarse con quien su padre tenía arreglado. El joven hace lo imposible para lograr el consentimiento del padre y conseguir la mano de su amada. Y lo logra.

Si bien esta comedia romántica india de tres horas de duración ganó su lugar en los libros de historia del cine, era una más en exhibición en 2007. Según cifras de la Film Federation of India, sólo ese año se estrenaron 1.146 películas nacionales y podría decirse que todas, al igual que Dilwale Dulhania Le Jayenge, compartían un mismo estilo narrativo. El formato se llama "masala", en referencia a la mezcla de especias típica de la gastronomía del país.

Es que las extensas historias de amor llenas de lugares comunes y personajes estereotipados, mezcladas con musicales, religión y un toque de humor, caracterizan al cine de la India. Es una combinación única, propia de una historia de dominación y lucha, de pobreza endémica, diversidad cultural y fuerte tradicionalismo. Pero, a pesar de la fértil producción cinematográfica de India, que reúne a más de tres mil millones de espectadores por año en cerca de diez mil salas, sus películas tienen un éxito que se limita a lo interno y poco más allá de las fronteras. Las ocho estatuillas de los Oscar que ganó la británica Slumdog Millionaire en la última edición de los premios, es la prueba de que el público masivo de Occidente disfruta del exotismo indio, pero adaptado.

Héroes del cine. El film de Danny Boyle traducido como ¿Quién quiere ser millonario? trata sobre un joven pobre de Mumbai que es acusado de fraude por llegar a la última pregunta de un concurso por un valor de 20 millones de rupias (más de US$ 400.000) de un programa televisivo. Las explicaciones que da a la Policía sobre cada una de las respuestas permite el desarrollo de la trama, basada en la novela Q & A -del indio Vikas Swarup-, editada en castellano por Anagrama. De esta forma, Jamal Malik atraviesa su infancia (Ayush Mahesh Khedekar), adolescencia (Tanay Hemant Chheda) y juventud (Dev Patel), junto a su hermano mayor, Salim, y al amor de su vida, Latika.

"¿Quién fue el protagonista en la exitosa película de 1973 Zanjeer?", es la primera pregunta que hace el conductor del programa. La hazaña de Jamal para conseguir un autógrafo de la estrella Amitabh Bachchan, no sólo da la "respuesta final", sino que también muestra la perseverancia del protagonista y las características del star system indio.

Bachchan era una de las mayores estrellas del cine de India cuando en 1984 decidió postularse a las elecciones, tras el asesinato de la primera ministra y madre de su mejor amigo, Indira Gandhi. Una vez electo como parlamentario, sus películas volvieron a las carteleras, ya que como actor había interpretado de forma recurrente a personajes heroicos. De hecho, ese año filmó Inquilaab, donde encarnaba a un candidato electoral enfrentado a un político corrupto. Paradójicamente, en los años 90 tuvo que renunciar a su cargo por denuncias de corrupción. Más paradójico aún es que Bachchan volvió al estrellato en 2000 al conducir el programa televisivo "¿Quién quiere ser millonario?", pero no interpretó ese papel en la película de Boyle y fue, además, uno de sus principales críticos.

"Tercermundista" y "sucio" fueron las palabras usadas por el actor en su blog (https://bigb.bigadda.com) para describir la imagen de India que transmite el film. "El cine comercial de India ha luchado enérgicamente durante años contra la atención y la adulación otorgadas al legendario (cineasta de Calcuta) Satyajit Ray en todos los prestigiosos festivales de cine del Oeste, y por el desinterés hacia el taquillero entretenimiento orientado al público masivo que viene siendo producido en grandes cantidades en Mumbai. El argumento: Ray representó la realidad; los otros, escapismo, fantasía y posturas difíciles de creer", escribió Bachchan.

Y agregó: "La idea de ¿Quién quiere ser millonario?, con una india como autora y concebida y editada por un occidental, obtiene el reconocimiento creativo global. El resto (de los cineastas indios) ya no". La autora india mencionada es Loveleen Tandan.

Nacida en Nueva Delhi, Tandan fue recomendada como directora de casting por la famosa directora india Mira Nair. Por ocho meses el equipo de Boyle buscó a los tres actores que interpretarían a los protagonistas de niños. El problema era que los pequeños que hablaban inglés no tenían la chispa de los verdaderos niños de la calle y viceversa. Tandan propuso entonces reescribir a hindi los fragmentos que narran la infancia de Jamal, Salim y Latika, a pesar de que el contrato firmado con Fox Searchlight indicaba que la película sería en inglés. Una audición alcanzó para que Boyle decidiera informar a los ejecutivos del estudio que un tercio de la película pasaría a ser subtitulada.

Pero este no fue el único motivo que tuvo Boyle para incluirla en los créditos como codirectora. Durante el rodaje, Tandan fue la intermediaria entre el británico y los niños, y más adelante estuvo encargada de filmar las escenas de la segunda unidad. Además, ya desde las reuniones de análisis del guión, participó como asesora cultural, identificando los posibles errores.

En cambio, para la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood las razones no fueron suficientes y el Oscar a mejor director fue sólo para Boyle, quien no mencionó en su discurso a Tandan. El trabajo en el rodaje tiene que ser igualitario para que dos personas suban a recibir esa estatuilla, como sucedió en 2008 con Joel y Ethan Coen por No country for old men (Sin lugar para los débiles).

BOLLYWOOD. Mahesh Manjrekar, el actor indio que interpreta al gangster Javed en ¿Quién quiere ser millonario?, dijo sobre la película que "está filmada de una manera hermosa y es un film para el entendimiento. De hecho, es una película hindú filmada en inglés. Danny (Boyle) es un indio disfrazado de británico".

Por el contrario, el escritor Salman Rushdie, nacido en Mumbai sólo dos meses antes que India se independizara de Gran Bretaña, publicó en The Guardian: "En una entrevista realizada en el festival de cine de Telluride el pasado otoño, cuando le preguntaron a Boyle por qué eligió un proyecto tan diferente a su material usual, respondió que nunca había estado en India y que nada sabía sobre ese país, por lo que pensó que este trabajo era una gran oportunidad. Mientras lo escuchaba, imaginaba a un director de cine indio haciendo una película sobre los suburbios de Nueva York y diciendo que lo hacía porque no sabía nada sobre Nueva York y que, en efecto, nunca había estado ahí. Hubiera sido despedazado miembro a miembro por los críticos. Pero que un director primermundista diga eso sobre el tercer mundo es considerado un elogio, un indicador de su atrevimiento artístico. Los dobles estándares poscolonización todavía no han desaparecido del todo".

Un ejemplo es el término "Bollywood", tan atractivo como inexacto. Adoptado en la década de 1970, la denominación es un juego de palabras entre "Hollywood", ícono de la producción cinematográfica estadounidense, y "Bombay" (actual Mumbai), centro de la industria fílmica india. En primer lugar, esta ciudad no es la única dedicada al cine y, en segundo lugar, cualquiera de sus realizaciones está lejos de ser una imitación del gigante de la colina de California, más allá de que hayan adoptado muchas de sus características.

INDIO, NO HINDÚ. Tampoco es correcta la expresión "cine hindú" por su asociación con la religión. Dramas, comedias, películas de acción y ciencia ficción, son algunos de los géneros que se producen además de los religiosos o mitológicos, que caracterizaron a los films indios de las primeras décadas del siglo XX. Hoy aparecen sobre todo como temas complementarios de la trama central.

Por otra parte, el hinduismo es la religión mayoritaria, pero no la única. Según datos del último censo disponible, de 2001, el 80,5% de su población es hindú, el 13,4% musulmana, el 2,3% cristiana, 1,9% sij y 1,8% de otras religiones. La generalización es todavía más desatinada si se considera que la coexistencia religiosa en India no siempre ha sido pacífica.

En ¿Quién quiere ser millonario?, por ejemplo, un grupo de extremistas hinduistas atacan el barrio de mayoría islámica donde viven los protagonistas de pequeños, asesinando y prendiendo fuego todo lo que está a su alcance. Lejos de la ficción, en 1922 tras el estreno de la película Razi Begum, el director Dhiren Ganguly tuvo que abandonar el Estado de Hyderabad en menos de 24 horas por orden del gobierno. Su "crimen" fue filmar una historia de amor entre una reina musulmana y un joven hindú, en un lugar donde el gobernante justamente profesaba el Islam y la mayoría de los pobladores, el hinduismo. De hecho, después de la independencia de Gran Bretaña, en 1947, el odio histórico entre ambas religiones desató un genocidio que continúa hasta hoy en la "moderna" modalidad de atentados con bombas.

Para evitar todos estos conflictos y llegar a un público más amplio, la industria cinematográfica local creó el formato "all Indian films" ("películas para toda India") que, como explicó Mark Cousins en el libro Historia del cine, "se realizaban sin un credo o una localización específicos con el único propósito de atraer el interés al público de las diferentes regiones, religiones y castas del subcontinente asiático".

PALABRAS Y GESTOS. Además de los obstáculos religiosos, India tiene una numerosa diversidad lingüística. Su Constitución reconoce al hindi como lengua oficial del país y a 22 lenguas regionales oficiales. No obstante, según el censo de 2001, hay 29 lenguas con más de un millón de hablantes nativos, 122 con diez mil parlantes como mínimo y 234 habladas por menos de esa cantidad. A esto se suma el inglés, usado sobre todo con fines oficiales y en su versión híbrida, el hinglish, con su característica pronunciación enfatizando las consonantes.

En hinglish hablan Jamal y Salim de adolescentes, lo cual hace -un poco- más creíble el cambio idiomático. En las películas de India, en cambio, el uso frecuente de palabras sueltas o incluso frases enteras en esta mezcla entre hindi e inglés cumple otra función: transmitir estatus, ya que todavía es común que las familias adineradas envíen a sus hijos a estudiar a universidades como Cambridge y Oxford.

La diversidad lingüística explica en parte la gran gestualidad del cine indio. Los elevados costos del doblaje y la baja efectividad de la subtitulación por las altas tasas de analfabetismo (35% actualmente), obligaron a buscar una solución que terminó convirtiéndose en un sello distintivo. Según Pierre Murat y Michel Grisolia en El libro juego del cine, "estos films, que casi siempre se ruedan en hindi, no se doblan a los diversos idiomas y dialectos del país (como el tamil o el telugu) por lo que sus realizadores deben transmitir de forma visual las emociones y problemas de sus personajes. Cada gesto, cada mueca, actúa como lenguaje, como sintaxis cinematográfica".

Además del reconocido saludo que consiste en juntar las palmas de las manos a la altura del mentón e inclinar levemente la cabeza hacia delante diciendo: "namasté", en lo cotidiano los indios usan otros gestos menos conocidos en Occidente. Por ejemplo, llevarse ambas manos casi cerradas a la altura de las sienes y hacer movimientos circulares para expresarle a alguien que está muy lindo, en especial a las novias en sus bodas. Un gesto menos tierno y más práctico es levantar el dedo meñique, lo que indica tener ganas de ir al baño o ya haber ido.

"PORNOGRAFÍA". "Escenas de amor excesivamente pasionales", "situaciones sexuales que atentan contra la moral", "exhibición innecesaria de la ropa interior femenina" o "bailes indecorosos", eran los principales motivos de censura del Central Board of Film Censors (CBFC), institución creada en 1951 por el gobierno de India.

El CBFC sigue existiendo aunque sus conceptos se modernizaron en comparación con sus primeros años. La guía actual especifica 19 casos por los cuales se puede detener la circulación de una película dentro del territorio, entre los que figuran las escenas que inciten, justifiquen o exalten el consumo de alcohol, drogas o cigarros, las palabras con doble sentido y las imágenes que denigren a la mujer, entre otras. Según estadísticas del propio organismo, en 2003 se censuraron 45 films locales, cerca del 5% del total producido ese año.

Los besos estaban prohibidos desde la primera reglamentación, y casi no se ven aún en las actuales superproducciones indias, aunque sí hay abrazos y caricias. En este sentido, el único beso entre los protagonistas de ¿Quién quiere ser millonario? dura ocho segundos y con la imagen congelada.

En una entrevista publicada en el portal Cinematical, Boyle contó sobre la escena: "Es muy difícil para una actriz, especialmente en público, porque lo filmamos en un espacio público y allí no hay control. Siempre hay cientos y cientos de personas mirando, entonces tuve que preguntarle a Freida (Pinto, quien interpreta a Latika de joven) muy cuidadosamente sobre el beso. Ella fue muy cortés y aceptó. No todas las actrices lo hubieran hecho. Pienso que es como hacer un desnudo acá, por eso alguna gente lo haría y otra no. Pero ella entendió que era necesario para la historia y le prometí que se vería de una forma delicada y bella, no ordinaria. Y sentí que fue hecho con el mayor gusto posible".

Después del beso, la pantalla queda en negro. Cientos de extras con Jamal y Latika a la cabeza ocupan la plataforma central de la estación de trenes que la pareja de protagonistas usaba como punto de encuentro. El contundente tema "Jai Ho" empieza a sonar y, mientras pasan los créditos, entre todos desarrollan una "una ingeniosa secuencia de baile al estilo Bollywood", según Rushdie. Aunque a continuación acota que "en realidad es una coreografía de segunda mano incluso para los estándares de Bollywood".

En una superproducción india promedio, de entre tres y cinco horas de duración, hay por lo menos cinco canciones con sus respectivas coreografías de unos diez minutos cada una. Aunque para el público occidental los números musicales puedan parecer un factor de distracción, un elemento de irrealidad o incluso un fin en sí mismo, cumplen para los indios una función específica.

"El cine comercial indio nunca renunciaría al importante efecto diegético de sus números musicales que, más allá del alcance de sus letras o la introducción de un cierto lirismo, operan como invitaciones a la recapitulación y a la reflexión sobre la historia que está siendo contada, a modo de oportuna coda que ningún espectador indio vive realmente como una interrupción de la narración", explicó el crítico cinematográfico Alberto Elena en Los cines periféricos.

Boyle dijo en una entrevista que en ¿Quién quiere ser millonario? intentaron incluir un musical en medio de la película como una de las experiencias de vida de Jamal que terminan en una respuesta del programa. Pero no funcionaba. La solución, entonces, fue colocarlo tras el beso y en los créditos, como una metáfora de su felicidad y futura vida juntos. De esa forma no provoca extrañeza en el espectador occidental, como sucedería si estuviera en medio de la historia, ni en el espectador indio, por la ausencia de un elemento cinematográfico indispensable.

La coreografía, entre simple, simpática y torpe, es de Longines Fernandes. "No fue una tarea fácil hacer bailar a Freida y Dev", dijo el indio, quien no figura en los créditos de la película por error. Boyle le pidió disculpas al recibir el Oscar a mejor director. También se llevaron el premio a mejor película, mejor guión adaptado, mejor banda sonora, mejor canción original (justamente por "Jai Ho"), mejor sonido, mejor montaje y mejor fotografía.

Es tan atractiva la colorida fotografía de ¿Quién quiere ser millonario? que incluso no pierde belleza durante la matanza en el barrio de los protagonistas cuando éstos son niños. Matanza que incluye el asesinato de la madre de los pequeños, delante de ellos. Tal como lo demostró con la escena del baño en Trainspotting, Boyle sabe cómo seducir con la imagen.

Para la periodista británica Alice Miles de The Times, eso no es más que "pornografía de la pobreza": "Madres que mueren de forma horrible delante de sus hijos, niñas que son convertidas en prostitutas y niños, en mendigos. Espero no arruinar la sorpresa si cuento que una escena particularmente sadista muestra cómo le queman los ojos con ácido a un pequeño para maximizar las ganancias de la limosna en las calles. Organizaciones de beneficencia que trabajan con niños de la calle en India parecen desconocer este tipo de situaciones, a pesar de que la ONG Save the Children enfatiza que tienen bien documentados casos similares de violencia contra los niños por parte de las mafias de mendigos".

En la misma línea, Rushdie opinó que antes las películas de occidente sobre India trataban o bien de mujeres rubias que se enamoraban de un rajá o bien de mujeres rubias acusando a un indio no rajá de violación, así como también sobre "elegantes hombres blancos galopando por las colonias, disparando y desenvainando sables, para variar el efecto. Ahora este tipo de exotismo perdió su atractivo. La gente quiere, en cambio, suficiente polvillo y violencia para convencerse de la autenticidad de lo que están viendo, pero esto aún es turismo. Si las películas pasadas eran sobre turismo en tiempos de la ocupación británica en India, ahora es turismo de pobreza".

La mayoría de los indios, en cambio, va al cine para escapar de la pobreza en la que vive, quizás sólo por tener padres de una casta inferior, como sus abuelos, bisabuelos y así sucesivamente. El país tiene uno de los promedios más altos de ventas de entradas por persona (tres al año), no sólo porque el costo de los tickets es menor a U$3, sino también porque es una actividad interiorizada. En las películas no hay sorpresas, mucho menos desilusiones: siempre el protagonista bueno vence una serie de vicisitudes para poder casarse con la bella protagonista, y el malo, en definitiva, nunca es tan malo.

En este sentido, el cineasta Pier Paolo Pasolini escribió en 1961 en El olor de la India. La crónica de una fascinación, que los actores eran "gordos o bien alimentados: representaban, es cierto, un drama de aventuras, con golpes de escena, reencuentros, reyes destronados, felones y amores desdichados; pero todos eran sonrosados como cochinillos, con caras rellenas y pingües muslos". Y agregó con un claro desconocimiento de causa: "Ahora bien: todos los indios son diminutos, flacos, con cuerpecillos de niños: estupendos hasta los veinte años, agraciados y patéticos después. ¿A qué venía ese monstruoso ideal de belleza?".

Si bien la historia de ¿Quién quiere ser millonario? podría haber sido adaptada a cualquier país con pobreza, corrupción, mafias y escasa defensa de los derechos de los niños, de todos modos, fue la oportunidad para la industria fílmica de India de mostrar un porcentaje -aunque mínimo- de su visión del cine. Ahora se presenta para el país una encrucijada definida para todos los creadores del Sur por el cineasta tunecino Ferid Boughedir: "Menospreciamos la realidad local, estamos tan dominados por el Norte que creemos que estamos en el subdesarrollo permanente, lo que no es cierto en absoluto. Tenemos una riqueza humana y cultural a menudo mayor que la del Norte. Pero no podemos caer en el folclor, porque como decía Franz Fanon, el gran teórico del Tercer Mundo: `El folclor es la misa de difuntos de una cultura`. Es la parte esclerotizada, que fija lo aparente; una imagen para los turistas que ha dejado de estar enraizada en el cuerpo social. Muchos creadores del hemisferio Sur juegan al exotismo a causa del Norte, pero eso es un peligro".

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