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Sociología

LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO, de Paula Sibila, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2008. Distribuye Gussi. 325 págs.

EL DEBATE sobre las industrias culturales de Adorno y Horkheimer sobrepasó las seis décadas y el libro de Guy Debord, La sociedad como espectáculo, las cuatro. La discusión sobre los medios viene de Benjamin, pasa por McLuhan y Eco, se ensaña entre apocalípticos e integrados, se diluye, casi. El YO se remonta a Montaigne y Descartes, Rousseau y el romanticismo; sufre magnicidio y resucita, más vivo que nunca, reinando las últimas décadas. Los límites entre lo público y lo privado tuvo en Habermas, en Sennet, excelentes teóricos y, en muchos, repetidores insufribles.

Con todo esto, sin embargo, no es fácil escribir bien -sensata, inteligentemente- sobre la intimidad como espectáculo. Paula Sibila lo consigue reconociendo todos los debates, actualizando la información, esforzándose por no reiterar lo obvio, evitando los lugares comunes y las complacencias. Y aun, para los lectores de estas latitudes, acudiendo a ejemplos argentinos y brasileños que nos resultan más familiares.

Sibila encuentra el título exacto para cada capítulo: "El show del Yo", "Yo narrador y la vida como relato", "Yo privado y el declive del hombre público", etc. Todos tienen al Yo como protagonista, mistificado en diferentes alternativas, triunfos y desencantos: el eclipse de la interioridad, el culto a la personalidad, el pánico a la soledad. A los más jóvenes no les resultará novedoso el manejo que la estudiosa hace de las formas electrónicas de comunicación. A los más añosos (y, además, jurásicos) puede sorprenderlos el peso y la influencia que páginas web, blogs, fotoblogs y sistemas de chateos con todos sus chiches tienen en el espectáculo de la intimidad.

En 1967 Guy Debord trazó un límite: antes, lo que él veía y preveía como espectacularización de la sociedad no había sido posible; después, la apariencia y la mercancía dominarían la escena. Pero su previsión fue débil. Debord fue un cineasta de culto, resistió al mercado, cultivó la intimidad, se escondió del público. Se suicidó en 1994. Hoy sus películas, su biografía, su "estilo" y "actitud" se venden en estuche de lujo en el supermercado de la cultura.

Paula Sibila (Buenos Aires, 1967), doctora en Comunicación y Cultura y profesora en la Universidad de Río de Janeiro, con seriedad y sin desprecio por el lector, nos aproxima a entender por qué nuestra cultura narcisista anhela consumir la intimidad ajena, es atraída por lo secreto, lo privado, lo obsceno. Por qué se interesa más por el pincel con el que pintó Rafael (o por la vida de Mona Lisa o por la pistola que mató a Delmira) que por la obra que hizo con él.

O. B.

Política

ESCRITOS LIBERTARIOS: ESPERANZA EN EL PORVENIR, de Noam Chomsky. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2007. Distribuye Gussi. 149 págs.

EL ANARQUISMO es un antiguo conjunto de ideas y prácticas de organización social cuyas formulaciones modernas nacen en el siglo XVIII con la Ilustración. Su objetivo es que cada hombre tenga la máxima participación posible en la toma de las decisiones que afectan su vida y en consecuencia apunta a reducir al mínimo la delegación de la autoridad y excluye todo centro de poder, tanto estatal como privado. Basado en la asociación libre de las personas, es el sistema de organización social más democrático que han imaginado los humanos, pero hasta el presente no se ha aplicado en forma duradera en unidades políticas de gran escala (por ejemplo, un país). En realidad, la mayoría de los países contienen organizaciones que se aproximan al ideal anarquista, pero todos los intentos de sustituir con ellas los grandes centros de poder han fracasado por debilidades internas y por el ataque de fuerzas dirigidas por dichos centros. El anarquismo tiene una historia llena de sangre de defensores y enemigos (más de los primeros que de los segundos) y como sistema político sigue siendo tanto una esperanza como un fracaso.

Entre sus defensores se encuentra Noam Chomsky (Estados Unidos, 1928), mundialmente conocido por sus aportes a la lingüística y la filosofía y profesor emérito del MIT. Escritos libertarios reúne charlas y breves ensayos de Chomsky sobre el anarquismo, así como algunas entrevistas que le realizaron sobre el mismo tema. Aunque Chomsky no se ve a sí mismo como un pensador anarquista sino como un "divulgador", el rasgo más llamativo del libro es la debilidad de sus aportes prospectivos. Estos últimos no van más allá de las formulaciones tradicionales, hasta hoy sólidamente ineficaces para crear estructuras capaces de organizar sociedades grandes y complejas, y por lo tanto con posibilidades de competir con las del capitalismo y el socialismo. Donde más se nota la flojedad de sus ideas es en la respetuosa pero incisiva entrevista que le realizó Peter Jay en 1976 para la BBC y que se centra en la aplicación en escenarios reales de las ideas del entrevistado. Cada una de las respuestas de Chomsky muestra que no tiene la menor idea de cómo se puede construir en las condiciones reales del mundo actual una sociedad anarquista. Más aún: que es imposible construirla con las estrategias tradicionales, salvo que concurran circunstancias tan extraordinarias que pueden adscribirse al reino de la fantasía. Chomsky se limita a sostener la antorcha en alto y, mientras el mundo gira, procura defender los espacios participativos de los estados democráticos de las presiones que intentan modelar a cada ciudadano para convertirlo en un autómata que piense, produzca y consuma lo que beneficia a las grandes corporaciones que orientan el orden global y, al mismo tiempo, de los sectores anarquistas que buscan socavar al Estado sin darse cuenta de que sin éste la totalidad del poder posiblemente quede en manos de dichas corporaciones.

J. G.

Poesía

POESÍA JUNTA (1952 - 2005), de Rodolfo Alonso. Alforja/ CONACULTA. FONCA, 2006, México. 168 págs.

"VIVIR ES ROTUNDO", dice Alonso en un poema de Señora vida, libro de 1979. Si algo caracteriza desde un principio la poesía de este argentino universal, es un rotundo amor a la vida, que no cesa ni siquiera al inventariar la parte amarga del mundo, incluso en sus poemas del presente siglo, muchos de ellos duros, sufrientes, azorados, pero ninguno vencido.

Desde Salud o nada, de 1954, cuando era el más joven en el grupo de la revista de vanguardia Poesía Buenos Aires, su obra ha evolucionado en muchos sentidos, sin perder la seña de identidad. Este proceso ha sido acompañado por un progresivo refinamiento conceptual y musical, así como también en las metáforas y comparaciones. Pero esta sutileza, lejos de mermar la contundencia del discurso poético, la aumenta. Vaya para ejemplo, "Bajo la paz del tilo", de El arte de callar (1993-2002): "Da tinte al tiempo con su temple el tilo,/ con tanto tino, con ternura tanta,/ que todo se estremece, toma aliento.// Titila el tilo, tras de la tormenta". Puede oírse -y verse y razonarse- el ajuste perfecto entre lo sonoro, lo plástico y lo conceptual.

Desde su poesía juvenil Alonso trabaja, con energía y lucidez, un tema fundamental: la afirmación belicosa de la vida sobre la muerte, con el amor por arma principal en la batalla. Esto se complementa con un trabajo de indagación estilística que en ninguna de sus variantes renuncia a la claridad del decir.

En su primer libro escribe que "la muerte ha de morir". No es que postule una existencia de ultratumba. Vivir para dejarle a la muerte "un recuerdo rayándole la cara", hace que la vida, aunque fugaz, valga siempre la pena. La clave es el amor. En su aspecto erótico, el sentimiento es invencible, incluso si duele, fracasa o concluye. Pero también desde el principio, tan aguerrida como consciente de la maldad y el horror que enfrenta, se eleva la presencia del amor en su dimensión humana, solidaria, social. En "Libre libres", de Salud o nada, escribía: "yo los invito/ a pasear el amor entre los indiferentes/ su color sin moral su altar en armas/ su identidad feroz que inauguran los niños".

Sin abdicar de la fe en la vida y el amor, los poemas de la última sección, todos compuestos en este siglo, muestran el dolor del futuro que no fue.

J. de M.

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Foto: El País. 
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