El Padrino

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El País

Luis Fernando Iglesias

DE TODOS LOS sobrenombres que James Brown ha recibido (entre otros: Padrino del soul, Rey del funk, Mr. Dinamite, Soul Brother Number One, Original Disco Man), el más representativo es "El hombre más trabajador del espectáculo".

Brown falleció el 25 de diciembre de 2006 en el Emory Crawford Long Hospital de Atlanta, Georgia, donde había sido internado unos días antes con un principio de neumonía. Complicaciones posteriores hicieron que su corazón fallara en la madrugada de Navidad. Quien lo acompañó en sus últimas horas, su manager y amigo Charles Bobbit, dijo que pese a la persistente tos, el músico deseaba cumplir con sus compromisos. Una de las cosas que más lo hizo sufrir fue entender que debería suspender los conciertos pactados en el Teatro Count Basie de New Jersey y en el B.B. King Blues Club de New York junto a su intervención en un especial de año nuevo para el canal CNN. Finalmente, en la madrugada de esa Navidad, le dijo a Bobbit: "creo que esta noche me voy". Se recostó en la cama, respiró fuerte tres veces, cerró los ojos y cumplió con su premonición. Tenía 73 años y dejaba una carrera musical de más de medio siglo en la que ejerció una notoria influencia en figuras de la talla de Mick Jagger, Michael Jackson, David Bowie o Prince.

Al enterarse de su muerte, Jagger lo definió como un "torbellino de energía y precisión" al que admiraba tanto en su "faceta de intérprete como líder de una banda" desde que lo vio por primera vez en el Teatro Apollo, a comienzos de los sesenta. Brown recuerda aquella noche: "Mientras cantaba `Please, please, please´, recuerdo que Mick Jagger se ubicó con sigilo al borde de una de las alas del escenario y me observó con atención...".

El líder de los Stones fumó una cajilla de cigarrillos mientras observaba, y asimilaba la fuerza y vitalidad que Mr. Dinamite derrochaba en el escenario. Luego, sin éxito, intentó cambiar el orden de aparición de los grupos en el concierto, "el Sr. Jagger aprendió aquella noche que no era tan fácil actuar después de James Brown".

El sur profundo. La vida de James Joseph Brown Jr., nacido el 3 de mayo de 1933 en Barnwell, una zona rural de Carolina del Sur, tiene todos los componentes para constituir una historia apasionante. Una vida, como se expresa en el largo y prolijo prólogo del escritor Marc Eliot de I Feel Good, "...compuesta de partes desiguales, de fama y descrédito, éxito espectacular y derrotas dolorosas...". Nacido en una familia extremadamente pobre, fue abandonado por su madre a la que sólo volvió a ver una vez cuando ya era famoso. Su padre se mudó con la familia a Augusta, Georgia, pero James fue criado por una tía que regenteaba un prostíbulo. A los ocho años el niño lustraba zapatos e intentaba ganar propinas bailando o cantando para los clientes. Conoció el trabajo en los campos de algodón junto a las miserias del racismo. Sus problemas con la ley, que lo perseguirían toda la vida, lo llevaron a una primera condena cuando tenía apenas dieciséis años. A la salida del reformatorio, promediando la década del cincuenta, dio comienzo a su carrera musical. En la misma se hizo famoso primero liderando la banda The Famous Flames y luego como solista.

Su carrera conoció enormes éxitos junto a períodos en que solo se escuchaba hablar de James Brown cuando tenía problemas con la ley. Uno de los últimos capítulos de su vida fue el que culminó en arresto por un incidente de violencia doméstica. En la famosa foto de procesamiento que recorrió el mundo, se lo veía despeinado y viejo. El prologuista de sus memorias dice: "...está claro que el Sr. Brown no era el chiflado peligroso de la foto, sino el hombre que ha sido desde el principio de su carrera: una víctima del racismo agresivo y de la envidia, un símbolo universal de la fuerza, el orgullo, la rebeldía y la supervivencia de los negros americanos". Es dable suponer que las palabras del escritor surgen de la admiración que siente por el cantante. Pero también es cierto que Brown se convirtió en un símbolo para su raza y en un icono en la historia de la música.

Eliot logra, en dicho prólogo, un apretado resumen de la vida del músico, que resulta un buen aperitivo para adentrarse en la historia contada por el protagonista. Al finalizar la lectura del libro, acaso el lector sienta que el aperitivo fue de lo mejor del menú.

Reverendo Brown. Brown cuenta su historia en I Feel Good en dieciséis breves capítulos. La niñez miserable, en donde perdió todos los dientes a los siete años a causa de la piorrea, su transformación en músico y empresario, los problemas con la justicia, la lucha contra las drogas y el alcohol, el olvido en que cayó a principios de los ochenta y el resurgimiento que lo hizo trabajar con éxito hasta sus últimos días. El tono elegido es liviano y eufórico, con exclamaciones sucesivas que intentan convencer al lector de sus ideas. Brown era un hombre de poca altura (bajito como un faraón, según sus palabras) que lograba sobre el escenario transformarse en un vendaval gracias a un ritmo irresistible. Varias de sus composiciones han superado el juicio del tiempo, convirtiéndose en clásicos, como "Please, Please, Please", "Papa`s Got a Brand New Bag", "I Got You (I Feel Good)", "It´s a Man`s Man`s Man`s World", "Say It Loud-I`m Black and I`m Proud". Esta última fue utilizada como un himno combativo por integrantes de la raza negra pero el autor deja claro que no se trata de una canción militante. Solamente expresa el orgullo pacífico de ser negro.

Cuando Brown explica la diferencia de su música, comparada con lo que se escuchaba en los `50, logra la parte más interesante del relato. La importancia de lo que llama el "UNO" que está "...al principio del ritmo, con fuerza, liderazgo y lo que es más importante: con orgullo". Esa fuerza del primer compás, que es su marca de fábrica, según Brown no puede ser reproducido por máquinas dado que tiene que haber un "elemento de imperfección humana en el compás...". Quizás al sentirse cómodo en el tema, el músico llega a niveles de profundidad que atrapan. Ese interés no se mantiene en el resto de la historia. La justificación de sus acciones hace dar al autor una versión lavada de sus zonas oscuras, mostrándose como una víctima, perseguido por sus dos peores enemigos: el fisco y la policía. Solamente menciona las dificultades con las drogas duras y el alcohol, minimiza los varios incidentes por violencia doméstica que tuvo y llega a incluir una breve carta de su última esposa -aquella cuya denuncia hizo que le tomaran la infame foto- en la que ésta expresa lo maravilloso que fue compartir la vida con el cantante. También se empeña en demostrar que nunca quiso atacar al sistema o al gobierno de su país -al que denomina el mejor del mundo- y defiende su condición de moderado que apoyó a varios presidentes republicanos de Estados Unidos, entre ellos a Richard Nixon, cosa que le trajo varios dolores de cabeza con sus fans. Hace una referencia al gobernador demócrata George Wallace, quien fuera famoso segregacionista y que terminó convirtiéndose en uno de sus mejores amigos. Wallace, en sus últimos días, le confesó: "Hermano Brown, si hubiera sabido lo que sé ahora del pueblo negro nunca hubiera dicho las cosas que dije".

Más que relatar su vida, el Padrino del soul se muestra interesado en elaborar un retrato políticamente correcto, apuntando a la posteridad. Se toma demasiado en serio el papel de predicador góspel que interpretó en las películas de los Blues Brothers, la primera de las cuales lo sacó del olvido, y en varias partes el relato se parece demasiado a un aburrido libro de autoayuda, poblado de consejos y simplificaciones. No sorprende, entonces, la frase que guardó para la última página "...mientras aprovecho los años que me quedan, espero, como Moisés, que Dios me diga lo que tengo que hacer para guiar a mi pueblo hacia un mundo mejor".

I FEEL GOOD. Las memorias de James Brown, de James Brown, prólogo de Marc Eliot, Globalrhythm. Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 205 págs.

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