Juan de Marsilio
El noroeste argentino fue, hace medio milenio y por seis décadas, el extremo sudeste del Imperio Incaico. Antes de ese período, al que puso fin la llegada de de los conquistadores -resistida un siglo y medio, en especial por los indios calchaquíes, guiados por caciques como Juan Calchaquí, Viltipoco, Chelemín y el impostor español Pedro Bohórquez, que mentía descender de los Incas-, abundan en la región restos arquitectónicos y urbanísticos que datan, en los casos de mayor antigüedad, de cerca del año 500 a.C. Rodolfo Raffino, antropólogo, jefe del Departamento de Arqueología del Museo de La Plata y profundo conocedor de los sitios arqueológicos de la región, estudia en este libro, con rigor y detalle, un amplio repertorio de rasgos constructivos y urbanos y las consecuencias culturales, sociales y económicas que se puede inferir de ellos.
Arqueología científica. Este es un libro muy útil para estudiosos de antropología y arqueología, así como también de historia precolombina. En menor grado, para especialistas en historia de la arquitectura y el urbanismo. Esto no significa que al lector no profesional interesado en temas históricos no le sea valioso, pero le requerirá gran paciencia y una frecuente consulta de diccionarios de las disciplinas que se confluyen en el texto, amén de alguna lectura sobre la historia de la región.
En el prólogo a esta tercera edición y en los primeros tres capítulos, el autor repasa el desarrollo de arqueología en la región desde el siglo XIX a nuestros días, de las técnicas de excavación, ordenamiento e interpretación de los datos y de los posibles marcos teóricos para estudiar el urbanismo precolombino, a nivel continental y regional.
El autor da ejemplos acerca del uso de la deducción, la inducción y la analogía, tanto entre muestras de diversos sitios arqueológicos como entre datos obtenidos de excavación y observación y registros etnohistóricos. Raffino propone una arqueología científica, capaz de formular hipótesis explicativas y predictivas sobre el campo de estudio. Para ello, postula la aplicación de la Teoría Ecológica de Sistemas, centrada en el proceso de adaptación de los colectivos humanos a su ambiente. Logra dar un panorama de la evolución de los asentamientos en la región, estudiando los "inputs" endógenos (el aumento de la producción agrícola, por ejemplo) o exógenos (la llegada de los incas o de los españoles), inventariando los distintos rasgos arquitectónicos y urbanísticos para inferir conclusiones acerca de la sociedad, la religión y la economía de estos pueblos que, por ser ágrafos, deben ser interpretados en base a sus restos materiales y a su folklore.
De la aldea a la protociudad. En las quebradas, valles y laderas del noroeste argentino se fueron desarrollando distintas culturas que, al iniciarse en la ganadería y la agricultura, se asentaron en el territorio de modo permanente. En un proceso de más de un milenio pasaron de las meras aldeas a la construcción de protociudades (Quilmes, Tastil, Humahuaca, etc.) de cientos y miles de habitantes.
Es amplia la variedad de viviendas (circulares, cuadrangulares, para familias reducidas o ampliadas, semisubterráneas o a nivel, etc.), de concentración o dispersión en el territorio (alto o bajo factor de ocupación del suelo) y de patrón de desarrollo urbano (radiocéntrico, lineal, en damero regular e irregular, etc.). Raffino estudia de modo exhaustivo y ordenado esta variedad de rasgos, logrando inferir características probables de las sociedades que habitaran esos asentamientos. Así, por ejemplo, como en las plazas de muchos de estos centros se encuentra una tumba ricamente alhajada, el autor deduce, por un lado, la importancia de la vida de ultratumba para sus pobladores y, por otro, el rol unificador que la veneración del difunto habría jugado en esas comunidades.
De la constante reconstrucción y ampliación de recintos habitacionales en la cercanía de plazas y otros polos del desarrollo urbano y del mejor ajuar que suele encontrarse en esos recintos, Raffino deduce una mayor estratificación social, que marca el paso de sociedades más sencillas, como la aldea gobernada por un chamán, a la protociudad con dominio sobre un mayor territorio y mandada por un "gran jefe" civil y militar. Conclusión compatible con los testimonios españoles sobre los cacicazgos que tanto les costara someter.
TERRAZAS, ALMACENAJE Y COMPETENCIAS. Luego de los períodos formativo inferior y superior, el autor ubica, entre el 900 d. C. y el 1471, fecha de ingreso de los incas, el período de desarrollos regionales. Un rasgo bastante extendido en los distintos asentamientos del período es un tipo de recintos que se presume fueran molinos comunitarios. Al mismo tiempo, los recintos que parecen haber sido almacenes, se hallan siempre asociados a residencias familiares. De esto puede deducirse que estas sociedades habían llegado a desarrollar la idea de trabajo mancomunado y reciprocidad en los servicios, pero no la de almacenaje colectivo y redistribución de los productos.
Para aprovechar el suelo, pedregoso y seco, estos pueblos desarrollaron el cultivo en terrazas, canchones y andenes, con regadío. La evidencia parece indicar que con la llegada de los incas la agricultura experimentó notables mejoras técnicas. La escasez de algunos productos y su abundancia en comunidades vecinas parece haber sido causa de guerras, hecho compatible con el testimonio que han dejado algunos cronistas españoles, de guerras entre cacicazgos en el período hispano - indígena.
EL KOLLASUYU. Kollasuyu era la región más austral, más extensa y menos poblada del Tawantinsuyu. Incluía parte de Bolivia y Chile, junto al noroeste argentino. Su principal interés para el Cusco eran las riquezas mineras. Por el lado argentino, era la frontera "caliente" con los lules y los guaraníes del Chaco, a los que los incas llamaban chiriguanos (del Quechua "chiri", frío y "huano", excremento). La presencia incaica se nota por los cambios arquitectónicos introducidos en las urbanizaciones existentes, que asumen características incaicas: las "kanchas" (espacios abiertos rectangulares en los que se inscriben construcciones), las "kallankas" o grandes galpones, los "ushnos", o plataformas ceremoniales, la reconversión urbana a un modelo de damero regular, en la medida que el relieve lo permitiera. Pero el mayor cambio radica en tres elementos: el "capacñam" (camino), las "collcas" (depósitos) y los "pukarás", fortalezas en altura, preexistentes al dominio inca pero perfeccionadas bajo este régimen.
El camino, con sus postas para chasques, permitía la circulación de correos, caravanas y ejércitos. Los depósitos, pocos en la mayoría de las localidades, pero que rondan el millar y medio en Campo del Pucará, en el Valle de Lerma, permitieron la redistribución de productos de consumo y la reserva en previsión de hambrunas. Los "pukarás" fueron en su mayoría fortalezas fronterizas, siendo muy pocos los que se encuentran al interior del territorio, de lo que Raffino deduce un control efectivo del territorio y una convivencia no beligerante entre los incas y sus conquistados, sin por ello demostrar la tesis idílica de un dominio inca benévolo y humanista. Estas fortalezas explican en buena medida la capacidad de resistencia de estos pueblos ante los españoles, una vez caído el Tawantinsuyu.
CONSERVAR Y ESTUDIAR. Sobre varios sitios arqueológicos de la región, Raffino observa que no han sido excavados sino en mínima parte, o han sido destruidos por causas naturales o por actividad humana posterior (colonial y reciente). De estas obras amorosas y exhaustivas que son este libro y las décadas de trabajo del autor sobre la arqueología del noroeste argentino se desprende el llamado a cuidar, estudiar e interpretar estos valiosos vestigios de un pasado que, de atenderlo, tiene mucho para decirnos a los americanos actuales.
POBLACIONES INDÍGENAS EN ARGENTINA. URBANISMO Y PROCESO SOCIAL PRECOLOMBINO, de Rodolfo A. Raffino. Emecé, Buenos Aires, 2007. Distribuye Planeta. 432 págs.