El camino a un nuevo terror

Alejandro Yamgotchian

La televisión para abonados en Estados Unidos, a través del canal HBO, se encargó de adaptar entre 1989 y 1996 buena parte de los famosos Cuentos de la cripta, historietas originalmente concebidas por William Gaines y Albert Feldstein para Entertainment Comics, a partir de 1950.

Entre 1972 y 1973 los impulsores de la productora de cine inglesa Amicus (Milton Subotzsky y Max Rosenberg), intentaban emular el éxito de la mítica Hammer, contando incluso con técnicos, actores y realizadores que allí trabajaron. Ya habían lanzado dos películas para cine (Cuentos de ultratumba y La bóveda del terror) donde se adaptaban diez relatos en total, creados por EC Comics y publicados en las revistas Tales from the Crypt y The Vault of Horror (Cuentos de la cripta y La bóveda del terror).

Pero estas y otras publicaciones de la compañía tuvieron que enfrentar grandes obstáculos vinculados a la censura, que finalmente llevaron a que en 1955 EC dejara de publicar sus títulos, todos aquellos relatos que supuestamente pervertían las mentes infantiles, a excepción de MAD (revista dedicada al humor y la comedia).

DONDE TODO COMENZÓ. EC Comics le dio un nuevo impulso a la historieta de horror, haciéndola menos inocente, más oscura e impactante. Los relatos y hasta los propios dibujos reflejaban un estilo mucho más truculento y provocador, aunque sin perder la calidad.

Desde que en la década del ´30 los diarios se veían exigidos por sus lectores para que fueran más allá de las tiras cómicas, dedicándoles revistas exclusivas, los editores comenzaron a publicar los comic-books, más bien dedicados al western, los romances y los policiales. Y estos últimos hacían cada vez más hincapié en historias violentas, donde los villanos de turno se robaban buena parte de la atención.

Famous Funnies fue el primero que se vendió, editado por Max Charles Gaines, que falleció en 1947 a causa de un accidente marítimo. Su hijo William terminó heredando la Educational Comics, una compañía endeudada y que se dedicaba a relatos familiares, principalmente adaptaciones de historias de la Biblia.

Gaines y su colega Albert Feldstein decidieron que había que hacer un cambio de inmediato.

Los programas que ellos escuchaban en la radio ("Lights Out", "Witch´s Tales", "Quiet Please") fueron la inspiración principal para crear sus propias historietas. La editorial pasó a llamarse Entertaining Comics y de ahí en más comenzó a transitar por géneros como la ciencia ficción, el terror, los policiales, relatos bélicos y humorísticos.

En abril de 1950 nacía la primera revista especializada en historietas de horror: Crypt of Terror, que meses más tarde pasaría a llamarse Tales from the Crypt. Al mismo tiempo se editaba The Vault of Horror; luego seguirían The Haunt of Fear y Shock SuspenStories. Historias de venganza y denuncia social, con finales sorpresivos, chocantes, y personajes perversos, necesitados de una buena lección de moralidad, eran los principales componentes del éxito y de un nuevo estilo para el terror en la historieta.

DE ATAQUES Y CENSURAS. A partir del libro Seduction of the Innocent, escrito por el psicólogo Frederic Werthan, el panorama se volvía realmente sombrío para la editorial de Gaines. Los ataques del profesional contra el exceso de violencia en los comics, el juicio iniciado por el psiquiatra y senador norteamericano Estes Kefauver, y la creación del Código del Cómic en octubre de 1954 llevaron a Gaines a quitar de circulación sus famosas publicaciones de horror. En diciembre de ese mismo año salía el último número bimensual de The Vault of Horror y en febrero de 1955 el de Tales from the Crypt.

Luego de haber denunciado el racismo, las drogas, el maltrato familiar e incluso estar en favor de los derechos de la mujer, la historieta de terror entraba en una notoria involución, que se dio hasta fines de los años ´50. Desde 1955 los criminales no debían motivar simpatías, las fuerzas de la ley debían ser presentadas de manera intachable, el bien siempre debía triunfar sobre el mal, y las palabras "crimen", "horror" o "terror" no debían aparecer en portada. Tampoco se podían mostrar zombis, vampiros, fantasmas, hombres-lobo u objetos relacionados con ellos.

En la oficina de la Comics Code Authority debía presentarse un ejemplar de cada comic-book antes de su impresión. Si la publicación no cumplía con lo indicado en el Código se la devolvía a la editorial con correcciones a agregar, tanto en textos como en dibujos. De lo contrario se obtenía un sello de aprobación que oficiaba de "garantía moral" de los contenidos para todos los padres, políticos y educadores preocupados por la buena formación de los menores.

Gaines tuvo que ir a declarar aunque no se lo veía tan preocupado por la "caza de brujas", sino por un asunto que iba más allá del producto fabricado: el monopolio que intentaban crear las grandes compañías que terminaron aceptando el Código del Cómic.

UN TOQUE INGLÉS. El productor norteamericano Milton Subotzky, fanático de EC, terminó comprando los derechos de los relatos de horror de dicha editorial. Y las antologías se constituyeron en el caballito de batalla de la Amicus. Desde Las profecías del Dr. Terror (Freddie Francis, 1965) hasta Más allá de la tumba (Kevin Connor, 1973) la productora británica apostó a varios trabajos de este tipo (Las tijeras del diablo, Mansión embrujada, El asilo del terror), aunque los que terminaron peleando los primeros puestos de la tabla fueron Cuentos de ultratumba (Freddie Francis, 1972) y La bóveda del terror (Roy Ward Baker, 1973), que adaptaban relatos EC de Gaines, Feldstein y Johnny Craig.

Mientras Freddie Francis manejaba una estética más representativa del cómic, jugando con contrastes, entre sombras y brillantes colores, Roy Ward Baker apostaba a un terror gráfico mucho más explícito, con notables atmósferas y oportunas dosis de humor grotesco.

El tono social y sobre todo moralista de las historias originales se dejaba ver en estas adaptaciones; las cosas debían volver a su lugar y los malvados tenían que pagar. Ambiciosos, infieles, interesados, tramposos, discriminadores, gente para nada generosa...; a todos les esperaba una vuelta de tuerca, una jugarreta del destino (a veces sobrenatural) que jamás hubiesen imaginado.

Las cinco historias de Cuentos de ultratumba eran presentadas por el famoso Crypt Keeper (Guardián de la Cripta), aquí interpretado por Ralph Richardson, en una personificación mucho más serena y escasamente aterradora, en comparación con el animatronic creado por Kevin Yagher para la serie de televisión norteamericana, que vendría casi veinte años después y con presentación de lujo.

La bóveda del terror, a pesar de algunas notables adaptaciones y de tener un tono menos serio que el film de Francis, sufrió cortes por algunas escenas fuertes. El castigo para aquellos que se sentían orgullosos de herir y hacer sufrir a la gente se intensificaba un poco más.

LA NUEVA GENERACIÓN. Entre efectos digitales y especialmente buenas dosis de maquillaje, la serie televisiva Cuentos de la cripta tuvo gran éxito, cuando comenzó a emitirse para la televisión estadounidense en 1989. Y el estilo que se intentaba emular era nada menos que aquel seguido por las publicaciones de EC. Eso ya había sido tenido en cuenta por George Romero, Stephen King y Michael Gornik cuando se inspiraron en las mismas para hacer las primeras dos partes de Creepshow, en 1982 y 1987.

HBO decidió no censurar desnudos ni violencia, nutriéndose a la vez de conocidos realizadores y actores para capítulos que no solo adaptaban las historietas de Tales from the Crypt, sino también algunas de The Vault of Horror, The Haunt of Fear y Shock SuspenStories. En la producción también figuraban cineastas de renombre, como Robert Zemeckis, Richard Donner, Walter Hill y Gilbert Adler, quien luego dirigiría los dos largometrajes inspirados en la serie: La noche del demonio (1995) y Burdel de sangre (1996).

En 2001 se realizó el supuesto tercer film, Ritual, que fue dirigido por Avi Nesher, aunque en realidad no está basado en ninguna de las historias EC y sí en Yo dormí con un fantasma (1943) de Jacques Tourneur.

El suceso de la serie televisiva había llevado también a una serie animada (Tales from the Cryptkeeper) pero que estaba más bien orientada al público infantil.

Por encima de prejuicios y censuras, los famosos cuentos siempre se las ingenian para volver una y otra vez, tentando a productores y realizadores que desean rendirles tributo y de paso evidenciar uno de los principales leitmotivs: el que las hace las paga.

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