A diferencia de otras escuelas que han logrado mantenerse cerca del gran público, el psicoanálisis luce hoy cierto aire esotérico y su cultivo parece reservado a ciertas minorías refinadas. Sin embargo, la producción académica que le concierne es abundante y rigurosa. No sería justo prescindir de sus aportes excusándose, por ejemplo, en las dificultades terminológicas y conceptuales que suele plantear.
Sujeto en escena es una obra que parte de la experiencia de la autora con niños y de su práctica psicoanalítica en general, para remontarse hacia arduas cuestiones conceptuales. La primera impresión que genera su libro es la ductilidad transdisciplinaria con que aborda diferentes objetos temáticos. En tal sentido, la lingüística, la filosofía y la semiótica, por ejemplo, son incorporados por Casas con la convicción de que se trata de herramientas que habrán de enriquecer la escucha analítica.
El libro está estructurado en cinco "módulos". Una simple enumeración de sus contenidos permite apreciar a vuelo de pájaro algunos temas clásicos del psicoanálisis, junto a otros que el lector inicialmente asociará a otras disciplinas. Así, junto a capítulos tales como "El odio en la transferencia", "El trauma y el inconsciente", o "El desamparo del desamor a propósito de la depresión en la infancia", incluye sugerentes desarrollos que se disparan en muy diferentes direcciones a las acostumbradas. Por ejemplo, en "Bases conceptuales de la semiótica perciana", "Saber y verdad", y "Superficialidad y complejidad".
Destinado principalmente a especialistas o lectores con formación avanzada en psicoanálisis, Sujeto en escena puede llegar a ofrecer un elocuente testimonio, a cualquier lector inquieto, de cuán sutiles pueden hacerse las cosas en un campo determinado del conocimiento humano. Surgirá por sí sólo el contraste con los falsos expertos de los medios masivos y las simplificaciones a las que inducen al público desprevenido. Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional, la doctora en medicina Myrta Casas también ha sido directora del Instituto de Psicoanálisis y Presidenta de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay. Coautora de obras como El juego en psicoanálisis de niños y Presencia de Lacan, Casas ha publicado en forma individual En el camino de la simbolización. Producción del sujeto psíquico y ha colaborado con numerosos trabajos en revistas nacionales y extranjeras.
A. C.
Ciencia Ficción
¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS?/BLADE RUNNER de Philip K. Dick. Edhasa, Barcelona, 2008. Distribuye Océano. 314 págs.
SON MUCHOS MÁS los que conocen la película Blade Runner de Ridley Scott, que la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. Por las dudas, esta edición pone los dos nombres (cinematográfico y literario) en tapa, ilustrando con las caras de los actores del film.
El libro, escrito en el "año milagroso" 1968, es uno de los mejores de Dick. A diferencia de la película, su protagonista Rick Deckard no es un solitario liquidador de androides, muy parecido a los detectives privados de la "serie negra", sino un hombre casado y bastante harto de su esposa. Otros elementos diferenciadores son la presencia entre melancólica y desopilante de animales mecánicos que han reemplazado a los reales; una de las típicas religiones casi televisivas del autor (aquí liderada por la figura de un tal Mercer); y los "órganos Penfield", que sirven para ajustar el estado de ánimo cuando uno despierta con un humor de los mil demonios o simplemente bajoneado.
La línea argumental principal del film sigue los núcleos anecdóticos centrales, sin embargo, que le sirvieron para convertirse en uno de los títulos más influyentes en lo visual y más refinados en lo expresivo, de la ciencia ficción cinematográfica del siglo XX. A tal punto que puede afirmarse que comparte con Metrópolis de Fritz Lang el podio para film más copiado.
La trama es una de las menos dispersas de Dick, avanza con pulso firme, y se zambulle, a través de los androides, en las dos preguntas de su obra: a) ¿qué es real?, b) ¿qué es realmente humano? En su visión, el delgado límite reside en la emoción. En ese sentido es escalofriante la imagen de la frialdad androide cuando, comentando con calma lo que hacen, le quitan una a una las patas a una araña, preguntándose, con fría lógica, cuántas le hacen falta realmente para poder seguir caminando.
Dato adicional: el nombre Blade Runner fue tomado para el film de la obra de otro soñador peligroso y riesgoso: William Burroughs.
E. E. G.
Antropología
EL LEVÍTICO COMO LITERATURA. Una investigación antropológica de los ritos en el Antiguo Testamento, de Mary Douglas. Editorial Gedisa, Barcelona, 2006. Distribuye Océano. 310 págs.
DURANTE LOS siglos VIII al VI antes de Cristo, el pueblo judío soportó, con interrupciones, el largo cautiverio asirio-babilónico. Derrotado, deportado y humillado decidió realizar una tarea de reafirmación cultural casi inédita en la historia de la humanidad. Reescribió sus tradiciones ratificando la tercera de las alianzas que Yavéh le propuso como pueblo elegido, desde los tiempos de Noé, de Abraham y de Moisés. Con Noé, Yavéh se comprometió a regular los ciclos normales de la naturaleza. Con Abraham acordó la prosperidad de su pueblo. Por medio de Moisés los liberó del cautiverio en Egipto y les otorgó el decálogo, un código moral de asombrosa modernidad. La contraprestación humana a esa alianza se establece en el Levítico, el tercero de los cinco libros del Pentateuco, en donde el rito religioso asume un carácter central. Este libro sacerdotal, repleto de normas y preceptos, ha ofrecido tradicionalmente un escenario poco propicio para el abordaje literario.
Mary Douglas recoge el guante. Nacida en 1921, Doctora en Antropología por la Universidad de Oxford y con una obra vastísima, desarrolla una doble proposición: resaltar la singularidad de la religión judía y analizar las formas de composición literaria del Levítico desde una visión antropológica: "cuando uno se dispone a estudiar una religión antigua, hay un paso previo que ningún antropólogo puede omitir. Ese paso consiste en situar la religión en alguna comunidad de fieles enmarcada dentro de un contexto espacio-temporal existente. Los antropólogos no están capacitados para interpretar utopías".
Asevera Douglas que la religión judía expresada en el Levítico transmite un sólido monoteísmo. Yavéh es el único Dios y además es inasible, innombrable, ubicuo. Por otra parte el judaísmo propone una monarquía desligada de toda identificación con la divinidad. El rey es un ungido pero no es Dios. Respecto a los antepasados, son eliminados como seres espirituales dignos de alabanza. Como consecuencia, al no existir contacto con los muertos, los ritos adivinatorios desaparecen. Dentro de este panorama de pureza y radicalidad religiosa, la forma literaria del Levítico constituye para Mary Douglas un estilo de discurso analógico.
Esta comunidad cultural que vive dentro de sus analogías es una comunidad asediada. Ratifica una ritualidad y la regulariza. El discurso analógico es antagónico al pensamiento racional instrumental, pero los términos no deben propiciar, según Douglas, conclusiones erróneas. El discurso de los griegos no era más moderno que el de los judíos. Antropológicamente ambas formas coexisten en todas las civilizaciones. La autora sagazmente observa que en la Inglaterra del siglo XIX durante las guerras napoleónicas, el almirante Nelson encabezaba sus órdenes con la palabra "espero" mientras que el duque de Wellington se quejaba por no saber en qué idioma hablarles a sus hombres para que lo obedecieran. La coexistencia de los marinos durante largo tiempo en alta mar generaba una cohesión que sólo requería de un retoque casi amistoso.
A este pensamiento analógico corresponde la forma literaria conocida como paralelismo de la que el Levítico brinda innumerables ejemplos: "Ningún laico comerá de las cosas sagradas, ningún huésped del sacerdote ni jornalero suyo comerá de las cosas sagradas". Un juego de palabras, rimas, repeticiones sonoras que sobrevivieron al horror.
Á. O.