László Erdélyi | Elvio E. Gandolfo
LA BANDA DE PICASSO. Cuesta creer que un libro de apenas 154 páginas de texto resuma la figura de Pablo Picasso, después de intentos como la famosa y monumental biografía de John Richardson. Pero Mary Ann Caws lo logra en Pablo Picasso (Reaktion Books). El libro integra la colección Critical Lives, y tiene un enfoque semejante a un volumen anterior sobre Foucault (ver El País Cultural Nº 803). La autora se concentra en el círculo de amistades que rodearon al genial pintor español y no tanto en los pintores (que Picasso esquivaba con esmero, por competencia), aunque se mencionan a menudo. Sobre todo figuran poetas. Entre ellos dos que se contaron entre los más grandes amigos de Picasso: Max Jacob (que murió en los campos de concentración nazis) y Guillaume Apollinaire (que murió como consecuencia de una herida en la Guerra Mundial anterior). También Paul Eluard, André Breton (que trató de integrarlo al grupo surrealista), o Benjamin Péret (a quien Picasso ayudó monetariamente).
Entre los pintores figura el inevitable Georges Braque, con el que Picasso formó la pareja central del cubismo, a tal punto que solía decir indistintamente "Braque es mi esposa", o "Soy Madame Braque". O el gran Cézanne, con quien Picasso mantenía un respetuoso duelo de titanes: Cézanne decía que Picasso era el único que tenía derecho a criticarlo. Entre las mujeres (que ocupan menos espacio que los amigos y los pintores) se destaca Dora Maar, sobre quien Ann Caws escribió un libro, y cuya cabeza esculpida ocupó el lugar de la cabeza de... Apollinaire, en una estatua de homenaje. De los poetas, Jean Cocteau ocupó un sitio de admirador incondicional, a veces rayano en la histeria. Porque Picasso no acostumbraba escribir cartas, y muchas veces cerraba su puerta de comunicación con la misma fuerza con que la abría. En ese sentido es conmovedora (y cargada de furia) la carta de Antonin Artaud rogándole (y ordenándole casi) que le haga un dibujo para un libro, con un repaso rencoroso de los sufrimientos que vivió.
El estilo de la autora es a veces apurado, otras irritante. Pero ha reunido tal cantidad de anécdotas o de momentos cruciales (un encuentro Picasso-Proust-Joyce, donde casi nadie dijo nada) que compensa sus apariciones personales descolgadas, o algún exceso de puntos suspensivos.
CIUDADES Y ENTORNOS. Lo primero que se pregunta quien lee el título Cities (Atlantic Monthly Press) es: ¿otro libro sobre ciudades? Como es lógico John Reader, su autor, también lo hizo y comienza su breve prólogo con la frase: "En el mundo no escasean los libros sobre ciudades". Después de hacer un breve recorrido de nombres (Peter Ackroyd sobre Londres, Wheatley sobre las ciudades chinas, sin olvidar a Marco Polo y Lewis Mumford en el aspecto teórico) plantea el eje de su propio libro. Se trata de enfocar la relación entre las ciudades y su entorno. Rápidamente aclara que no se trata de ecología en el sentido actual, que incluye el rechazo por las grandes ciudades. Para Reader éstas son un hecho tan natural como un laborioso hormiguero. Lo suyo es más bien un recorrido histórico, que pone en relación cada ciudad con el ambiente donde surgió, y con otras ciudades. Informado y buen comunicador, va recorriendo así caminos que lo llevan a ciudades inmortales, a ciudades que entran en crisis y mueren, a otras que están por morir y se recobran. A ciudades acuáticas, como lo fue Venecia (tal vez la que más aportó a Occidente en relación a su tamaño, y que ahora agoniza) o Tenochtitlán, después Ciudad de México, que secó el lago sobre el que se alzaba.
Es inevitable mencionar el origen londinense de Reader. No solo porque lo predispone para ser un buen razonador del fenómeno, sino también por su decisión de no comprar ideas hechas. Así descubre que los árboles suelen crecer mejor en las ciudades que en los bosques, o que las ciudades antecedieron a la agricultura. También titula bien los capítulos históricos sucesivos: "La guerra, Grecia y Roma", "La capital del Príncipe y la ciudad de los mercaderes" o "Capturando el horizonte". Los cuatro pliegos de fotografías están muy bien elegidos, y las leyendas son sucintas pero informativas, relacionando a veces dos o tres ilustraciones en un proceso social o cronológico.
SHERLOCK HOLMES COMPLETO. Los sherlockmaníacos están de fiesta, pues se ha completado la nueva "biblia" con la salida del último tomo de The New Annotated Sherlock Holmes (W.W. Norton), consistente en la edición anotada de los 60 casos del gran detective (4 novelas, 56 relatos) realizada por Leslie Klinger, una de las figuras más notorias de la sherlockiana actual. En los primeros dos tomos, lujosamente editados, se publicaron los 56 relatos, cada uno con sesudas anotaciones al margen que buscaban explicar viejas polémicas, como por ejemplo cuántas esposas tuvo Watson realmente, qué tipo de serpiente era "La Banda Moteada", o donde fue herido Watson, si en el hombro, en la pierna, o en ambos lugares. Todo en el contexto de los festejos por el 150 aniversario de Sherlock Holmes, porque los fanáticos participan de un juego poco común: afirman que Holmes existió, que sus aventuras fueron reales, que todos los personajes mencionados fueron de carne y hueso, y que los casos investigados forman parte de la verdadera historia criminal. El País Cultural dedicó un número especial a Sherlock Holmes (No. 825, 26 de agosto de 2005) con numerosos aportes, entre los que destaca el propio Leslie Klinger.
En el último tomo de la serie se continúa el mismo criterio de presentación: en cada página el texto original en una columna, en tipografía negra, y al costado, en tipografía roja y más pequeña, los comentarios, discusiones o posibles enmiendas al texto original. Todo, a su vez, ilustrado con los dibujos originales que acompañaron a las primeras ediciones, en particular los del genial Sydney Paget. Son 906 páginas que contienen las cuatro novelas del detective escritas por Conan Doyle: A Study in Scarlet (Estudio en escarlata) de 1887, The Sign of the Four (El signo de los cuatro) de 1890, The Hound of the Baskervilles (El sabueso de los Baskerville) de 1901-02 y The Valley of Fear (El valle del terror) de 1914-15. Siempre en ese inglés sencillo y bello, de fácil acceso, lo cual también ha permitido su traducción a numerosas lenguas casi sin pérdida.
Es una edición de lujo, para lucir en el living del hogar. En origen los tres tomos cuestan 100 dólares. Cabe esperar que la traducción al español no tarde, que mantenga la calidad de presentación, y que sea barata. Los sherlockianos de habla hispana se lo merecen.