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Sobre la histeria y Nueva York
Freud en la novela negra

SOLEDAD PLATERO

HAY ESCENARIOS que prometen intriga y suspenso con más fuerza que otros. Nueva York a principios del siglo XX es uno de ellos. En el año 1909 Sigmund Freud, acompañado por Carl Jung y Sándor Ferenczi, visitó por única vez los Estados Unidos. Había aceptado la invitación cursada por la Universidad de Clark para dictar un ciclo de conferencias sobre psicoanálisis. Sus Papeles selectos sobre la histeria estaban a punto de publicarse en inglés, en traducción de Abraham Brill.

Hacia 1900 la modernidad era recién nacida en Europa, y los neoyorquinos ya eran suficientemente ricos como para pensar en comprarla. Les sobraba el dinero y no tenían ninguna Historia que preservar. El mundo, desde su punto de vista, era nuevo y estaba por hacer. En la primera década del siglo pasado los habitantes de Nueva York asistían varias veces por año a la inauguración del edificio que sería "el más alto del mundo" por algunos días.

La ciudad crecía hacia arriba, pero también ganaba espacio bajo la tierra y sobre el agua. Los elevadísimos costos de esa expansión que incluía construir puentes, rascacielos y vías subterráneas tenían, razonablemente, su costado corrupto. Enormes fortunas amasadas a costa de los dineros públicos permitían poner y sacar alcaldes, jueces y fiscales. Pero el poder político no era el único que se veía tentado por la generosidad de los millonarios. También en las universidades empezaba a sentirse la presión del dinero, y era posible pensar en cambiar la orientación académica de una institución a fuerza de legados y donativos.

En este marco se desarrolla La interpretación del asesinato, una novela que se ajusta con precisión a la idea de thriller, tal como la entendemos para el cine. Una mujer es encontrada muerta en un apartamento de lujo, en uno de los edificios más nuevos y pretenciosos de Nueva York. Las pericias forenses establecen que probablemente murió a consecuencia de excesos en algún ritual erótico. Tiene marcas en el cuello, algunas heridas superficiales en los muslos, y está maniatada.

Al día siguiente, en una exclusiva zona residencial de la ciudad, otra joven sufre el ataque del que, presumiblemente, es el mismo maníaco. Y aunque sobrevive al ataque, no puede hacer nada para inculpar a su agresor: como consecuencia del trauma ha perdido la voz y la memoria de los hechos.

La trama de la novela entrelaza el misterio de las jóvenes agredidas con la anécdota de la presencia de Freud en la ciudad, y reconstruye el clima de euforia y desarrollo que se vivía en esos días en los que América se fabricaba a sí misma importando lo mejor y lo más caro de Europa.

ESE ASUNTO DE EDIPO. Cuando Freud y Jung llegaron a los Estados Unidos, la batalla entre la psiquiatría y la psicología estaba comenzando. Los psiquiatras más exitosos ganaban millones atendiendo a las insatisfechas damas de la alta sociedad americana, a las que aplicaban tratamientos especiales para que pudieran sobrellevar sus enfermedades nerviosas. Las nuevas teorías que situaban el origen de la histeria en algo tan sucio e impensable como el complejo de Edipo debían ser interceptadas antes de que causaran daños irreparables en la moral y las buenas costumbres. El puritano universo neoyorquino debía ser preservado, la psicología judía debía ser desenmascarada como la gran farsa que era y los psiquiatras y neurólogos debían conservar intacta su clientela de damas nerviosas. La novela de Rubenfeld introduce el problema de la disputa entre psiquiatría y psicoanálisis y aprovecha para sugerir algunas variantes en la interpretación del complejo de Edipo. También ensaya una respuesta a la famosa cuestión de la cobardía de Hamlet, en una audaz maniobra de relectura de la frase "ser o no ser", y aunque parezca -y tal vez sea cierto- que todo obedece a un antojo del autor, ansioso por exponer sus reflexiones, la verdad es que tanto las referencias psicoanalíticas como las shakespearianas terminan por tener sentido en el paquete.

SILENCIO Y OLVIDO. La primera muerte pudo ser accidental. La mujer sometida a los deseos de su sádico amante pudo haber muerto por un exceso o por un descuido. La segunda, en cambio, no murió. El agresor entró a su casa -algo muy difícil de hacer sin las llaves apropiadas- y llegó hasta su dormitorio para sorprenderla mientras dormía. Las lesiones provocadas fueron casi idénticas a las de la joven muerta -cortes en los muslos, marcas en el cuello y en las muñecas- pero en este caso la víctima logró reaccionar a tiempo y provocar la huída del sátiro.

La investigación de tan escandalosos crímenes queda a cargo del coroner de la ciudad de Nueva York, secundado por un joven agente de policía, tan entusiasta como inexperto. Pero el agente no será el único ayudante. A pedido de la familia intervendrá también el joven Dr. Stratham Younger, uno de los pocos psicoanalistas de la ciudad, fervoroso seguidor de la teoría freudiana y encargado por la Universidad de Clark de la atención del Dr. Freud y su comitiva. El Dr. Younger deberá, bajo la supervisión del propio Dr. Freud, realizar el psicoanálisis de Nora Acton para revertir los síntomas que siguen a la agresión (afonía, amnesia), abriendo así el camino hasta el culpable.

A partir de allí todo se desarrolla como en cualquier novela policial: los investigadores siguen pistas, escapan de diversas trampas, son engañados por los malos y logran llegar a la verdad gracias a su inteligencia, su coraje y su fortaleza moral. Mientras tanto, y al mismo tiempo que avanzan las investigaciones, el Dr. Freud y sus acompañantes atraviesan diversas dificultades. Rubenfeld administra con eficacia todos estos hechos y consigue armar una trama sólida, que mantiene, sin decaer, la atención del lector durante más de quinientas páginas.

LA FUERZA DEL PASADO. Es interesante la forma en que el autor trata el asunto de la llegada del psicoanálisis a los Estados Unidos. La frase de despedida del Dr. Freud a su discípulo Stratham Younger -una frase tan ficticia como el propio Dr. Younger- da respuesta a la cuestión del rechazo hacia ese país manifestada por Freud después de su viaje: Estados Unidos "saca lo peor de la gente: tosquedad, ambición, fiereza. Hay demasiado dinero. [...] Norteamérica, me temo, es un error. Un error de dimensiones gigantescas, sin duda. Pero un error al fin y al cabo".

Todo en ese país y en ese momento -y ese momento dura hasta hoy- es fálico, avasallante, feroz y territorial. No hay nada hacia atrás; nada que el psicoanálisis, con su sutileza subjetivadora, pueda tratar. No hay fantasmas del pasado, sino desafíos hacia el futuro. El romance entre Freud y Norteamérica estaba condenado a fracasar, y tal vez esa sea la pertinencia de Hamlet en toda esta historia. En los Estados Unidos la psicología parece tener la forma caricaturesca que le dio Woody Allen: la del individuo neurótico en permanente vacilación, orientando siempre sus dudas en relación a la acción, como el príncipe de Dinamarca.

Jed Rubenfeld es abogado y docente universitario en Yale. Publicó varios textos sobre derecho antes de escribir ésta, que es su primera novela. Tal vez por eso -por ser un académico y por estar publicando ficción por primera vez- el libro incluye una extensa nota en la que se da cuenta de las referencias y se tramitan los agradecimientos. Esta novela tendrá una versión cinematográfica, cuyo guión no estará a cargo de Rubenfeld, aunque será supervisado por él. Una página de Internet ( www.interpretationofmurder.com ) puede guiar al lector interesado por los diversos escenarios mencionados en la novela, y conducirlo hasta las fuentes documentales usadas por el autor.

LA INTERPRETACIÓN DEL ASESINATO, de Jed Rubenfeld, Barcelona, Anagrama, 2007. Distribuye Gussi. 537 págs.



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