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Teatro

LA ESCENA BAJO VIGILANCIA. TEATRO, DICTADURA Y RESISTENCIA, de Roger Mirza. Edición de la Facultad de Humanidades, Agadu y Banda Oriental. Montevideo, 2007. Distribuye Gussi. 372 págs.

EL ENTUSIASMO de los investigadores no es sólo una garantía para que el acceso al pasado se mantenga abierto. Es además un rasgo batallador, porque dispone de una energía gracias a la cual se reaviva la memoria colectiva y se reconstruye el conocimiento sobre la trama de ese pasado. El crítico teatral, historiador y ensayista Roger Mirza ha publicado La escena bajo vigilancia, un tomo donde se interna en la actividad teatral montevideana durante los años de la dictadura y analiza las formas en que se generó (y luego se afianzó) la resistencia escénica ante el régimen. Los valores de ese trabajo son múltiples, no sólo porque encara su repaso con una apabullante precisión en fechas, títulos, nombres, citas y demás referencias, sino porque el paso del tiempo demuestra que la verdad sobre el período va desdibujándose más profundamente de lo que cabría desear, sobre todo en materia artística y en general en el campo cultural. Nada es más saludable que pelear contra el olvido.

El cuadro teatral de aquellos años estuvo poblado por una voluntad de sobrevivir a las amenazas que enfrentaba, un desafío que la mejor gente asumió no ya con valentía sino además con inteligencia, recurriendo a textos donde las ideas se manejaban de manera indirecta, a menudo simbólica y casi siempre resguardada en metáforas, para que la intención fuera reconocida por los sectores más sagaces del público, que fue entrenándose en esos códigos hasta pescarlos al vuelo. Con similar estrategia se condujo la crítica periodística, apelando a eufemismos y entrelíneas para destacar lo que valía la pena, que solía ser lo que también bordeaba el riesgo, todo lo cual apostaba al sobreentendido como nueva e indispensable herramienta de comunicación.

Mirza, que hace pocos meses figuró como coordinador de otra publicación de notable interés -Teatro rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen- reaparece ahora en esta indagación sobre la década fatal, deteniéndose en las formas que el teatro local adoptó para responder a la adversidad que cayó sobre él armada de intimidaciones, censuras, dispersión y clausuras, con lo que pretendió silenciar una voz tan tenaz y luchadora como la escénica.

Por momentos es admirable la penetración con que Mirza observa los procesos de aquel panorama sin precedentes, aunque debe atribuirse a su nobleza personal la omisión de ciertos rasgos menos heroicos, que en algún caso empañaron el papel jugado por el teatro de la época y sombrearon sus bordes, con lo cual demostraron que ninguna actividad humana es completamente luminosa ni aséptica.

Quienes no vivieron el período, deben saber que este libro es una estupenda fuente de información para enterarse de los pormenores de aquel largo combate de las tablas. El trabajo es coronado en tramos finales por una detallada cronología de los estrenos entre 1973 y 1984.

Quienes en cambio vivieron la época, comprueban que todo un mundo ya clausurado resucita en esas páginas.

J.A.

Ensayo

MAL Y NEOMAL. Rudimentos de geoidiocia, de Amir Hamed. Editorial Amuleto, 2007. Distribuye Gussi. 144 págs.

DICE Martinet que "es notable que las sociedades reprimen por medio de la burla el soliloquio, es decir, el empleo de lenguaje con fines meramente expresivos". El que quiera expresarse sin temor a la censura, añade, debe encontrar un público ante el cual representar la comedia del intercambio lingüístico. Y termina diciendo que la lengua de cada individuo se corrompería si no existiera la necesidad de hacerse comprender.

De esto trata Mal y neomal, un libro rico y complejo compuesto por cinco ensayos. En el origen griego del término "idiota", que hoy asociamos con una tara, está el lenguaje y la idea de individuación. Y en el Occidente cristiano la individuación es un tema que implica a Dios, que como se sabe puede conjugar la primera persona del verbo ser de tres maneras distintas. Hamed define una divinidad con capacidad diferente, para lo cual recurre a la concepción de Demiurgo (debida a los gnósticos), cumbre de la degradación del espíritu, y el lector no tiene dificultades para identificar una de sus imágenes en el presidente estadounidense. La ilegibilidad comienza en ese lugar: el Demiurgo no sabe leer, no logra leerse, y se cree magnífico. Desentrañar significados es leer; la idiocia milita en pro de la ilegibilidad. Cómo actúa la idiocia para producir ilegibilidad es el asunto de este libro.

Como es característico en Hamed, la forma es, más que una opción estilística, un todo coherente con el fondo. La complejidad de los significados reclama significantes complejos; el lector displicente corre el riesgo de experimentar la ilegibilidad que provoca la idiocia en su propio acto de lectura.

"En rigor", dice Hamed, "asistimos al gangrenamiento del Logos. Si nunca se escribió más -en pantallas, papeles, códigos de máquina-, pocas veces se dijo menos; si el mensaje son los medios, los medios están para la nada, o para `profundizar`, muletilla enquistada en las primeras planas para calificar cumbres y políticas indolentes". No poder leer puede ser la consecuencia de una mala escritura, pero es frecuente la discapacidad del lector. Este punto es crucial, especialmente en un tiempo en el que la máquina editorial le exige al lector abandonar la pretensión de extraer sentido de los textos a la venta. Mal y neomal, como su anterior libro de ensayos (Retroescritura) pide una lectura que disfrute el juego prosódico, algo más característico de la ficción y de la poesía, lo que probablemente le gane la desconfianza de algunos lectores que prefieren, para los textos de no ficción, una métrica adocenada.

Este conjunto de ensayos enlaza la biografía de Dios con el manejo político de la idea del mal, el significado de la pérdida de sentido del lenguaje articulado y, en un brillante y epifánico ensayo final ("Fin y monedas"), el arco histórico y filosófico del signo más lleno de significados de la civilización: el dinero.

Mal y neomal es prosa exigente que recompensa.

C.R.

Ensayo II

LA PRISIÓN JUDÍA. Meditaciones intempestivas de un testigo, de Jean Daniel. Madrid. Tusquets, 2007. Distribuye Urano, 189 págs.

JEAN Daniel, judío sefaradí nacido en la Argelia colonial y educado en la escuela laica, inició su carrera periodística en las páginas de L`Express y fue fundador del semanario Le Nouvel Observateur. Desde su múltiple condición de francés, judío e intelectual de izquierda se propone analizar la condición judía, el nacimiento y el presente del Estado de Israel. Su punto de vista, según afirma el prólogo de Juan Goytisolo, es el de un judío que se expresa desde la no pertenencia comunitaria.

Daniel considera que Israel es prisionero de una doble contradicción: aspira a ser un Estado como el resto a la vez que reclama excepcionalidad en tanto heredero de un legado histórico y religioso. Ese legado, y el sufrimiento padecido, legitimaría la ocupación ilegal de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania. "El sol negro de la Shoah lo ha quemado todo, el sueño de antaño y la razón de hoy en día". Aferrarse a la memoria del genocidio, esgrimiéndolo como argumento de una supuesta excepcionalidad que todo justifica ha condenado a Israel a "ganar guerras", ocupar territorios ajenos y transformarse en potencia.

Daniel rechaza la idea del "misterio judío" como explicación de la universalidad del mensaje de su pueblo: "No consigo creer realmente que el pueblo judío, a pesar del milagro de su perennidad, sea el único testigo de la humanidad, así como el único instrumento de la divinidad. Y rechazo sobre todo que se comporte como si, con el pretexto de que se le persigue haga lo que haga, pueda abandonarse a hacer lo que le parezca, tanto bueno como malo. Como si en nombre de su elección o de su maldición, pudiera arrogarse una moral diferente a la de los demás".

La creación del Estado de Israel dio a los judíos soberanía nacional y los convirtió en dueños de su destino. Por ello, para Daniel, es inadmisible que se persista en confundir la barbarie sufrida sólo por haber nacido y existir - que llama "el mensaje de Auschwitz"- con lo que hoy viven a causa de aquello que el Estado hace libre y soberanamente.

"Este sentimiento de fatalidad eterno y omnipresente empezó a confirmarme en la idea de que en el misterio judío había algo que se parecía a una prisión". El judeocentrismo, el encierro tras muros invisibles levantados con conceptos como los de eternidad, esencia y absoluto, asfixian a los judíos y alimentan el antisemitismo. Esa es la tesis central de la obra, que Daniel concibe a la vez como ejercicio de liberación.

V.M.



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