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Osama bin Laden y Al Qaeda
Apocalipsis anunciado

MARIO TRAJTENBERG

LAWRENCE WRIGHT es el autor de un libro de reciente edición en Inglaterra (The Looming Tower, Penguin Books) que pretende exponer las razones históricas de la acción de Al Qaeda y las claves de la personalidad de su creador, Osama bin Laden, un "eje del mal" unipersonal. El libro no sondea en el trasfondo de las simpatías hacia Israel que sustenta la política estadounidense, quizá porque el autor las tiene tan cerca que no las ve. Aceptado esto, hay que leerlo como un documentadísimo ensayo histórico, animado por el dramatismo y el suspenso propios de una crónica de espionaje y un ensayo de explicación de mentalidades.

Al Qaeda quiere decir "la base", al principio un eslogan "para combatir a la URSS opresora, atea y terrorista" durante el decenio que duró la ocupación de Afganistán. En ese momento se trataba de un aliado útil para los Estados Unidos.

EL INSPIRADOR. Las etiquetas políticas están escritas en gelatina y cada tanto dejan de servir. Cuando cayeron las Torres Gemelas hace 7 años, poca gente se preguntó cuál era la fuerza asombrosa de un odio que pudiera haber llevado al suicidio de 19 personas jóvenes. Las ideas que los motivaron pueden rastrearse en la personalidad del egipcio Sayyid Qutb, primer mártir del integrismo islámico, que concibió su ideal durante una estadía en los Estados Unidos, en los años de la posguerra. A su regreso a Egipto, en 1950, Qutb se encontró con un país desmoralizado por la primera derrota contra Israel y por la corrupta monarquía de Faruk, y a punto de prestar oídos a Gamal Abdel Nasser, con su retórica anticolonial que culminaría en la nacionalización del canal de Suez. Anteriormente Qutb había publicado el libro en que se basaba su reputación, Justicia social en el Islam, y desde la cárcel logró sacar un manifiesto titulado Jalones, que fue publicado en 1964 y puesto fuera de la ley, no sin antes haber agotado 5 ediciones. Fue la principal evidencia del proceso en que fue enjuiciado por conspirar contra el gobierno. Qutb postula que, ante el fracaso de Occidente y del comunismo, el turno de regenerar el mundo le ha llegado al Islam. La vida moderna -costumbres, arte, literatura, legislación y aún la falsa cultura islámica- es jahiliyya, un estado equivalente a la ignorancia y barbarie que existían antes de Mahoma. Era preciso desterrar el racionalismo y el culto de la ciencia para que el Islam se redimiera. Qutb fue liberado de la cárcel a instancias del gobierno árabe, pero dos acólitos lo traicionaron y atestiguaron contra él como conspirador contra el gobierno. Desafiante hasta último momento, rechazó las ofertas de clemencia de Nasser y fue ahorcado el 29 de agosto de 1966.

EL MÉDICO. La segunda figura que aparece en este santoral es Ayman al-Zawáhiri, nacido en 1951, también egipcio y actualmente el Número 2 de Al Qaeda. Criado en un cómodo barrio burgués de El Cairo, sobrino de un rector de la Universidad al-Azhar -centro del saber islámico-, siguió la carrera médica por tradición paterna. A los 15 años, a poco de la ejecución de Sayyid Qutb, se había unido a una célula subversiva inspirada por ideales integristas. Eran tiempos terribles para el orgullo egipcio. En 1967 Israel aniquiló su fuerza aérea junto a las de Jordania, Iraq y Siria en la Guerra de los Seis Días, además de perder importantes territorios.

Pasados cuatro años de la muerte de Nasser, ocurrida en 1970, y uno de la nueva derrota de los árabes en la "guerra del Kippur", Zawáhiri era estudiante en la Universidad de El Cairo y estaba a punto de recibirse. Su célula contaba con 40 miembros, y pronto se uniría con otras para formar el Grupo Jihad. Durante tres años fue cirujano de las fuerzas armadas.

Por casualidad, como cuenta en su autobiografía, Zawáhiri fue a parar a Pakistán en 1980 a fin de atender a los refugiados afganos que huían de la invasión soviética. El lugar le pareció mucho mejor que el angosto valle del Nilo para crear un ejército de islamistas radicales. En Peshawar, lugar de una confluencia de ejércitos invasores desde los tiempos de Alejandro el Grande y Genghis Khan, había ya un millón cuatrocientos mil refugiados hambrientos y víctimas de las minas. Se sabía muy poco en el mundo árabe del coraje de los muyahidín, que el joven médico egipcio pudo observar de cerca al atravesar furtivamente la frontera. Zawáhiri pronto llegó a la conclusión de que el jihad afgano era un campo de entrenamiento para la lucha contra la única superpotencia que estaba quedando: la de Estados Unidos. A esa altura, tenía en común con los demás movimientos radicales la convicción de que había que imponer la sharia, basada en 500 versos del Corán que ofrecen la vía para regresar a la perfección de la era del Profeta. El código prescribe entre otras cosas la respuesta a un estornudo y la autorización de usar alhajas de oro, así como castigos contra el adulterio y el alcoholismo, aunque no contra el homicidio. Los islamistas quieren superar tanto la tradición jurídica posterior como la "corrupción" de las influencias occidentales y el modernismo. Muchos en el mundo musulmán disputan la legitimidad de estas consignas, aduciendo que provienen de los códigos beduinos del siglo VII y que no se adaptan a una sociedad contemporánea. El sucesor de Nasser, Anuar el-Sadat, había prometido conformarse a la sharia pero en los hechos siguió otro camino.

Un compañero de célula de Zawáhiri observaba que al médico "le faltaba algo" y no podía aspirar a dirigir ningún grupo del que fuera miembro. En 1981, después de descubrirse un cargamento clandestino de armas, Sadat ordenó el arresto de muchas personalidades de todo color político y confesional. Condenado por haber hecho la paz con Israel, Sadat fue asesinado pasando revista a un desfile, al grito de "¡Matamos al faraón!".

Zawáhiri tenía todo pronto para irse a Pakistán, pero lo arrestaron y, como los demás, fue desnudado y esposado, y con una venda en los ojos tratado a palos en un calabozo medieval construido por Saladino. A los tormentos recibidos, que fueron brutales, se sumaban los gritos enloquecedores de los otros interrogados. Hay quien deduce que el proyecto de atentar contra las torres del capitalismo, cómplice del estado egipcio secular, nació en la humillación de los calabozos de la ciudadela cairota. Zawáhiri fue obligado a denunciar a compañeros.

Salido de la cárcel en 1984, se fue a Arabia Saudita. Tenía 34 años y la mitad de ellos había dirigido un movimiento clandestino. Un abogado amigo lo vio en Jeddah y lo encontró con el cuerpo repuesto de la tortura, pero con un sentimiento de culpabilidad por haber delatado. Es posible que en ese tiempo haya conocido a Osama bin Laden.

EL "EMIR". El camino de regreso a Afganistán pasaba directamente por el apartamento de Osama en Jeddah. Su padre Mohammed, nacido en Yemen, era una personalidad legendaria. Cuando llegó a Arabia Saudita en 1931, el país se encontraba en una difícil situación económica, causada por la depresión mundial que estranguló el flujo de peregrinos a la Meca. Muy pronto el descubrimiento de yacimientos petrolíferos acarrearía una prosperidad inaudita al país y sus jeques. Mohammed bin Laden, un pequeño hombre analfabeto dotado de una brillante capacidad de cálculo y del favor del rey Abdul Aziz, construyó casi todas las carreteras importantes del país, además de agrandar considerablemente la mezquita del Profeta para volverla capaz de recibir a un millón de peregrinos. Mohammed tuvo 22 esposas y 54 hijos (oficiales). La cuarta mujer, Alia, tuvo como único hijo a Osama, "el León", nacido en enero de 1958. A los cuatro o cinco años, sus padres se divorciaron y Alia volvió a casarse. Poco tiempo después, Mohammed bin Laden murió en un accidente de aviación. Osama se quedó en Jeddah. Su despertar religioso ocurrió a los 14 años. A partir de ese momento no quiso perderse ninguna de las 5 oraciones diarias y fue un censor implacable de la conducta de sus hermanastros. Toda su vida tuvo sed de austeridad y de la vida del desierto. Pero, como observa Lawrence Wright, "era difícil ser fiel a este concepto de sí mismo mientras se desplazaba por el reino en el Mercedes de la familia". Cuando jugaba al fútbol con sus amigos, usaba pantalones largos por pudor, y el resto del equipo lo imitaba. Tenía pasión por los caballos; poseía 20 en la propiedad familiar. A los 17 años se casó por primera vez, con una prima de Siria. Ingresó a la universidad para estudiar economía, pero los asuntos religiosos le interesaban más. Lector ávido de Sayyid Qutb, asistía a las conferencias de Mohammed, hermano menor del mártir y defensor celoso de su prestigio y de los métodos violentos que preconizaba.

LA INVASIÓN SOVIÉTICA. A fines de 1979 dos acontecimientos sacudieron al mundo árabe. El primero fue un atentado contra la Gran Mezquita, que dejó, según cifras extraoficiales, 4.000 muertos, y que terminó con 63 rebeldes decapitados -la mayor ejecución colectiva en la historia del país-además de los 117 que habían muerto en el incidente. La segunda conmoción fue la invasión soviética de Afganistán, primer paso -según se temía en la península- hacia una salida de la URSS a los mares cálidos del Golfo Pérsico. La familia bin Laden, poseedora de los planos de la mezquita, desempeñó un papel clave en la remoción de cadáveres y escombros. Relacionado ahora con la familia real saudita, Osama pudo canalizar anualmente 500 millones de dólares en subsidios al jihad afgano, suma que era depositada en una cuenta suiza controlada por el gobierno de Estados Unidos. "Tenía una sonrisita y manos blandas", recordaba un coriáceo resistente afgano. "A uno le parecía estar dándole la mano a una mujer". Tímido y serio, a muchos les daba una impresión de ingenuidad. "Comía y dormía muy poco", dice un compañero argelino. "Era muy generoso con su ropa y su dinero". Su salud distaba de ser ideal; siempre le bajaba la presión y se enfermaba antes de los combates. Los "árabes" de Peshawar, más que una victoria política contra el invasor, perseguían un ideal de martirio y muerte. Era preferible a la miseria y la falta de oportunidades políticas y culturales en sus países, desde Iraq hasta Marruecos. Para muchos de ellos, el combate contra los agresores era apenas una escaramuza de la guerra eterna.

En 1986, cuando los soviéticos iniciaron una retirada que duraría tres años más, Osama bin Laden llevó a sus mujeres y niños a Peshawar. Desde ese momento, a pesar de que varias corrientes desgarraban la resistencia, fue reconocido como su "emir".

DECLARATORIA DE GUERRA. En una reunión de 1988 se fundó Al Qaeda con un grupo de 15 entusiastas, y su acción comenzó oficialmente el 10 de setiembre. Osama volvió a Arabia Saudita en 1989, pero no para disfrutar la modesta fortuna familiar de 7 millones de dólares. El derrumbe de los precios del petróleo fomentó la acción de los muttawa, milicia semioficial de vigilantes religiosos cuya intolerancia fue precursora de la que distinguiría al Talibán. ¡Pobre de la mujer a la que se le viera un rizo de pelo por debajo del velo! Era inmediatamente apaleada. En los programas de televisión, dominados por barbados expertos en legislación islámica, se desterró la aparición de Umm Kulthum y del ruiseñor libanés, Feiruz. La censura ahogó la expresión literaria, artística e intelectual.

Desaparecido el enemigo soviético, surgía ahora el fantasma de los Estados Unidos y su apoyo al Estado enemigo de los palestinos, Israel. Por el momento el "emir" se limitó a abogar por un boicot de los productos norteamericanos. Pero más tarde hablaría de otra manera: su odio contra los Estados Unidos, dijo, databa de 1982, cuando la Sexta Flota ayudó a Israel en su invasión del Líbano. "Cuando miraba esas torres demolidas en el Líbano, se me ocurrió que debíamos castigar al opresor con la misma moneda y destruir torres en Estados Unidos para que ellos sintieran algo de lo que nosotros sentíamos".

Sin el aliciente de la resistencia antisoviética, muchos jóvenes de clase media y buen nivel de educación empezaron a concentrarse en los campamentos de Afganistán para aprender los principios utópicos de Al Qaeda. Se contaba con una buena biblioteca de obras militares, incluida Rebelión, la autobiografía de Menahem Begin, relatando el camino que lo llevó desde el terrorismo a la primera magistratura de Israel.

En 1990 el reino saudita fue testigo de la invasión iraquí a Kuwait. La casa real esperó una semana entera antes de autorizar la difusión de la noticia. Para evitar que los pozos petrolíferos sauditas cayeran en manos iraquíes, los americanos convencieron al rey Fahd de que aceptara la presencia de tropas estadounidenses en territorio saudita. Bin Laden propuso a los estrategas que lo dejaran defender las fronteras sin necesidad de apelar a tropas no musulmanas, basándose en la experiencia de Afganistán. "No hay cuevas en Kuwait", objetó el ministro de defensa saudita, príncipe Sultan. "¿Qué harán cuando el enemigo les haga llover misiles con armas químicas y biológicas?". La respuesta de bin Laden fue: "Lo combatiremos con la fe".

No le creyeron: medio millón de soldados norteamericanos entró al reino y Hussein fue derrotado en Kuwait. El rey Fahd revocó la ciudadanía de bin Laden (ahora en Sudán) y las tropas de Estados Unidos se quedaron en Arabia Saudita meses después de la derrota de Hussein, presencia que motivaría una formal declaración de guerra de Al Qaeda.

En 1998 Al Qaeda no había dado aún ningún golpe, hasta que ese año se produjo un atentado contra la embajada de Estados Unidos en Nairobi, que dejó 213 muertos y 150 personas cegadas por los vidrios. Y en octubre del 2000 "un gran triunfo": la voladura del navío antimisiles USS Cole en el puerto de Adén, el jardín del Edén bíblico, de donde había zarpado al arca de Noé, y donde estaban enterrados Caín y Abel.

ESPÍAS. En paralelo con la historia de Al Qaeda puede contarse la rivalidad entre el FBI (Oficina Federal de Investigaciones), que tiene un radio de acción limitado al interior de los Estados Unidos, y la CIA, que se ocupa de las operaciones en el exterior, desde el desciframiento de códigos hasta los asesinatos. Figura clave del enfrentamiento fue un playboy, John O`Neill, jefe de la sección antiterrorismo del FBI. A diferencia de otros colegas, O`Neill cultivaba la confraternización y el intercambio de informaciones con sus contrapartes de otros organismos, incluidos los servicios extranjeros de seguridad. O`Neill y bin Laden estaban hechos para comprenderse, dice Wright. Eran "ambiciosos, imaginativos, implacables y con vocación de destruir al rival y todo lo que representaba". Físicamente no podían haber sido más diferentes, pero ambos practicaban formas de la poligamia, extraoficial en el caso de O`Neill. A diferencia de Louis Freeh, director del FBI, un hombre de familia, notorio por su ropa deslucida y su hostilidad a las computadoras, O`Neill siempre tenía en los bolsillos el último modelo de celular y de agenda electrónica. Vestía ropa importada elegante, estaba continuamente endeudado y era conocido por su generosidad y sus gestos de apoyo a los amigos enfermos. Después de casarse y tener dos hijos hubo varias mujeres en su vida, a quienes ocultaba su vida familiar. La relación más larga y más firme fue con Valerie James, una especialista en ropa de moda que conoció en Chicago.

O`Neill fue testigo de los secreteos de la CIA desde que intentó esclarecer la red de complicidades que permitió el atentado de Adén. Poco después empezaron a ingresar en territorio norteamericano algunos de los emisarios comanditados por Al Qaeda, que se disponían a seguir cursos de pilotaje. La CIA lo sabía pero no se lo contó al FBI, por razones que hasta la fecha no son completamente claras. La pura rivalidad es una explicación demasiado simple. Como otras veces, la CIA temía que el uso judicial de su "inteligencia" comprometiera relaciones con servicios extranjeros de espionaje. El temor era aun más fundado tratándose de John O`Neill, que presumiblemente iba a exigir el control total de una información que involucraría al FBI. También existe la teoría de que la CIA estuviera tratando de reclutar a dos de los viajeros que habían asistido a una reunión secreta de coordinación en Malasia, Nawaf al-Hazmi y Jaled al-Mihdhar, con el designio de convertirlos en agentes dobles. Estos llegaron a Los Ángeles en el mismo vuelo, llevando instrucciones de Al Qaeda, el 15 de enero del 2000. El hecho de que la CIA no divulgara la presencia en el país de agentes hostiles comprometió la capacidad del FBI para actuar en territorio propio. O`Neill tenía enemigos y cometió faltas, por ejemplo olvidar en una mesa un portafolios con información importante. Perdió la oportunidad de una promoción y, el 23 de agosto de 2001, dejó el FBI y pasó a dirigir los servicios de seguridad del World Trade Center. El día 11 del siguiente mes sobrevivió al primer ataque contra una de las Torres Gemelas. Se trasladó a la torre sur, cuando aún estaba intacta. Su cadáver se encontró diez días después.

Osama bin Laden y Ayman al-Zawáhiri pudieron salvarse de las bombas norteamericanas que caían sobre las cuevas afganas y cruzar la frontera hacia Pakistán. Con la invasión de Iraq, pronto empezaría otro capítulo de la historia.



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