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La oscura saga de Sendero Luminoso
Más de un Perú

ÁLVARO OJEDA

ESCRIBE Santiago Roncagliolo:"En 1983, la comisión reporta 103 muertos y desaparecidos a cargo de las fuerzas del orden sólo en Huanta. El mismo año en la provincia de Huamanga que estaba en manos del Ejército Peruano, ocurrieron las masacres de Acocro, Chiara y Socos, donde los sinchis, comandos especiales, mataron a 37 personas por mencionar sólo las más graves. Sendero no se quedaba atrás. En Uchuraccay exterminaron a 135 personas, la tercera parte de la población total. Ese año y el siguiente, las provincias del norte ayacuchano sufrieron 6.342 muertes de uno y otro lado. Y yo volví al Perú. Y papá decía que ahora había una democracia."

Se trata de datos impactantes pero insuficientes. Es una voz que establece cifras oficiales extraídas del informe de la Comisión por la Verdad que investigó las actividades insurgentes del Partido Comunista Peruano, por el "sendero luminoso de Mariátegui". Son cifras serias.

Sin embargo, sólo son números unidos a universos ignotos, pese al mapa del Perú reproducido en las páginas finales del libro. Nombres que son formas culturales que un lector de estas latitudes no comprende. Un país donde conviven blancos "pitucos", negros, indios, mestizos. Un país con costa, cordillera y selva, que parece necesitar otra mirada, que no se disuelva en los vaivenes personales de un exiliado de origen europeo que -para colmo- se aburre bastante cuando hay que hablar de ideología. Y en el caso de Sendero Luminoso es imprescindible hablar de ideología. Esa mirada no se licúa con el dramático cambio a la primera persona del final del párrafo citado. Para decirlo de otra manera, intentar algo similar a lo que hizo Truman Capote en su memorable A sangre fría, es difícil. No se obtiene con la utilización de la primera persona del singular en el remate de una parrafada de datos atroces.

LO QUE LE PASÓ A RONCAGLIOLO. Santiago Roncagliolo nació en Lima en 1975. Es un escritor exitoso, ha obtenido el Premio Alfaguara en 2006 por su novela Abril rojo. Su extracción social y racial, porque en este asunto hay que hablar de razas, lo coloca más cerca de Europa que del país al que Sendero Luminoso dijo representar. Primer escollo. El segundo escollo radica en el punto de vista que elige para narrar la historia de Abimael Guzmán, el líder de los senderistas, terror de una nación que perdió 70.000 vidas en una guerra revolucionaria que él, como "presidente Gonzalo" desencadenó y condujo. La incertidumbre de Roncagliolo lo lleva a oscilar entre el deber de entender a su país y el éxito editorial. Cuando Roncagliolo se conecte con el único periodista que entrevistó a Guzmán se desilusionará amargamente.

"No encuentro confesión de criminalidad, algo de sangre, una buena historia." Entonces comienza a suponerla. Y supone algo atractivo y vendible. Y como todo creador que se juega a la venta rápida y poderosa, logra que crezca su peculio mientras se desvanece su escritura. Trata de llenar ese vacío comercial con una novela escrita por la hermanastra de Abimael, Susana Guzmán, que cuenta aparentemente la niñez infeliz del futuro guerrillero. Lo hace en el supuesto de que la infancia es la matriz del hombre adulto. Y de alguna manera esa premisa termina por envolverlo a él mismo. Roncagliolo no puede hablar sino desde su infancia aterrada, y con razón, por las fotografías de los perros colgados durante el fin del año 1980, en el centro de Lima, con la leyenda: "Deng Xiao Ping hijo de perra". Esas imágenes no poseen significado alguno para los exiliados políticos sudamericanos de los 70, sus padres entre ellos. Son otra cosa. Algo que eriza la piel. Roncagliolo catapulta desde esa sensación infantil su investigación. El hecho histórico se le escapa porque él está fuera del mundo de los hechos y porque no posee un bagaje adecuado para enfrentar un hecho histórico. Entonces opta por cubrir esos baches con fuentes tan insólitas como la Wikipedia, una enciclopedia colectiva colgada en Internet. A veces utiliza discursos elaborados por Guzmán demasiado propagandísticos. Otras veces opta por sus impresiones del horror, la infancia nuevamente, las fotografías o ciertas opiniones anti marxistas leninistas del peor Vargas Llosa. Un mosaico de interés comercial, lectura veloz para la playa y hechos reales. Una mirada pos-posmoderna, a vuelo de Internet, sobre hechos feroces, da como resultado una ambigüedad no exenta, paradójicamente, de interés.

El milagro se logra desde la literatura. Cuando Roncagliolo se dedica a glosar las terribles fotografías reproducidas magníficamente en el libro, la literatura, el camino que quizás debió seguir, lo salva. Ver la cabeza herida de un campesino por un machetazo de los senderistas, su mirada entre borrosa y colosal. Seguir la saga macabra de la muerte de 8 fotógrafos a los que los campesinos ajustician con sus propias manos porque no saben, como aclara el autor, la diferencia que existe entre las armas de fuego y las máquinas fotográficas, hiela la vista y la sangre y la vida.

Contar el ascenso del anodino profesor que astutamente se ubica en un cargo inferior en la Universidad de San Cristóbal en Ayacucho, la tercera ciudad más pobre del Perú, y verlo mutar de señorito en Mesías del campesinado, conlleva un retrogusto amargo que inunda todavía estas playas. Sacar la conclusión, a poco que se conozca la actividad de Sendero Luminoso, de que el cruzamiento histórico del marxismo-leninismo y el maoísmo con un tipejo como Guzmán u otro fanático similar produjo siempre monstruos -de la peor especie- es un valor efectivo de la prosa de Roncagliolo.

Saber que el presidente Gonzalo se consideraba a sí mismo la cuarta espada de la revolución comunista luego de Lenin, Stalin y Mao, obliga a pensar que es hora de olvidar razones tácticas y explicarles a los deudos de las víctimas de los senderistas, aunque más no sea a ellos, las razones por las que China acunó a semejante personaje desde 1965. Sobre todo ahora que los jerarcas comunistas chinos navegan por las productivas aguas del capitalismo sin una sola arruga en el pantalón de marca, comprado en Hong Kong. Al menos sería un acto de elegancia por no decir una honra fúnebre definitiva a las razones de estado y a toda justificación de una barbarie que pretende sustituir a otra.

LA GUERRA POPULAR. En el capítulo 5, "Incitar al genocidio", Roncagliolo escribe: "Mi primer recuerdo del Perú fue el de los perros de Deng Xiao Ping. A mí me dieron miedo. Pero Abimael celebró así: `¡Pueblo peruano! Hoy tus hijos enarbolan la gran bandera roja de tu rebeldía comenzando a plasmar con hechos tus más grandes sueños revolucionarios. Hoy tus hijos han iniciado el esforzado, duro y brillante camino de cercar las ciudades desde el campo, el glorioso camino de la guerra popular. Así, hoy tus hijos surgidos de tus poderosas entrañas te ofrendan sus acciones armadas y sus vidas saludando en este año nuevo tu heroica lucha y grandioso porvenir."

Perros colgados. Algunos destripados o pintados de negro. Luego hombres, mujeres y niños. La historia de un profesor alucinado, de un país que no tiene identidad única, de un continente a la deriva. Un continente que cuelga de los postes de luz. Símbolos del fracaso de la razón, como los perros de Abimael. Roncagliolo roza ese mundo inconducente y enigmático cuando entrevista a las guerrilleras presas en lo que constituye el mejor momento del libro. En estos tiempos de definición de literatura de género y de igualdad de oportunidades para varones y mujeres, estas sonrientes presidiarias continúan, como las novias bíblicas, esperando al novio que las rescatará. Nunca antes las mujeres ocuparon lugares tan primordiales en una organización guerrillera, de modo que, incluso en esa igualdad feroz de los sexos, Guzmán fue un corruptor de causas justas.

El lector sabe que hay otras razones más profundas que las expuestas pero agradece la aproximación.

LA CUARTA ESPADA. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso, de Santiago Roncagliolo. Debate, Barcelona, 2007. Distribuye Sudamericana. 285 págs.



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