La literatura como traición

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CARINA BLIXEN

EN 1972 Ángel Rama publicó en Montevideo Con los ojos cerrados, volumen que incluía ocho cuentos de Reinaldo Arenas (1943-1990) con el título de uno de ellos. En ese momento el escritor cubano había dado a conocer una novela en su país, Celestino antes del alba, (1967) y tenía problemas para seguir publicando. El libro de cuentos editado por Arca presenta como epígrafe una cita de la novela Por los tiempos de Clemente Colling de Felisberto Hernández, probablemente elegida por el editor: "Porque no creo que solamente deba escribir lo que sé sino también lo otro". Narrado desde la perspectiva de un niño, "Con los ojos cerrados" (1964) exalta el poder de la imaginación. El epígrafe de Felisberto inscribe la obra de Arenas en una escritura de investigación en la vida, la memoria, el inconsciente, la fantasía a la que fue siempre fiel. Su literatura ostenta al mismo tiempo su anclaje en su peripecia vital y su desbordarse en la exaltación, la distorsión, el delirio. A diferencia de Felisberto, Reinaldo Arenas fue un escritor político. Fue, deseada o fatalmente, un escritor de la revolución cubana, porque la revolución hizo posible que se formara y pudiera escribir y porque su vida y su obra tienen sentido en, contra o fuera de la revolución. El "caso Arenas" ha sido muy debatido y sin duda no está cerrado, pero esta nota solo quiere llamar la atención sobre la reciente reedición en un volumen de dos de sus libros de cuentos, Termina el desfile. Adiós a mamá, excelente acercamiento a su prosa deslumbrante.

NACIMIENTO Y FIN. Después que se fue de Cuba, Arenas sumó a los ochos cuentos publicados por Rama otro, "Termina el desfile", y publicó los nueve con el título del último. "Termina el desfile" está inspirado en lo ocurrido en la embajada de Perú en La Habana en abril de 1980 cuando, al abrir sus puertas a quien quisiera dejar la isla, fue ocupada por un tumulto incontenible. Arenas logró meterse entre la gente e irse desde el puerto de El Mariel. El libro Termina el desfile fue publicado en 1981 y está perfectamente pensado como un ciclo que narra el nacimiento y el fin de una esperanza.

El cuento inaugural "Comienza el desfile" (1965) no es el primero escrito por Arenas, pero es el que pauta su iniciación en la vida en el momento del cambio revolucionario. Arenas, como el protagonista del cuento, tenía dieciséis años en 1959 cuando los rebeldes liderados por Fidel Castro tomaron La Habana. El cuento está narrado en primera persona por un muchacho que forma parte de ese "desfile", esa multitud alborozada que se desplaza tras los rebeldes. Las palabras fluyen como un torrente y crean un movimiento envolvente que arrastra al protagonista y sus deseos, sus recuerdos, sus amores y sus odios. Esta manera de contar le permite seguir el ir y venir de la mente del narrador y el fluir de una realidad imprevisible, en gestación.

Más que el sondeo de oscuridades, el lenguaje desatado descubre la vivencia placentera, alborozada de la libertad y la disponibilidad. Como el argentino Manuel Puig (1932-1990), Arenas tiene oído para recrear una dicción alimentada de la fantasía prehecha de la radio y el sentido común de unas vidas quietas. A diferencia del argentino, tuvo la oportunidad de presenciar ese reducto sacudido por el vendaval revolucionario. Con mucha delicadeza queda esbozada la atracción homosexual del narrador por otro muchacho, uno de los "héroes" bajados de la sierra y su notoria y todavía no demasiado problemática capacidad de participar, de lanzarse, y al mismo tiempo no mimetizarse totalmente. La gente canta un himno y el narrador "abre y cierra la boca, como si cantara, pero sin hacerlo". Cuando vuelve a su casa, ya seguro el triunfo, la familia y los vecinos han perdido el miedo, saben que en ese momento es mejor tomar una bandera y festejar, pero el narrador se encierra en el baño.

El desesperado y también multitudinario "Termina el desfile" (1980) con que finaliza el libro es más alucinado, más perentorio, más quebrado que "Comienza el desfile" porque el lenguaje ha incorporado la persecución. Como cuenta metafóricamente en "Los heridos", el sujeto ha hecho suya la esquizofrenia como respuesta a la violencia. Pero antes, en el magistral "La Vieja Rosa" (1966) Arenas había elegido contar la revolución desde los ojos de una campesina ignorante, terca, desconfiada y enriquecida gracias a su trabajo, astucia y avaricia. La revolución le saca todo, también los hijos que se liberan de su yugo. Es notable esa potencia de mirar desde el otro lado, de crear una visión dialéctica que asume también el lugar del perdedor.

UN TRAIDOR FELIZ. El recuerdo de Ángel Rama puede oficiar en este caso de puente entre los dos libros, porque, residente en Estados Unidos y a solicitud de la editorial de Marcha que funcionaba en México, publicó en 1981 una antología de escritores jóvenes latinoamericanos (Novísimos narradores hispanoamericanos en marcha 1964/1980) en la que incluyó el cuento "Adiós a mamá" de Arenas. El libro Adiós a mamá, integrado por ocho relatos, apareció en 1995. El conjunto es más disonante que el de Termina el desfile.

En la obra de Arenas la figura de autoridad no es el padre, sino la madre, multiplicada en abuelas y tías. El hombre es amigo, archienemigo o sujeto de deseo. El cuento "Adiós a mamá" escrito primero en 1973 y después definitivamente en 1980, ha sido leído como una alegoría de la relación del narrador con Cuba, pero puede interpretarse, en sentido más amplio, como la liberación de la opresiva figura materna. Las hermanas del narrador se van inmolando sucesivamente ante el cadáver de la madre que maquillan y ven cada vez más hermoso pese a la hinchazón y los olores de la putrefacción. El último hermano, el varón, en lugar de seguir los pasos de sus hermanas, elige vivir: "definitivamente cobarde, aspiro la brisa", dice. Y termina: "Soy un traidor. Decididamente soy un traidor. Feliz". Resuelve sobrevivir en la conciencia de que hacerlo es antiheroico y amoral. En el mundo de Arenas la infamia es intrínseca a la fuerza vital.

Dos cuentos del libro fueron escritos en La Habana ("El traidor" y "Algo sucede en el último balcón"), cuatro en Estados Unidos ("La torre de cristal", "El cometa Halley", "La Gran Fuerza", "Final de un cuento") y otros dos tuvieron una versión primera en La Habana y una final, fuera ("Adiós a mamá", "Memorias de la tierra"). El narrador no cree en nada. En Estados Unidos su cinismo y desesperación no tienen ya alternativas. En algunos cuentos mantiene su ironía en los límites de un relato que sigue apostando a crear una ficción aunque la trascienda cargándola con sentidos alegóricos ("El traidor", "Algo sucede en el último balcón", "Adiós a mamá") y, en otros, el impulso impugnador crea una parodia que rompe con todo criterio de verosimilitud para crear algo que podría describirse como parábola grotesca ("La gran fuerza", "Memorias de la tierra").

Escrito en 1974, todavía en Cuba, el cuento "El traidor" juega con la conciencia de la falta de valores del mundo "libre", analiza la mentira cotidianamente aceptada como una forma violenta de agresión consigo mismo, se burla del papel de víctima. El protagonista de "La torre de cristal" (1986) es un escritor cubano exiliado que está en Miami. La vida social que cree necesaria para conseguir dinero para publicarse le impide escribir. Traiciona a sus personajes que le piden existir, pero a los que él no puede dedicar tiempo. "Final de un cuento" (1982) puede entenderse muy libremente como una reescritura en Nueva York del suicidio contado en La Habana en "Algo sucede en el último balcón" (1963). El narrador va a tirar al mar, en el punto más al sur de Norteamérica, las cenizas de un amigo que se mató porque no podía vivir en Cuba ni fuera de ella.

Los relatos "La gran fuerza" (1987) y "Memorias de la tierra" (1972/1980) coinciden con la forma de imaginación de El color del verano (1999) y El asalto (2003), las últimas dos novelas de las que Arenas llamó su "pentagonía". En el extremo de la exclusión, el segregado se convierte en Dios y mira la tierra desde su infinita soberbia. La imagen del traidor perturba la vida y la obra de Arenas. Fue, sin embargo, radicalmente honesto en la entrega a su literatura. Es tal vez por eso uno de los grandes narradores latinoamericanos.

TERMINA EL DESFILE. ADIÓS A MAMÁ, de Reinaldo Arenas, Barcelona, Tusquets, 2006. Distribuye Urano. 289 págs.

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