VICTORIA VERLICHAK
CONSIDERADO como uno de los mejores fotógrafos del siglo XIX, Félix Nadar es un genial precursor del retrato y de la fotografía aérea. La reciente muestra desplegada en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires (Los grandes retratos de Nadar) es un formidable ejemplo de documentalismo poético y justifica plenamente la admiración que suscita este artista.
Entre el documento y la expresión artística, las fotografías de Nadar sobresalen por el magistral uso de la luz y por sus notables protagonistas. "Fotografiar es pintar con la luz. (…). El juego de la luz y sombra busca un acuerdo más íntimo con la naturaleza de cada persona", sostiene. Nadar es autor de varios libros, incluyendo Cuando yo era fotógrafo, volumen rico en comentarios acerca del proceso fotográfico, de los imprescindibles conocimientos de óptica, química, mecánica y de la capacidad de observación que él tan bien manejaba.
Nadar es el seudónimo adoptado a los veinte años por Gaspard Félix Tournachon, nacido en 1820 en París, ciudad donde murió en 1910. Estudiante de medicina en su ciudad natal, a partir de 1842 se trasladó a París debido a la quiebra de la empresa de impresión de su padre, y comenzó a ganarse la vida como periodista, caricaturista, y grabador. En 1854 aparece el "Panteón Nadar", compuesto por unas trescientas caricaturas que lo hicieron famoso.
Pero antes, en 1851, Nadar realizó la imagen litográfica de un gigantesco fresco que incluye alrededor de doscientos cincuenta célebres intelectuales franceses. Precisamente las sesenta fotos exhibidas en Buenos Aires inmortalizan los rostros, emociones y momentos de un impresionante compilado de la "gloria intelectual, literaria y artística de la Francia del Segundo Imperio, bajo el reinado de Napoleón III", un momento de expansión industrial y del pensamiento, contradictorio en relación a ciertas libertades públicas.
Las fotos sobre fondos oscuros registran para la historia los semblantes de artistas, músicos y escritores, políticos y científicos; pero también ciertos rasgos de sus personalidades que Nadar, con una seductora paciencia y pericia, supo extraer a sus geniales y voluntarios modelos.
Los escritores Victor Hugo, Charles Baudelaire, Alexandre Dumas, George Sand, Jules Verne, Émile Zola, Alphonse Daudet, Gérard de Nerval, Alphonse de Lamartine (también político); los pintores Édouard Manet, Eugène Delacroix, Gustave Courbet; la notable actriz Sarah Bernhardt; los músicos Giuseppe Verdi, Hector Berlioz; el arquitecto Charles Garnier (autor de la Ópera de París, entre otros magníficos edificios); "el aventurero del pensamiento y de la ciencia", humanista y filósofo político, Pierre-Joseph Proudhon y el padre de la física moderna Antoine Becquerel integran parte de esta galería. También incluye a miembros de la familia inmediata del artista, ya que, tal como sostiene Nadar: "el retrato que mejor me sale es el de las personas que mejor conozco".
Interesado por las ideas más avanzadas de su tiempo "en política, literatura, ciencias" y promotor de la libertad de prensa, Nadar realizó estas tomas, directas pero no objetivas, en su estudio parisino entre 1855 y 1885. Lejos de la mordacidad de sus caricaturas, estos históricos retratos van más allá del logro técnico y captan un único instante verdadero pero engañoso porque ya no es, de una serie de (pocas) mujeres y hombres, cuyas mentes brillantes hicieron más rica la vida de muchos. Gracias al instinto visual de Nadar, las imágenes confirman que la fotografía es también la posibilidad de la trascendencia.
La muestra proviene del Museo Jeu de Paume de París. Responsable de la curaduría en Buenos Aires, Virginia Fabri detalla que se trata de "copias modernas realizadas en 1980 en albúmina, con las técnicas del siglo XIX que usaba Nadar. Están hechas por contacto a partir de los negativos originales, que son placas de vidrio negativos al colodión, (…) con una prueba única, utilizando tiempos largos de exposición y realizando luego numerosos positivos".
DETRÁS DEL VIDRIO. La enorme producción fotográfica de Nadar asciende a más de cuatrocientas mil placas de cristal (que posibilitan una excelente definición) tomadas desde el cielo y en las entrañas de la ciudad. Entre ellas se encuentran las fotografías aéreas que realiza a bordo de un globo aerostático, denominado "El Gigante". La primera de esta serie fue en 1858, año en que comenzó también a fotografiar con ayuda de la luz eléctrica. Así, a partir de 1860, empieza a fotografiar con luz artificial misteriosos túneles y refugios subterráneos de París tanto como sus cloacas.
A sus aportes al lenguaje del retrato es preciso agregar la "foto-interviú". Nadar entrevista a sus "modelos" (como el científico y químico Eugène Chevreul, autor de la teoría de los colores basada en la utilización de los círculos cromáticos), mientras los somete al por entonces lento proceso fotográfico. Los diálogos enriquecen la mirada de Nadar sobre los protagonistas -aparecen sensibles, revelando una imposible inmediatez- de la élite intelectual que supo reflejar magistralmente para la posteridad.