Buen clima y soluciones débiles

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SOLEDAD PLATERO

SALVO MONTALBANO es subcomisario en una localidad de montaña que le produce claustrofobia. Odia esos paisajes ásperos que fascinan tanto a los turistas como a los lugareños. Sabe que muy pronto será ascendido a Comisario, y su mayor miedo es que junto con el ascenso llegue la orden de permanecer allí, en Mascalippa, encerrado entre el horizonte saturado de cumbres y el sol despiadado que quema los pastos. La angustia de anticipar ese horror lo paraliza. Pero la suerte quiere que su primer destino como comisario sea en Vigata, una ciudad costera que recuerda con deleite desde la infancia. Estuvo allí de la mano de su padre, y la memoria le trae sin esfuerzo el olor del mar y el sabor inigualable de los helados del café Castiglione.

Antes de ser comisario, Salvo no tiene todavía una novia genovesa llamada Livia. Ese lugar lo ocupa Mery, una maestra de latín con la que comparte una o dos noches a la semana. Como Livia, Mery vive en otra ciudad. Es que en la economía narrativa de Camilleri algunos rasgos se reiteran hasta el facilismo, aunque no lleguen a estropear el conjunto. Las mujeres son uno de esos rasgos repetidos. Todas las mujeres de Montalbano -novias, amigas, amantes, conquistas ocasionales- son de algún modo la misma mujer: sensata, todavía joven pero entrada en la madurez, bella de un modo sereno o "casi secreto", independiente, y sin remilgos a la hora de comer. Los nombres cambian, pero las mujeres no. A veces son funciones narrativas; otras, meros atributos del personaje principal. No tienen más peso que el necesario para balancear la figura del héroe, y algunas veces sirven para permitirle descifrar un misterio que solo a las mujeres les es dado descifrar.

El primer caso de su carrera como comisario introduce a Montalbano en la oscura tela de corrupción y favores recíprocos que durante años han ido tejiendo la mafia y el poder político. Un pichón de mafioso recién salido de la cárcel protagoniza un accidente de tránsito y considera oportuno amenazar a su víctima y partirle la nariz de un golpe. El futuro comisario Montalbano presencia los hechos y tiene la brillante idea de ofrecerse como testigo a favor del agredido. Las consecuencias de ese gesto altruista lo van a llevar a su primer enfrentamiento con la mafia local y con autoridades demasiado complacientes.

Este libro reúne tres casos del comisario Montalbano. Además del que acabamos de mencionar, los otros corresponden a épocas más avanzadas de la vida del policía. El propio Camilleri dice, en una nota al final del volumen, que esa distancia temporal puede percibirse también en la diferencia de estilos entre el "caso número uno" y los otros. No es tan así. La verdad es que el primer caso de Montalbano no tiene grandes diferencias estilísticas con los otros dos ni con la mayoría de las novelas de la serie, salvo, tal vez, con la primera (La forma del agua, de 1994), en la que la figura del comisario todavía no mostraba todos sus rasgos particulares.

Por el contrario, este primer caso parece escrito para asegurar la continuidad de un personaje que se fue redondeando con gran eficacia, para deleite de millones de fanáticos, y que consigue atrapar al lector sin necesidad de hacer correr una gota de sangre. Ninguno de los tres relatos de este libro incluye homicidio alguno, y sin embargo, nada se pierde con esa falta. Los lectores de Camilleri no son lectores de misterio, sino más bien cómplices de cierto tipo de detectives. Años de acostumbramiento al policial europeo les han enseñado que lo más importante es el clima que rodea a cada investigación: la comida, el paisaje, el ánimo del protagonista, y la recompensa de un cigarrillo fumado a solas después de un día largo y peligroso.

En suma, el lector fanático tendrá en este libro tres ocasiones de ser feliz, sin sentir en ningún momento que se le ha estafado algo por la falta de muertos. Tampoco el hecho de que los relatos sean más cortos hace que sean menos disfrutables. Al contrario, tal vez un pecado -digamos que un pecado menor- de las novelas de la serie es que son un poco largas para el escaso empeño que el autor parece poner en la solución de la intriga. Eso no ocurre en este compacto de "tres por uno", así que la fiesta está asegurada.

EL PRIMER CASO DE MONTALBANO, de Andrea Camilleri, Salamandra, Barcelona, 2007. Distribuye Océano, 317 págs.

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