El poeta de los baldíos mágicos

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Sábat

ÁLVARO OJEDA

EN EL TANGO "El último organito", compuesto por Homero Manzi y por su hijo Acho en 1949, se lee: "Saludarán su ausencia/ las novias encerradas/ abriendo las persianas/ detrás de su canción/ y el último organito/ se perderá en la nada/ y el alma del suburbio/ se quedará sin voz".

"El alma del suburbio" no le pertenece. El alma del suburbio es el título del libro de poemas publicado en 1912 por el proto poeta del tango Evaristo Carriego.

Un poeta, Manzi, rinde homenaje a su maestro.

Hay otros detalles interesantes en esta relación de poetas y títulos. Manzi recrea ciertos personajes y escenarios que Carriego instala en la poética del tango. Las novias eternas, el ciego que llora, el organito como música de los pobres, la digna periferia de las ciudades del Plata y algo intangible, el alma de esa periferia. Increíblemente, tanto Carriego como Manzi eran provincianos. Acaso allí estribe el misterio del tango y su poética de desterrados. Si Carriego marcó los límites físicos y humanos del lenguaje del suburbio y Pascual Contursi le adosó el llanto por la patria perdida disimulada en la mujer que abandona, Homero Manzi instauró el giro evocativo, la enumeración, la transformación del alma del suburbio en poesía. La sublimación del barrio en arte.

Añatuya, Boedo, los símbolos. Homero Nicolás Manzione nació en Añatuya, Santiago del Estero, el 1º de noviembre de 1907. Su padre Luis, porteño, y su madre, Ángela, entrerriana de Concepción de Uruguay, habían recalado en esa región de la nada por un cuñado que quería instalar una fábrica de soda y potasa. El propio Manzi describe a su pueblo: "mísero villorrio sin ladrillos, sin médico, sin registro civil. Casualmente el Registro Civil se instaló en Añatuya cuando nací yo. Soy pues el primer añatuyense inscripto en sus actas".

Sobreviven de Añatuya unos versos y largos veraneos de visita al padre, que permaneció en Santiago del Estero trabajando mientras la madre, con sus nueve hijos, se radicaba en Buenos Aires. El barrio elegido fue Boedo, la casa, amplia, con patio y con parra, quedaba en la calle Garay 3251. El provinciano de 10 años descubre el ritmo de una ciudad en expansión. El provinciano de 10 años descubre el límite entre la pampa y la ciudad, el vasto horizonte y el sol redondo como una moneda amarilla. El poeta descubre el mecanismo de la evocación que nace del destierro, el vaivén de no ser de ningún sitio. La palabra nostalgia doblega a Homero Manzione sin saberlo, cada vez que en ese barrio porteño el campo se confunde con el baldío y el baldío con la libertad añorada.

También descubre, como Borges, a los guapos. Nombres sonoros, luctuosos y temibles, fatalmente atractivos para una sociedad que los rechazaba y sin embargo, trataba de integrarlos haciéndolos leyenda. Eufemio Pizarro y Jacinto Chiclana, mezclados con el recuerdo de su mentor, el dramaturgo José González Castillo, el padre de su amigo Cátulo, los cinematógrafos, los escenarios del poeta Raúl González Tuñón, y el barrio.

Y como en un caleidoscopio desfilan por la vida de Homero Manzione la escuela de Luppi a la que asiste entre 1914 y 1917, el descubrimiento de Hipólito Irigoyen que asume la presidencia en 1916. También desfilan los primeros amores, entre ellos Juana Rubino, "Juana la rubia que tanto amé" y su ingreso a la Facultad de Derecho en 1926 y la primera letra para un vals modernista y empalagoso y el radioteatro y el fonógrafo. Un mundo que, extrañamente, parecía provocarle el desasosiego de la pérdida antes que la misma pérdida se consumase. Escribe "42 versos a la Facultad de Derecho" que en algún momento piensa publicar, es orador en actos radicales. Profundiza su amistad con Cátulo Castillo, que vivía a la vuelta de su casa y conoce a Sebastián Piana. En 1926 reduce su apellido a dos sílabas.

EL ALMA QUE CANTA. A partir del retiro de una letra de tango del concurso organizado a fines de 1925 por la revista El alma que canta Manzione deviene en Manzi. El poema había sido prometido a su amigo Cátulo para que éste lo musicalizara. Manzi cumple la promesa y retira la letra de un concurso que tenía, entre otros premios, la edición del tema y la grabación del mismo por Gardel. Cátulo suma a Piana y de esa mezcla de poetas y músicos nace "Viejo ciego" que antes se llamó "El ciego del violín" y antes "El loco Carriego". Puede decirse que en este poema está Manzi en extracto. Imágenes del suburbio y de sus personajes conviviendo con palabras cultas y versos de arte mayor para contar la historia de un bardo ciego. Versos mestizos como el tango, y como el tango, vanguardistas, sin olvidar la raíz, la procedencia.

"El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos/ tendrá crespones de humo la luz del bodegón/ y habrá en los naipes sucios un sello misterioso/ y habrá en las almas simples un poco de emoción/ El día en que no se oiga la voz de tu instrumento/ cuando dejes tus huesos debajo de un portal/ los bardos jubilados sin falso sentimiento/ con una canzoneta te harán el funeral".

SUR. En 1930 es derrocado Irigoyen. Manzi se opone al régimen fascista de Uriburu. Conoce la cárcel. Se casa luego de quedar en libertad, en 1931. Tiene que sobrevivir marcado por la represión policial. Escribe guiones para cine: Pampa bárbara, Su mejor alumno, El último payador, que narra la vida de José Bettinoti protagonizada por Hugo del Carril. Es redactor de revistas como Radiolandia. Funda el grupo político FORJA, para renovar al radicalismo. Allí conoce a otro poeta, político, ensayista, Arturo Jauretche a quien le plantea su famosa disyuntiva moral: "ser un hombre de letras o hacer letras para los hombres".

Escribe letras para los hombres utilizando un bagaje literario clásico. Disuelve la disyuntiva en poemas como "Barrio de tango" de 1942, musicalizado por Aníbal Troilo, donde la imagen literaria está unida a la realidad más vulgar multiplicando así sus efectos. Un tren de trocha angosta partía en dos al barrio Nueva Pompeya y pasaba por terrenos anegadizos. El poeta escribe: "la luna chapaleando sobre el fango" la síntesis necesaria. Descubre la enumeración como paradójico misterio explicativo: "un ladrido de perros a la luna/ el amor escondido en un portón/ y los sapos redoblando en la laguna/ y a lo lejos la voz del bandoneón".

Otras historias lo reclaman. En el tango "Malena" escrito en 1941 asoma cierta complejidad que proviene presuntamente de la existencia real de Malena Torterolo, cuyo seudónimo artístico era Malena Toledo y a la que el poeta conoció en Brasil. La soledad sufrida en otra tierra o el amor hicieron que Manzi viera en Malena la síntesis de la interpretación femenina perfecta. "Tus tangos son criaturas abandonadas/ que cruzan sobre el barro del callejón/ cuando todas las puertas están cerradas/ y ladran los fantasmas de la canción". Si Malena fue Malena Torterolo falleció en Montevideo en 1960. La cantante Nelly Omar, pareja de Manzi durante largos años, ha sumado su persona a la enigmática Malena aduciendo que el tango le fue dedicado a ella.

Pero es el tango "Sur" de 1948, con música de Aníbal Troilo y estrenado por Nelly Omar, el que manifiesta la madurez del poeta. Sus largas enumeraciones se hunden en un tono de ensueño. El escenario rememorado es el barrio de Pompeya, no obstante la esquina de San Juan y Boedo pertenece al barrio de Boedo. La evocación es doble porque allí, desde lo ajeno, se proyecta una realidad difusa. Se recuerdan detalles personales, casi caprichosos: "San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo.../Pompeya y más allá la inundación/ tu melena de novia en el recuerdo/ y tu nombre flotando en el adiós". El terrible verso "cielo perdido" y las enumeraciones vívidas, íntimas: "tu casa, tu vereda y el zanjón" facilitan que la emoción personal se refleje en el oyente y se haga suya, propia. El concluyente "todo ha muerto ya lo sé" llegó para Homero el 3 de mayo de 1951.

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