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Georges Remi "Hergé" (1907-1983)
El belga más famoso

MATÍAS CASTRO

CUANDO SE CUMPLIERON los cien años del nacimiento del belga Georges Remi, o Hergé, el 22 de mayo, se desataron festejos y conmemoraciones en muchos países. Un año antes se había anunciado un nutrido calendario de actividades en torno a la fecha, para recordar a quien el diario británico Daily Telegraph calificó como "el belga más famoso". La calificación cabría también para Tintín, que de todas sus creaciones es la que lo hizo trascender, y que cumplió setenta y ocho años. Y más que eso: Hergé fue el padre de la Línea Clara, una escuela de historieta auténticamente europea, y diferente de los cómics de superhéroes, tan estadounidenses.

ODIO A TINTÍN. El nombre de Hergé se consolidó mundialmente a fines de la década del setenta no por las ventas, sino con la consolidación de la escuela de la Línea Clara, estilo de dibujo que se había popularizado sin tener nombre desde hacía dos décadas. Este estilo, que Hergé pulió sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, hizo escuela e influyó a varias generaciones de autores franco belgas. Historietas como Alix, Blake and Mortimer, Yoko Tsuno y Katoen en Pinbal, entre muchas otras, son consideradas herederas de esta escuela.

Tres cosas definen a la Línea Clara. En primer lugar el trazo limpio y uniforme sobre colores planos. Luego sigue la simpleza narrativa, que apunta a la concreción, la efectividad y el ritmo sin piruetas argumentales. Y en tercer lugar la preponderancia de la aventura como género aparentemente idóneo para las dos características anteriores. Sin grandes manifiestos, pero con un trabajo con el que ponía en práctica estas ideas, Hergé se convirtió en un referente que hasta hoy mantiene su influencia. La escuela franco japonesa del Nouvelle Manga puede ser un ejemplo en cuanto a la herencia gráfica, no temática, de Hergé.

Ahora podría ocurrir que Tintín, casi su alter ego, reciba una segunda consagración, esta vez cinematográfica. Porque luego de que 27 años atrás Steven Spielberg tuvo que resignarse a crear a Indiana Jones porque no pudo arreglar por Tintín, ahora el director ha logrado concretar un acuerdo para llevar al joven reportero al cine. Hergé no había querido cerrar el trato porque no estaba de acuerdo con la cláusula del contrato que reservaba para Spielberg la potestad de no dirigir el film en el caso de que el guión no fuese del todo satisfactorio. Hergé aceptaba, siempre y cuando Spielberg fuese el director. Cuando murió, el 3 de marzo de 1983, había abandonado totalmente la idea de una película con actores. Había disfrutado de la prosperidad económica gracias a los frutos que rendía su personaje, que despertaba cariño, admiración y fanatismo. También provocaba reacciones de desprecio por su pasiva vinculación a medios cuestionados por izquierdas y derechas.

"Le confieso que en Tintín he puesto toda mi vida" dijo para una entrevista de 1982. "Odio a Tintín, no tiene usted idea de hasta qué punto", reconoció en un momento de agotamiento y depresión a fines de 1966, mientras preparaba Vuelo 714 para Sydney, según su documentado biógrafo Pierre Assouline. Ambas frases eran sinceras.

Hergé pudo ver en vida el comienzo de la "Tintinofilia" y la "Tintinología". En 1959 el prominente periodista y crítico Pol Vandromme escribió el libro El mundo de Tintín, primer análisis serio sobre su obra que puso en marcha al mito, según Assouline.

Tintín también fue reconocido por muchos como "El único periodista que no escribió una línea en su vida", a excepción de un fragmento de su primera aventura, En el país de los Soviets. "En lugar de producir textos, Tintín se convirtió en la historia. No reporteó al mundo y al siglo a través de sus palabras, sino a través de sus acciones", razona Charles Moore en el Daily Telegraph, y luego lo define como "una suerte de santo patrono para nosotros los periodistas". "Como si la búsqueda, y no la solución, fuese desde su punto de vista lo mejor de su profesión", reflexiona Assouline.

Con el centenario de su padre, Tintín fue saludado por colegas de prestigiosos medios de todo el mundo. El mérito no es poca cosa para un eterno quinceañero acompañado por un perro que habla. Lo de la edad es una convención, porque una encuesta de 1999 entre Tintinófilos del sitio web Free Tintin dio como resultado que la mayoría lo ve como un joven de más de 20 años. Esa interrogante, como la pregunta sobre si Tintín es nombre, apellido o seudónimo, entre muchas otras, siguen fascinando a los lectores. Uno de los tantos aciertos de Hergé ha pasado justamente por esa ambigüedad.

Tintín ha protagonizado oficialmente 23 libros y uno incompleto, que han vendido 200 millones de ejemplares en 50 países del mundo, y siguen haciéndolo a un ritmo de 3 millones por año. Ha hablado en 40 idiomas y en muchos de ellos él y sus coprotagonistas han recibido diferentes nombres, como Kuifie en afrikáans, Tim en alemán, Tincjo en checo, Tenten en turco, o Tinna en islandés. Las variantes para los demás pueden ser más graciosas y ocupar varias páginas.

Con Tintín y Hergé ocurre algo muy particular y casi único en el mundo de la historieta. Son probablemente contados con los dedos de una mano los casos en que el nombre de un personaje se universaliza tanto como el de su autor. Le ocurre a este belga con su reportero, como sucede con Quino y Mafalda, al contrario de lo que ocurre con Batman y Bob Kane. Entre los otros personajes belgas, como Lucky Luke, Marsupilami, Los pitufos, Blake y Mortimer o Thorgal, ninguno ha adquirido el carácter universal del joven periodista. El mérito, en gran parte, lo tiene el olfato de cronista de Hergé.

CERTIFICADO DE MORAL. Pierre Assouline define con el color gris a la Bélgica en la que nació y creció Georges Remi. Nada destacaba en su familia ni en su infancia. Su padre era empleado en una tienda y su madre era ama de casa. Como alumno, dice el biógrafo, era bueno pero estaba dentro del promedio. En su casa era revoltoso y según el mismo Georges dijo, sus padres le tenían que dar papel y lápiz para que calmara sus ánimos revoltosos. Durante su educación secundaria bajó las notas de sus estudios a un "apenas bien". Leía Huckleberry Finn, La isla del tesoro, Los papeles póstumos del club Pickwick, Tres hombres en un bote y Robinson Crusoe. Chaplin y sus gags lo atraparon dejando una marca, según los especialistas, que quedó presente a lo largo de su obra.

El cine, cuando era joven, era una evasión. En sus primeras historietas, antes de Tintín, se pueden encontrar subtítulos de presentación tales como "Hergé Moving Pictures". El cine mudo, en tanto imagen pura, fue una de sus principales influencias. También historietas del momento, y sobre todo Bringing Up Father, una tira de George McManus de 1913, considerada casi unánimemente como el antecedente directo de la escuela de la Línea Clara. Lo influyeron además Krazy Cat de George Herriman, o The Katzenjamer Kids de Rudolph Dikes.

La forma de narrar, la estructura del relato y la claridad, son las cosas que lo sorprendieron de estos autores y sus obras. Según Assouline, esos tres pilares permanecieron a lo largo de 50 años de su trabajo. La claridad y la simpleza fueron las dos cualidades que defendió siempre. El despojo como herramienta y la máxima comprensión como objetivo fueron dos rieles que condujeron el trabajo de Hergé.

Siempre defendió su formación como Boy Scout. Este movimiento definió su moral, y de hecho fue en sus publicaciones donde Georges hizo sus primeras armas a los 19 años. Georges Remi firmó por primera vez como Hergé en diciembre de 1924 en la revista Boy Scout Belge. El seudónimo correspondía a la pronunciación de sus dos iniciales invertidas, RG. Bajo esta firma apareció Las aventuras de Totor, jefe de patrulla de los Scouts. Muchos han visto en este personaje un antecedente de Tintín.

Durante esos primeros tiempos no se planteaba más que ser dibujante publicitario y se veía a sí mismo como un grafista y tipógrafo. Pero no pudo permanecer más que una tarde en la escuela de artes gráficas de Saint-Luc. Había quedado insatisfecho, según Assouline. Su gusto por la tipografía igual permanecería a lo largo de toda su obra, y se manifestaría sobre todo en las precisas correcciones que le fue haciendo a las reediciones del álbum El Loto Azul.

A los veinte años entró al diario Le Vingtième Siècle, o El Siglo Veinte, un emblema de la prensa belga de ese entonces. Allí conoció a su director, un ex monje llamado Norbert Wallez, que combinaba su carácter antisemita y anticomunista con una gran habilidad para los negocios. "Se lo debo todo", dijo tiempo después Hergé, y a la vez relativizaba sus acciones calificándolo como "fascistoide" y no como fascista. Wallez tenía un autógrafo del propio Mussolini, quien le dedicaba su firma diciéndole "amico dell´Italia e del fascismo". Wallesz fue una de las figuras claves para su formación y evolución. Pero si la cosa acabase ahí, Hergé sería un dibujante más de una larga lista de talentosos artistas belgas.

La habilidad de Wallesz impulsó a Tintín desde un comienzo a través del suplemento infantil Le petit vingtième. Acorde a sus ideas, instó al autor a mandar a su personaje a Rusia como forma de llevar a los más jóvenes lo que él consideraba horrores cometidos por los bolcheviques. Así nació Tintín en el país de los Soviets, que comenzó a publicarse semanalmente en enero de 1929. Wallesz quería para su diario un personaje de espíritu misionero, virtuoso y católico. Lo tuvo, pero Tintín, Milú y compañía se escurrieron de entre sus dedos y con los años llegaron mucho más lejos.

Hergé inventó a Tintín en cinco minutos, según contaba, restándole importancia. Todo es simple, sencillo, casi como si se tratase del fundamento conceptual detrás de la escuela de la "Línea Clara" que encabezó involuntariamente. De su hermano Paul copió los gestos para su personaje. Milú, el perro fiel y pensante, es así porque los fox-terriers estaban de moda. Los pantalones que usa Tintín son los mismos que él usaba a los quince años. Todo fue muy sencillo, sin misterio ni épica. Inventó al personaje "en el momento de trazar por primera vez la silueta. Con esto quiero decir que el personaje no había llenado mis años de juventud, ni siquiera en la imaginación".

Tintín y Milú lograron llenar la imaginación de miles de niños y jóvenes belgas, a tal punto que Wallesz optó por organizar una recepción pública real en coincidencia con el último episodio de En el país de los Soviets, que luego repitió al finalizar la segunda aventura, Tintín en el Congo. Como en la historieta Tintín regresaba a su país en tren, contrataron a un doble para que llegase de la misma forma a Bruselas. La multitud se agolpó alrededor del doble y hasta hubo una madre que le dio a su hijo en brazos. Tintín en el Congo se hizo famosa por su tono paternalista con los primitivos congoleses y por una escena en la que hacen explotar a un rinoceronte con dinamita. La imagen de la segunda recepción que armaron Wallesz y su equipo parece, a la distancia, un chiste políticamente incorrecto: el doble de Tintín paseándose por Bruselas, pero esta vez escoltado por un grupo de negros.

Con los años Hergé se arrepintió públicamente de estos primeros pasos, justificándose en que por su edad estaba bajo la influencia de la sensibilidad de la sociedad de su época. Como defensa, agregaba que en otros álbumes, como Tintín en América y El Loto Azul, abandonaba estas visiones esquemáticas para mostrar a los blancos como malos. María José Santacreu destacaba en una nota publicada en Brecha, que la mayoría de los villanos en otros álbumes son hombres de negocios estadounidenses, mientras que los indios, los sudamericanos y los chinos son los oprimidos. Sea como sea, la popularidad que tenía su creación cuando Hergé cumplió 29 años, era enorme. Merchandising y reediciones lo acompañaban, aunque no una gran fortuna.

UNA JARRA SIN ASA. Hergé era y es inasible, cuestionado y escurridizo. No fue nazi ni mucho menos, pero trabajó para el diario colaboracionista Le Soir y en ese período se convirtió en el más querido dibujante de la ocupación. Cuando publicó en 1976 Tintín y los Pícaros fue acusado tanto de comunista como de reaccionario, sin que hubiera una opinión mayoritaria. "Se ha dicho que este álbum era político y no es nada de eso. Se desarrolla sobre un fondo político. Ahora, cada uno aporta lo que tiene en él, evidentemente. Me siento más de izquierda que de derecha, y en todo caso intento ser un hombre de buena voluntad", había dicho unos años antes de editar ese libro, refiriéndose a otras acusaciones.

En muchas ocasiones fue un artista funcional que se adaptó al perfil de la persona con la que trabajaba. Hacia 1946, cuando la casa estadounidense Simon & Schuster le pidió cambios para preparar una edición en inglés, Hergé blanqueó literalmente a varios personajes en Tintín en América y El cangrejo de las pinzas de oro. "El deseo del editor americano era: nada de negros. Ni negros buenos ni negros malos. Puesto que los negros no son ni buenos ni malos: no existen en los Estados Unidos, como todo el mundo sabe", explicó a un lector en 1972, con cierta ironía.

Al mismo tiempo, con las siguientes reediciones de sus álbumes comenzó a incluir cambios y hasta modificar los contenidos. Cuando "modernizó" Tintín en América y Tintín en el Congo, le quitó el fuerte carácter nacionalista a su periodista y lo hizo más laico. El único libro que no modificó sustancialmente en sus contenidos fue El Loto Azul, el quinto álbum, que cuando se publicó en 1935 dio comienzo a lo que se conoce como "La Edad de Oro" de Tintín, que habría culminado en 1958 con Stock de coque. En el caso de El Loto Azul optó por reducir su extensión a la mitad, concentrando la acción, y cuidando delicadamente detalles como los colores y la caligrafía oriental.

Charles De Gaulle dijo una vez que Tintín era su único rival internacional. Chiang Kai-Shek se manifestó admirador de El Loto Azul e invitó a Hergé a China, con todos los gastos pagos, para un posible trabajo. Lo pensó, pero finalmente no aceptó, aunque se dio cuenta de lo lejos que había llegado su creación.

Desde la primera aventura de Tintín, Hergé se documentaba para ambientar sus historias. A la altura de El Loto Azul, decidió documentarse aún más para evitar todo tipo de críticas. Tenía 27 años y ya intuía las posibles lecturas de su obra. Fue así como conoció a otra figura clave en su vida, un estudiante chino católico llamado Tchang Tchong Jen. Los prejuicios de la época retrataban a los chinos como belicosos, bribones, crueles y perezosos. Hergé quería saber cómo eran de verdad, aunque sin viajar. Se entendieron de inmediato. Tchang nunca había leído una historieta, pero le agradaba la idea de contar una historia en base a lo que sabía. La relación entre ellos fue tan fructífera y estrecha, que Tchang terminó convertido en personaje al que Tintín busca y luego encuentra.

Se separaron y se reencontraron unos 50 años después. Una foto que documenta el momento, que fue un verdadero acontecimiento mediático, pone a Hergé junto a Tchang frente a los micrófonos. Detrás de ellos una gran imagen del reencuentro entre Tintín y Tchang, tomado de la historieta. Los hombres de carne y hueso no hablan; pero lo hace el dibujo de atrás en el que Tintín dice en su globo "Estaba seguro de que terminaría por encontrarte" y Tchang le responde "Si supieras cómo he pensado en ti".

Es que a esa altura Hergé era una verdadera celebridad y su primer encuentro con su amigo ya era parte de la leyenda de Tintín. A partir de allí, su forma de trabajo cambió radicalmente, sustituyendo la improvisación por el rigor documental. Sin descuidar la aventura y la fantasía, lógicamente.

Cada álbum le exigía la lectura de muchos libros. Si no conocía algo, lo investigaba, y eso transformaba al personaje en el lente a través del cual el autor veía el mundo. Assouline llega a afirmar que en parte Tintín es la sublimación del deseo de Hergé de estar a la par de sus compañeros periodistas.

Un historiador británico experto en los Balcanes describió El cetro de Ottokar como una de las mejores parodias sobre la región. Allí se habla de un conflicto entre Syldavia y Borduria, donde hay un dictador que quiere conquistar al primer país. Veinte días después de finalizada la publicación de la serie, Alemania invade Polonia, y lo que Hergé había adelantado en la ficción se hace realidad. Ambos países reaparecen en El asunto Tornasol, pero formando parte de lo que para muchos ha sido una metáfora de la Guerra Fría. En Tintín en el país del oro negro se retrata la situación de Palestina bajo el dominio británico, según describió un tintinólogo.

El Loto Azul también logró colocarlo por delante de acontecimientos que luego ocurrirían en China. "Sea a través de metáforas geopolíticas, sea a través de alusiones más directas, todo conduce a pensar que Hergé ha tenido efectivamente en cuenta la actualidad internacional", afirma Nicolás Sabourin en un serio artículo titulado "Tintín y la actualidad internacional". Para apoyar ejemplifica diciendo que La oreja rota se basa en la guerra del Chaco, y que Tintín y los Pícaros toma como referencia la situación política en Latinoamérica en los ´60 y ´70.

Si la vida de Hergé estuvo atada a los acontecimientos históricos del siglo XX, como el fin del colonialismo, la Guerra Mundial y la Guerra Fría, la de su personaje también.

Tintín era menos un personaje que un conjunto de cualidades inmutables, como la esperanza y el tesón, comentó Anthony Lane en The New Yorker; es sinónimo de viaje y de regreso, para Rodrigo Fresán de Página 12; Tintín es la proyección del periodista que Hergé hubiera querido ser, aseguraba Fernando Castillo en El País de Madrid; y Charles Moore decía en el Daily Telegraph que Tintín ya es propiedad universal. Con la perspectiva y la curiosidad de su creador, Tintín, Milú y sus amigos (como Haddock, Tornasol y Bianca Castafiore), recorrieron episodios muy importantes de la historia reciente, y se las arreglaron siempre para quedar en medio de aventuras fascinantes y complejas.

Los nazis contra Tintín

TINTÍN BATALLÓ contra los nazis en una ocasión. Sin embargo Hergé no estuvo detrás. Se trataba de una parodia, publicada por un semanario luego de que Bélgica fue liberada de la ocupación nazi. Era una mala etapa para el dibujante, que entró a formar parte de una lista negra que lo colocó en la mira de quienes lo acusaban de haber apoyado a los ocupantes.

Su período de trabajo para el diario colaboracionista Le Soir, donde se hizo cargo de un suplemento juvenil, fue la clave que puso a Hergé en el centro de la más dura polémica de las que vivió. En 1944 fue arrestado brevemente para ser interrogado sobre su participación, pero la cosa no pasó a mayores, porque su carácter de dibujante del suplemento juvenil lo alejaba de las suspicacias. Sin embargo los dedos acusadores que se levantaron y todo el proceso desembocaron en una crisis que se tradujo en una depresión y entorpeció su trabajo durante un tiempo.

Durante la ocupación había sido el dibujante mejor tratado de toda Bélgica: pasó mejor ese período que durante la liberación. Sufrió igualmente la censura, y en muchas ocasiones optaba por autocensurarse para prevenir alteraciones mayores. Pero la censura en esos años recaía sobre cualquiera, incluso sobre El Príncipe Valiente.

Se ha discutido mucho si Hergé era inconsciente de lo que ocurría a su alrededor y de los crímenes perpetrados por los nazis. Defendió públicamente una imagen de artista inocente. En Le Soir ilustró varias fábulas, algunas de las cuales tenían un contenido antisemita y otras se alineaban con la política alemana de la guerra. "Es verdad que no estoy orgulloso de ciertos dibujos. Pero puede creerme: si hubiera sabido en aquella época la naturaleza de las persecuciones y de la solución final, no lo habría hecho. No lo sabía. O quizás, como tantos otros, me las arreglé para no saber", dijo en una entrevista para un documental sobre su vida. A continuación de esta cita, Pierre Assouline cuenta cómo cuando un colaborador cercano le dio testimonio sobre los campos de la muerte, Hergé le dijo que debía haber visto mal y que seguramente no se trataba de judíos.

Estas situaciones, sumadas a los aspectos controvertidos de sus primeros álbumes, han generado la necesidad de colocarlo de un lado o del otro, y cargarlo de adjetivos constantemente.

Como en otros casos, existe un argumento que no decide la partida por ninguna de las dos tendencias. Entre 1938 y 1939, durante la recta final hacia el estallido de la Segunda Guerra, publicó El cetro de Ottokar, historia en la que el mayor villano se llama Musstler, en alusión a Hitler y Mussolini.

Los álbumes

LAS FECHAS son de su primera publicación:

Tintín en el país de los Soviets, 1928-1930

Tintín en el Congo, 1930-1931

Tintín en América, 1931-1932

Los cigarros del faraón, 1932-1934

El Loto Azul, 1934-1935

La oreja rota, 1935-1937

La isla negra, 1937-1938

El cetro de Ottokar, 1938-1939

El cangrejo de las pinzas de oro, 1940-1941

La estrella misteriosa, 1941-1942

El secreto del unicornio, 1942-1943

El tesoro de Rackham el rojo, 1943

Las siete bolas de cristal, 1943-1944

El templo del sol, 1946-1948

Tintín en el país del oro negro, 1939

Objetivo: la Luna, 1950-1953

Aterrizaje en la Luna, 1953

El asunto Tornasol, 1954-1956

Stock de coque, 1956, 1958

Tintín en el Tibet, 1958-1959

Las joyas de la Castafiore, 1961-62

Vuelo 714 para Sydney, 1966-1967

Tintín y los Pícaros, 1976

Tintín y el Arte-Alfa, incompleta, 1986.

Otras Ediciones
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El cetro de Ottokar (1938-1939)
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