Virginia Martínez
LA LITERATURA SAMIZDAT, que se desarrolló desde principios de los años `60 en la Unión Soviética y se extendió a casi todos los países del bloque oriental, es una fuente privilegiada para el estudio de la resistencia cultural en los años del post-estalinismo. Por oposición a las gozisdat, abreviatura de las ediciones del Estado, samizdat era una edición de autor, pero sobre todo, de escritores prohibidos y de tiraje limitado, difundida de mano en mano. Mecanografiadas con papel carbónico, en el mejor de los casos impresas en mimeógrafo, esas ediciones clandestinas y artesanales llegaron a constituir una suerte de contrapoder que perforó la cultural oficial.
La lectura de The Space of Freedom, Apartment Exhibitions in Leningrad 1964-1986 (University of Richmond Museums) recuerda aquellos empecinados y riesgosos samizdat. No se trata aquí de literatura sino de pintura, pero la forma y el fondo son equivalentes. Para los escritores disidentes no había ediciones estatales (única posibilidad de publicar, además); para los plásticos disidentes no había salones de exposición. Como no existían galerías privadas, exponían sólo quienes tenían el aval de la Unión de Artistas. Los pintores no oficiales abrieron entonces sus casas y apartamentos convirtiéndolos en sitios de exhibición del arte que el poder soviético ignoraba o rechazaba.
El catálogo, editado por la Universidad de Richmond, recoge una selección de cuadros expuestos entre 1964 y 1986 en el entonces Leningrado. Las obras, que hoy integran la colección del Museo de Arte No Conformista de San Petersburgo, fueron mostradas por primera vez en los Estados Unidos recreando el espacio de un apartamento.
Las 46 obras que forman parte de la muestra itinerante no se inscriben en una corriente artística única, no se destacan en particular por su originalidad y quizá tampoco por la calidad. Mucho menos por la vocación de arte contestatario o de denuncia. Hay retratos y naturalezas muertas; cuadros abstractos o de impronta surrealista; grabados, pinturas al óleo y collages. El interés radica en la condición en que se produjeron y exhibieron en su país de origen, así como el precio que pagaron los autores por ejercer el derecho a la libertad de crear.
CONTRA EL REALISMO SOCIALISTA. Aunque originalmente no fueron concebidas como expresión de protesta, inevitablemente las exposiciones se convirtieron en actos de desobediencia a un sistema autoritario que ahogaba la creatividad en un arte congelado, burocrático y nacionalista. "El arte no conformista", dice el pintor Sergei Kovalsky en uno de los tres ensayos-testimonio que prologan la publicación, "nació como respuesta al realismo socialista".
Evgeny Orlov, pintor abstracto y protagonista del movimiento, describe la transformación de esos espacios privados en territorios libres: "Una habitación o un apartamento, fuera propio o ajeno, fue el punto de partida hacia el mundo del arte. (…) Quienes los visitaron en aquellos años vivieron la experiencia común de haber sido transportados a través de esas paredes. La transformación de los apartamentos se realizaba cubriendo las paredes, del piso al techo, con obras de pintores prohibidos en los salones y museos de la Unión Soviética".
Kovalsky explica la marginación en la que vivían los plásticos y el riesgo que entrañaba la actividad: "No estaban afiliados a la Unión de Artistas y no tenían derecho a tener sus propios estudios o exhibir públicamente su obra.(…) Figuraban en las `listas negras` y eran vigilados por un departamento especial de la KGB que se ocupaba de las actividades ideológicas subversivas. Exponer en una casa era considerado una actividad subversiva y la ocupación `artista no oficial` denotaba que se era miembro de una asociación subversiva aun cuando fueran las autoridades las que te convertían en no oficial".
El aislamiento que comenzó a mediados de los años `20 fue uno de los rasgos dominantes de la cultura soviética. El contacto con el extranjero, siempre combatido, era visto como la vía por la que se filtraban, además de información política, los valores estéticos del arte burgués. Ello explica, por ejemplo, que recién en 1956 haya tenido lugar en Leningrado la primera de las dos únicas exposiciones de Picasso en la Unión Soviética. Dalí estuvo prohibido, y las reproducciones de sus obras sólo podían conseguirse en algunas librerías de viejo, si uno tenía confianza con los libreros. Por otro lado, en 1932 el comité central del Partido Comunista había prohibido cualquier organización artística salvo la oficial, lo que selló el destino de muchos artistas que no adherían a la ideología comunista.
LOS OTROS. En ese ambiente cultural estrecho, empobrecido y gobernado por funcionarios, nació el movimiento de pintores no conformistas. Relata Kovalsky: "Un día mi abuela se enfermó y una de las habitaciones de nuestro apartamento en la calle Baskov quedó libre por mucho tiempo. Entonces, tres de nosotros: Victor Bogorad, Boris Mitavsky y yo, decidimos mostrar nuestras pinturas a algunos amigos y conocidos. Bogorad dijo que aunque sólo treinta personas visitaran la exposición ya estaría bien. Para impresionar al público, elegimos el nombre `INAKI` (`Los otros`) y escribimos un manifiesto(…). Usamos como epígrafe una frase de Flaubert: `Un tonto es alguien cuyas ideas son diferentes a las de todo el mundo". La iniciativa tuvo éxito. Los primeros días concurrieron sólo amigos, después amigos de amigos y para el segundo mes el público estaba formado por desconocidos. El apartamento fue punto de encuentro para profesores, ingenieros, matemáticos, sicólogos y estudiantes que discutían sobre arte y literatura. Tiempo después, otro colectivo, que luego adoptó el nombre `Gaz-Nevsky`, abrió su `salón`. La manifestación se multiplicó y fue cubriendo la ciudad. Un mapa del catálogo da cuenta de casi sesenta sitios de exhibición sólo en Leningrado.
Algunas características, además de la ya citada condición de marginados de la cultura oficial que les impedía vivir como artistas de `tiempo completo`, marcan al movimiento: la no pertenencia a una sola generación (la lectura de los datos biográficos de los casi cincuenta pintores que integran la muestra confirma el hecho) y la decisión de permanecer en la Unión Soviética. Según sus propias palabras, eran artistas `emigrados` a un territorio libre donde la burocracia y la ideología partidaria no los tocaba: el apartamento.
Pero además el apartamento era la sede de una comunidad artística, cálida y afectiva donde se reunían hombres y mujeres que vivían en un ambiente hostil. Las fotos que ilustran el catálogo, la mayoría de fotógrafos anónimos, acercan al clima de aquellos refugios culturales. Los cuadros tapizan, literalmente, las paredes de salas vetustas, pobremente amuebladas y, según los testimonios, peor iluminadas. Los hombres, armados de tabaco y alcohol, llevan barba y pelo largo; las mujeres usan botas y también fuman: a no ser por los rasgos físicos, nada los distingue de la bohemia intelectual y contestataria de cualquier ciudad del mundo en aquellas décadas.
PROTESTA Y REPRESIÓN. A pesar de las clausuras policiales y de los arrestos, los happenings, de los que también participaban escritores como los reunidos en el `Club 81`, y los músicos entre los que se destacan los del `Rock Club`, crecieron demasiado como para no poder ser ignorados. En septiembre de 1975 se hizo la muestra no oficial más grande realizada hasta ese momento en Leningrado, en la que expusieron 88 pintores. El movimiento tuvo tal impacto que obligó a la Unión de Artistas a expresarse a través de un editorial del Pravda de Leningrado. El artículo reivindicaba el carácter clasista del arte y negaba a los pintores no oficiales la condición de artistas innovadores, considerándolos portadores de un arte enfermo, de absoluta pobreza espiritual.
Un mes después se formó la "TEV", Asociación de Exhibiciones Experimentales, que pidió el reconocimiento ante el Ministerio de Cultura. No sólo la respuesta fue una negativa, sino que les prohibieron continuar con las exposiciones. El 23 de mayo de 1976 murió Evgeny Rukhin, iniciador del movimiento artístico. Las circunstancias nunca aclaradas de la trágica muerte, ocurrida durante el incendio de su apartamento, hicieron sospechar que la KGB estaba detrás.
A fin de mayo de ese año, en protesta por el silenciamiento de la `TEV` y en homenaje a Rukhin, un grupo de pintores realizó una `exposición al aire libre` escribiendo graffitis en las paredes de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. La represión al movimiento se hizo más severa: muchos fueron detenidos y pasaron hasta seis años en prisión condenados por actividades subversivas. En junio de 1980 un cambio en la Dirección de la KGB tornó la política hacia la cultura no estatal más permisiva . En ocasión de las Olimpíadas, el gobierno autorizó una exposición restringida a los visitantes extranjeros en el Palacio de la Juventud, en la que también participaron pintores no oficiales. En agosto la muestra se abrió al público local.
Un año después, los artistas plásticos escribieron una carta al Ministerio de Cultura y al Departamento Cultural del Comité Central del Partido Comunista pidiendo se les reconocieran los mismos derechos que a la Unión de Artistas. La respuesta, redactada en el estilo burocrático y vacío de los comunicados oficiales, rechazó la solicitud argumentando que la Unión Soviética daba a todo ciudadano creador de obras de calidad artístico-ideológica la posibilidad de tener los derechos del artista profesional. Sin embargo, y a pesar de las prohibiciones y exclusiones, el movimiento ya había logrado afirmarse como segunda cultura o cultura alternativa. En 1987, la novena exposición de arte no conformista realizada en el puerto de Leningrado convocó a más de cincuenta mil personas. Esa vez no hubo censura, el Estado se comprometió a estudiar la posibilidad de comprar algunas obras y los agentes de la KGB fueron simples visitantes.
© Anatoly Shishkov
©Museum of Nonconformist Art, St. Petersburg
©Museum of Nonconformist Art, St. Petersburg