La narración de un poeta

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ROBERTO APPRATTO

OPERA PRIMA de Nicolás Alberte (Montevideo, 1973) motiva un balance de sus trabajos anteriores como poeta. Ya desde hace unos años Alberte se destaca en la literatura uruguaya reciente por su voz personal, su manera de tratar el lenguaje. Eso fue reconocido por el poeta y ensayista Eduardo Milán en el prólogo a su libro publicado en 2006 en México, unapalabramáslargaquelanoche. Allí se refiere a su asunción del lenguaje como juego y a la vez a su disciplina; sus libros publicados (El cuidado que ponemos diariamente en no morirnos, 2004; Vacío en partes iguales, 2005) dejan a la vista su capacidad de situarse ante sus asuntos con afirmaciones generales, grandes, o personales, en clave coloquial.

En su obra (sobre todo en El cuidado...) hay una evidente preocupación por el lenguaje, pero no académica: inteligente. En poemas breves, signados por el impulso de decir, se separa de la confusión expresiva de muchos de su compañeros de generación, más preocupados por la gestualidad que los presenta como poetas que por la escritura misma. Él tiene claro en qué consiste el oficio de escribir y se lo toma en serio.

De algún modo, la insistencia en la poesía de ese tipo, de decir y pensar al mismo tiempo, de compromiso personal, lo llevó a la prosa; tal vez por la necesidad de explayarse en un proyecto más amplio, que probara su voz en la articulación de un saber. Sin renunciar a la poesía, escribió Opera prima, novela en la que el proyecto lo obligó a extremar sus recursos. Está estructurada en dos partes que se alternan: una, la narración que una publicitaria uruguaya hace de dos semanas de su vida; la otra, la novela que ella misma escribe, o intenta escribir, sobre la cantante María Callas. De entrada, las dos tramas tienen aspectos y estilos diferentes, ya que Alberte se las ingenió para que el relato contemporáneo, en primera persona, funcione como una crónica irónica del ambiente publicitario en lenguaje actual, y para que la historia de la Callas suene como la versión doblada al castellano de una miniserie ambientada en los `50, que va contrapunteando la otra. Los bloques diferentes se mantienen hasta que, de manera casi imperceptible, la narración en primera persona de Callas se confunde con la de la publicitaria. Aparte de que sean dos historias femeninas y de "autorrealización", la alternancia hace al ritmo básico de la novela, y por lo tanto a su atractivo; vuelven a aparecer la inteligencia y el oído del autor. También el sentido del humor, por ejemplo en las largas tiradas en lenguaje épico, con todo el sistema de epítetos de Homero, en las presentaciones de los personajes de la oficina y del festival de publicidad. El resto de ironía desesperanzada de la creativa uruguaya, sumada al tono dramático de María Callas, conducen ambos relatos y dejan creer en ellos por separado, aun cuando se revela qué función cumple la segunda historia en relación a la primera. Si el metalenguaje, la condición de proyecto interior a la trama, no es un mecanismo novedoso, se valida por el impulso de seguir, de derivar: ese uso plástico de la narrativa, de darse tiempo para pensar y poner cosas en relación, es lo que sostiene Opera prima casi como un poema narrado.

El uso que Alberte hace de sus múltiples lecturas, tanto aquí como en su poesía, es responsable sin embargo de un punto flojo: los diálogos intelectuales entre la publicitaria y su pareja, en los cuales, como en otros pasajes de la novela, se habla, se explica, se desarrolla, y sobre todo se valoran referencias culturales de todo tipo (libros, películas, música): se opina, opinan los personajes, se manejan decenas de nombres de un modo que tal vez responda al intento de tomar en broma vicios intelectuales, debilidades vitales compensadas con la cultura exhibida, pero no siempre se logra, y se contagia al resto de la novela. El lenguaje entonces se empasta, se vuelve duro, didáctico. También hay cultura "explícita" en el sector Callas, y sucede lo mismo. En esos momentos, Opera prima parece Rayuela de Cortázar en sus peores momentos.

Ése era un riesgo posible, que no puede desmerecer la novela, ni la condición de Alberte de buen escritor (como narrador y como poeta); tampoco poner en duda el placer que produce su lectura, como la de todo buen libro, cuando se tiene la seguridad de estar ante alguien que se toma en serio lo que hace, y sobre todo que respeta al lector.

OPERA PRIMA, de Nicolás Alberte, Artefato, 208 págs., Montevideo, 2007.

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