El señor K.

CARINA BLIXEN

UNOS MESES antes de que le dieran el Premio Nobel, en octubre de 2003, empezaron a conocerse algunas narraciones de J.M. Coetzee en Montevideo. Primero llegaron juntas, a través de Mondadori, las traducciones al español de Infancia (2000), Desgracia (2000) y Juventud (2002). En ese momento nos enteramos que desde 1974 este sudafricano nacido en Ciudad del Cabo en 1940 había publicado una docena de libros de ficción y algunos ensayos. Sometidos al interés editorial, hemos podido conocer buena parte de su obra en un caos cronológico. En los últimos años han circulado algunas reediciones de novelas publicadas en los ochenta: Esperando a los bárbaros (1980/2003), Foe (1983/2004) y las nuevas Elizabeth Costello (2003), y Hombre lento (2005). En el 2006 llegó la traducción de Vida y época de Michael K. (1983).

METALITERATURA. Una vez más Coetzee rinde homenaje y juega con un clásico de la literatura. Jesús Aguado, crítico de El País de Madrid señaló que en Foe le dio "una vuelta de tuerca descarnada e irónica a Robinson Crusoe y al propio Daniel Defoe"; en Esperando a los bárbaros completó El desierto de los tártaros de Dino Buzzati; en El maestro de Petersburgo logró que la investigación que lleva a cabo Dostoievski para aclarar la muerte de su hijo se convirtiera en una de las mejores obras del autor ruso. Dijo, finalmente, que Vida y época de Michael K. "es El Castillo de Kafka, contado de otra manera: en medio del mundo real (la Sudáfrica en la que se desarrolla la acción es de carne y hueso), no en un universo mental; y con un protagonista, Michael K. (…) que no es un agrimensor -un funcionario al servicio del Estado- sino un idiota (Dostoievski de nuevo) que no colabora, que preferiría no hacer nada (otro Bartleby heredero del de Melville)…" ("Semillas de calabaza" 13.05.2006) .

Michael K. -nacido sin padre-, hijo de una madre sirvienta que no se siente muy feliz al ver que su hijo tiene un labio leporino, manifiesta a medida que crece algunos problemas de comprensión de un mundo que es, más allá de sus dificultades, incomprensible. Como su labio leporino, una deficiencia orgánica fácilmente corregible para quien tiene los medios culturales y prácticos para hacerlo, el "retraso" de Michael es genético y también estructural. Se alimenta de la suma de exclusiones en que consiste su vida. El título de la novela ironiza el habitual "vida y obra de…" en dos sentidos: por un lado, el apellido "K." remite a un personaje literario y su autor (Kafka) no a un ser real; por otro el cambiar "obra" por "época" subraya una de las características del protagonista. Michael K. no tiene lo que se diría una "obra", él es en gran parte, el lente que permite ver una época desquiciada. Su deambular y su inocencia vuelven evidente la locura del mundo considerado normal.

CENSURA INCAPAZ. Juan Gelman escribió sobre el funcionamiento de la censura y su incapacidad ante la gran literatura a partir de las cinco novelas que Coetzee publicó bajo el régimen del apartheid. Una ley de 1974 establecía, en el artículo 47, los criterios para dictaminar si un libro podía circular o era "indeseable". "Los censores seleccionados pertenecían, claro, -dice Gelman- al pequeño grupo de la intelligentsia afrikaner con credenciales impecables para el establishment, y no sólo se guiaban por las abarcadoras normas del artículo 47; también por sus convicciones y los consensos no escritos de una conciencia social dominante: el probable lector era sin duda blanco, conservador y racista". Continúa: "El dictamen aprobatorio de E.H. Holtz, la censora de Vida y época de Michael K. es notable: `Esta brillante novela aborda cuestiones políticas delicadas en Sudáfrica. Contiene referencias y comentarios despectivos de actitudes del Estado, también de la policía y de sus métodos`, pero propone no prohibirla con una afirmación no menos notable: `Los probables lectores de esta publicación... considerarán que es una obra de arte y juzgarán que, aunque la trágica vida de Michael K. transcurre en Sudáfrica, su problema es hoy de carácter universal y no se limita a Sudáfrica". La novela ya había sido publicada en Inglaterra en 1983 y había merecido el premio Booker. Que el régimen del apartheid pasara por un momento de descrédito internacional acosante contribuyó también, razonó Gelman, a que la decisión de declararla "no indeseable" fuera tomada con rapidez (Página/12, 1.7.2004) .

EN LAS HUELLAS DE K. Entre otras restricciones, el sistema del Apartheid negaba a los negros el derecho al voto y a circular libremente por su país. Al comienzo de esta novela, Michael K. y su madre viven en Ciudad del Cabo. El tiene más de treinta años y ella está enferma, aterrorizada por quedar sin su puesto de sirvienta. El hijo decide llevar a su madre a su lugar de origen, el único en que fue feliz. Para moverse necesitan una autorización que solicitan y nunca llega. Parten igual. Hay una lógica de autoridad absurda y falta inevitable que recuerda el principio de El Castillo de Kafka. Llega K. a la aldea, consigue posada en seguida y se duerme. Inmediatamente es despertado por un joven que le comunica que la aldea es propiedad del castillo, y "quien en ella vive o duerme, en cierto modo vive o duerme en el castillo. Nadie puede hacerlo sin permiso del conde. Pero usted no tiene tal permiso, o por lo menos no lo ha presentado". Sin duda pueden establecerse conexiones diversas y complejas entre la literatura de Kafka, la realidad sudafricana y la obra de Coetzee. Solo interesa dejar anotado en este momento que, como Kafka, Coetzee tiene una poderosa imaginación para lo concreto que se despliega en un nivel abstraído de toda precisión de circunstancias históricas.

"La guerra de todos es padre y de todos es rey./ Muestra a unos dioses y a otros hombres./ Hace a unos esclavos y a otros libres", dice el epígrafe de Vida y época de Michael K. Humillado, despreciado, recluido en orfanatos, campamentos, hospitales, cárceles, Michael K. es el personaje entre todos los que transitan por este mundo devastado que más se acerca a una experiencia de libertad. Es un desamparado capaz de hacer en cada situación un balance personal honesto de sus sentimientos de dignidad y miedo. Es un solitario que encuentra una forma de felicidad viviendo en y de la naturaleza. Contra el fragor de la guerra, aprende el amor a la indolencia, la entrega de su ser al tiempo. Siente júbilo al hacer florecer una granja abandonada. En un espacio en el que la normalidad es la guerra, Michael K. tiene el poder de sobrevivir al margen, de crearse un orden distinto al humano en un proceso en el que placer y desintegración resultan inseparables.

El derrotero de Michael K. puede leerse como un reconocimiento de lo efímero de la condición humana, de la vanidad de todo intento de permanencia. En determinado momento sale de un campamento en el que había sido depositado: "Entonces se tumbó en la arena cálida gris, la boina sobre la cara, y se durmió. Se despertó sudando. Levantó la boina y entornó la mirada hacia el sol. Llenaba el cielo, imprimiendo todos los colores del arco iris en sus pestañas. Soy como una hormiga que no sabe dónde está su hormiguero, pensó. Hundió las manos en la arena y dejó que se deslizara una y otra vez entre los dedos".

Cultor y defensor de un realismo no complaciente, en Vida y época de Michael K. Coetzee lleva al lector a una experiencia límite. Cada vez que cae en manos de una autoridad diferente, Michael K. es compelido a contar su historia. Trata de hacerlo, pero un día se da cuenta de que la suya es "una historia llena de lagunas". También comprende que hay quienes solo pueden contar historias de supervivencia (los niños, las mujeres, los viejos de los campamentos) y otros que son capaces de contar aventuras (los jóvenes soldados). Esta es una historia de "supervivencia". Michael K. se alimenta de larvas, insectos, tierra. En determinado momento, desesperado de hambre mata a una cabra, y después se arrepiente. En su resistencia a toda forma de participación en una sociedad enloquecida, sin decidirlo expresamente, Michael K. se deja morir de hambre. Como para Gregorio Samsa en La Metamorfosis, la desaparición es la única forma posible de la libertad.

VIDA Y ÉPOCA DE MICHAEL K., de J. M. Coetzee. Buenos Aires, 2006, Mondadori, 187 págs. Distribuye Sudamericana.

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