Gritos y susurros

OSCAR BRANDO

EL ENSAYO latinoamericano adoptó, a lo largo de su historia, distintas formas, y no pocas veces estuvo atravesado por la polémica. La "Respuesta a Sor Filotea de la Cruz" (1691) de sor Juana Inés de la Cruz, al tiempo que documento autobiográfico fue ensayo y debate acerca del saber de las mujeres, su posibilidad de estudiar, escribir o predicar. Los más destacados escritores del siglo XIX fueron enconados polemistas: Sarmiento emprendió Mi defensa en su defensa y escribió el Facundo como arma de ataque al gobierno rosista; discutió ásperamente con Alberdi y con quien se le pusiera en su camino. Martí no le ahorró adjetivos brutales a sus adversarios (sietemesinos, bribones, delicados) aunque, leídos hoy, parezcan elevadísimos y sofisticados. Montalvo, Hostos, José Hernández, González Prada, Torres Caicedo discutieron las ideas americanas y el destino de América Latina sin ahorrar adrenalina. Algo de lo rescatable de la literatura uruguaya del siglo XIX estuvo en las dos polémicas que enfrentaron a Bernardo Prudencio Berro con Manuel Herrera y Obes y a Carlos María Ramírez con José Pedro Varela. El mismo Rodó, con voz pausada y suave diatriba, cerró el siglo con un polémico programa que tituló Ariel y que abrió cauce a largo debate.

El siglo XX no fue menos ardoroso. La expansión de la prensa y la diversidad de revistas permitieron desafíos en muchos terrenos: dominantes fueron los políticos, más o menos rigurosos, más o menos ideológicos o conventilleros. El dominio de otros medios: radio, televisión, internet, desplazó hacia ellos (con virtudes y defectos) las confrontaciones de ideas. Más recortadas por lo literario, aunque abriéndose a temas como la misión social del arte o el compromiso ético de los artistas, hubo algunas polémicas destacadas. El proceso de las vanguardias alimentó discrepancias abiertas (contra el futurismo: Darío; contra el surrealismo: Vallejo; contra la poesía pura: Neruda) o solapadas. Pero fue sin duda la emergencia de los 60, con ingredientes como la revolución cubana, los disidentes soviéticos y el contexto de la guerra fría, la que propició los más enconados debates. Ángel Rama fue un ensayista de gran capacidad para la polémica: la emprendió con Rodríguez Monegal y luego con Mario Vargas Llosa en ejemplar discusión sobre la función de la novela. Cortázar sostuvo dos frentes casi simultáneos: con Arguedas sobre provincianismo o cosmopolitismo, y con Óscar Collazos sobre literatura y revolución. Benedetti, ya en los 80, confrontó con Vargas Llosa y con escritores españoles a partir de diferencias políticas en torno a Cuba. El "caso Padilla" (1971) los tuvo a todos en danza.

CUATRO HISTORIAS. Aparece ahora un libro que junta partes dispersas de algunas polémicas, cuatro para ser precisos, sobre temas latinoamericanos. Se trata de una pulseada, poco recurrida, que mantuvieron españoles y argentinos en 1927; de las diferencias entre Mariátegui y Haya de la Torre en esa misma década; del penoso desencuentro entre Arguedas y Cortázar a fines de los sesenta; y del promocionado "caso Padilla". Se seleccionan fragmentos y se los presenta con doble introducción: una general a cargo de la compiladora Marcela Croce y una particular para cada parte, encargada a distintos estudiosos. Dicho así el libro es servicial y promete.

El intercambio hispano-argentino por la cuestión del "meridiano intelectual" es el que se recoge de manera más completa. Nació con un artículo de Guillermo de Torre en La Gaceta Literaria de Madrid del 15 de abril de 1927; en forma provocadora de Torre repitió la acusación de galicismo de Latinoamérica (a fines del siglo XIX ya se había discutido la cuestión) y propuso volver a lo Hispanoamericano, con Madrid como meridiano cultural. La reacción argentina no se demoró. El número 42 de la revista Martín Fierro incluyó una serie de respuestas de todo pelo: desde la puramente lúdica de Borges y Mastronardi (que firmaron Ortelli y Gasset) hasta las que se tomaron en serio el ya secular problema de la lengua (recuérdese que venía de Bello y Sarmiento) o el del mercado de producción de libros. Las respuestas españolas no carecieron de mala fe con toques de racismo.

La polémica entre José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre sobre antimperialismo, socialismo y proyectos políticos en el Perú de los 20, está literalmente desperdiciada. Todas las diferencias están reducidas a 7 páginas de documentos.

Mejor, aunque imperfecto, es el planteo del intercambio producido entre Julio Cortázar y José María Arguedas. Este surgió con la respuesta que Arguedas hizo a unas apreciaciones realizadas por Cortázar en carta abierta a Fernández Retamar acerca de cómo descubrió Latinoamérica desde Europa (1967). Arguedas se sintió aludido por acusaciones de telurismo estrecho, parroquial y aldeano (que Cortázar no le había dirigido) y respondió muy herido con la publicación de su "Primer diario" en la revista Amaru. Tiempo después Cortázar volvió a referirse al tema y a Arguedas, subiendo el tono, en una entrevista que le realizó la revista Life en español. Finalmente Arguedas cerró el debate con un artículo publicado en El Comercio de Lima y una mención en el "Tercer diario", donde dice sentirse despreciado por su confesión de "provincialismo".

El "caso Padilla", una polémica que condensó los principales puntos acerca de literatura y revolución, está presentada con mediana amplitud. El poeta cubano Heberto Padilla fue detenido en el año 1971 y luego de un documento de arrepentimiento, fue liberado. Los hechos (detención y confesión) provocaron un terremoto en el mundo intelectual latinoamericano y entre los europeos progresistas, que discutieron sobre la libertad, el papel del creador, la revolución, las formas del dirigismo artístico, los delitos contrarrevolucionarios y varias cosas más.

DOBLE FONDO. El libro presenta deficiencias de distinto orden. La introducción general, que está bien informada, se preocupa más por exhibir ciertas rarezas de estilo que por sacarle jugo a la posible relación entre las polémicas. La del 27, por ejemplo, que fue muy artificiosa, tuvo como uno de sus temas centrales el problema de la lengua: pero en el fondo lo que se discutió, una vez más, fue el destino de América. El afán neocolonialista de los españoles llegaba en mal momento. Por un lado hacía años que ya corría la idea de una decadencia europea (era reconocida con el título de Spengler, "decadencia de occidente"); al mismo tiempo había crecido una aspiración nacional con toques regionalistas que no solo defendía "el idioma de los argentinos" sino que acusaba "a los que creen que el sol y la luna están en Europa" (J.L. Borges, El tamaño de mi esperanza, 1926). Vista en este contexto la polémica del 27 no estaba lejos de la que luego sostendrían Arguedas y Cortázar ni de las facturas que se pasarían "americanos" y "europeos" en torno al caso Padilla. El artículo "Calibán" (1971) de Roberto Fernández Retamar era la síntesis perfecta de todos estos asuntos. La compiladora del libro Marcela Croce, que señala el ensayo del cubano como culminación del "caso Padilla", no atina sin embargo a explotarlo como resumen de todas las polémicas.

En la transcripción de documentos los defectos son también importantes. Ya se señaló el mayor en el capítulo dedicado a Mariátegui y Haya de la Torre: el pecado es allí la pobreza. Otra omisión importante se hace al reproducir el "Primer diario" de Arguedas. De él no se reproduce la parte en que Arguedas responde por su carácter de provinciano: "(13 de mayo)… este Cortázar que aguijonea con su `genialidad`, con sus solemnes convicciones de que mejor se entiende la esencia de lo nacional desde las altas esferas de lo supranacional…"; sino que se incluye una mención al tema del "profesionalismo" del escritor que no estaba planteado expresamente por Cortázar, aunque sobrevolara la cuestión. Esa inclusión solo era posible si se enmarcaba en el debate sobre la función del arte o acerca de la escritura en las condiciones de un país dependiente. Si no, la intervención de Arguedas oponiendo escritores profesionales (Fuentes, Vargas Llosa, Cortázar) a vocacionales (Rulfo, Onetti, García Márquez) parecía excéntrica a la cuestión del irse o quedarse, del arraigo, el compromiso o la mirada supranacional de la literatura. Los prologuistas hacen, con acierto, varias alusiones al "boom" como espacio de referencia de esta polémica. Pero tal vez habría que haber discernido cuánto de arbitrariedad neurótica y cuánto de contenido razonable había en el estigma de "vocación comercial" con el que Arguedas acusó a unos escritores y excusó a otros. La compiladora hace referencia a un Cortázar que "alardea" de profesionalismo, pero en los fragmentos que reproduce no hay una línea que lo confirme. En el "caso Padilla" es necesario recurrir a la documentación completa en Cuadernos de Marcha, No. 49, primera época, mayo de 1971.

Este consejo corre para todo el libro. Tómeselo como una presentación, aunque algo distraída, de los asuntos que elige, y valóreselo como incitación y excusa para investigarlos.

POLÉMICAS INTELECTUALES EN AMÉRICA LATINA. Del "meridiano intelectual" al caso Padilla (1927-1971), Marcela Croce (comp.), Buenos Aires, 2006, Simurg. Distribuye Gussi. 286 págs.

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