Viernes | 12.05.2006
Montevideo, Uruguay | 04:57
 Cultural
Última novela de António Lobo Antunes
Escribiendo la vida

Ioram Melcer

Hay una pregunta que lectores, periodistas y académicos suelen hacerle a los escritores. En los diferentes contextos la formulación de la pregunta es diferente, pero en esencia es "¿Cómo se le ocurrió...?" o "¿De dónde le vino la idea de...?" Cuando leen sobre Macondo la mayor parte de los lectores quedan asombrados de la imaginación de García Márquez. Pasan unos años, maduran, leen más y se dicen que algo en su vida tuvo que haber sido el elemento formativo de ese pueblo mitológico. Se vuelven psicólogos, historiadores y detectives buscando "la verdad", "los orígenes" de Macondo. Leen reportajes, biografías, todo lo que podrá "explicar". Casi cuarenta años después de la publicación de Cien años de soledad, en Vivir para contarla el autor colombiano cuenta que por lo menos el nombre de Macondo apareció en su vida yendo en tren con su madre en Colombia. Así se "descubre" que Macondo no es puro fruto de la imaginación de García Márquez. Y se siente una extraña satisfacción. Hay "una respuesta", y la sensación de que el mundo del artista no está tan lejos.

Pero la verdad es muy diferente. Una de las diferencias fundamentales entre los grandes escritores y los que no lo son está precisamente en la imaginación, o más bien en lo que le sucede a cualquier elemento que cae en manos de la misma. Aunque no es cierto decir que todos tienen vidas muy interesantes o llenas de eventos excepcionales, muchas veces se da que en la tribu de la humanidad, el artista no es simplemente uno de los hombres que vieron el bisonte ni lo es necesariamente el que sabe cómo pintar un bisonte en la cueva comunal. El artista es aquel hombre cuya imaginación atrapa el bisonte y permite que el animal corra libre por sus praderas internas. Y luego está, claro, el pequeño detalle de saber pintar a la luz de la antorcha, con la carne que se está asando en la fogata, de noche, en la cueva.

Los lectores de la obra de António Lobo Antunes conocen los elementos biográficos que forman parte de sus novelas. Por un lado, no tienen nada fuera de lo normal y razonable: una infancia rica en experiencias de familia en el Portugal de Salazar, con tías, abuelos, grandes casas repletas de objetos, con criados en casa y el catolicismo por todas partes, un país dominado por el nacionalismo que formaba a los súbditos del régimen desde la más temprana niñez. Luego los estudios de medicina, la especialización en psiquiatría, los primeros amores, los años 60 en Lisboa, tan diferentes de lo que estaba sucediendo en París o San Francisco; el servicio militar en Angola, en la guerra colonial portuguesa, sirviendo un Portugal que estaba siendo carcomido por dentro. Y después de los años en África, las secuelas de la guerra, el desmoronamiento del individuo, el divorcio de la mujer que se quedó en Lisboa, joven e ilusionada para luego descubrirse ella incapaz de abarcar las necesidades y los traumas de su esposo, que nunca más sería ni joven ni ilusionado, y él, sumergido en el dolor, en una falta de rumbo, sentido o dirección moral. Días de amores fugaces, de depresión y películas de horror que se proyectaban en su mente lesionada. Días que eran noche, y noches que no ofrecían redención o escape.

Estos son los elementos biográficos de la obra de António Lobo Antunes, considerado hoy en día como uno de los más grandes escritores europeos y probablemente el mejor escritor portugués de la actualidad. Habiendo conseguido la fama y el éxito en la crítica y en las ventas, Lobo Antunes ha llegado al punto en que se puede tomar todo este legado personal que fluye por sus novelas y verlo como su "Macondo". Presentando las cosas de esta manera, la pregunta "¿Cómo se le ocurrió...?" parece inútil, o mejor dicho superflua. La respuesta instintiva, inmediata es "¡Vivió los eventos, claro! ¿Cómo no se le iba a ocurrir hablar de lo que vivió?"

CICATRICES DE GUERRA. Pero nada es tan simple como parece. En el curso de la traducción del portugués al hebreo de la novela Os Cus de Judas (En el Culo del Mundo) realizada por este cronista, viendo que necesitaba averiguar el sentido de palabras africanas usadas en Angola así como de términos geográficos, militares y del habla diaria, conocidos por cualquier soldado portugués que sirvió ahí, se fue a buscarlos en el gran depósito del saber humano que es Internet. Los resultados fueron asombrosos, pues muchos de los veteranos de la guerra en Angola no tienen solamente cicatrices y pesadillas, sino que mantienen sus blogs riquísimos en información. Ahí puede cualquier lector de la lengua de Camoes y Pessoa leer los 1001 recuerdos, traumas y anécdotas de Angola, por la cual pasaron tantos y tantos muchachos portugueses, pensando que se trataba de un purgatorio —así lo presentaban el régimen, la sociedad adulta y los lemas nacionalistas— para descubrir rápidamente que Angola era nada más que un infierno. Los veteranos describen el mundo tal como en las novelas de António Lobo Antunes. Algunos hasta cuentan episodios paralelos a los que encuentra el lector de los libros. Hay quienes hablan de los mismos lugares, de las mismas unidades, de las mismas circunstancias en el mismo marco de tiempo.

Claro está que la diferencia entre los blogs y una obra literaria curtida, madura y altamente artística no está en el nivel informativo ni en la exactitud de los datos. El bisonte siempre es exactamente un bisonte. La cueva es una cueva, pero el gran artista es uno solo. El proceso creativo consiste precisamente en la manipulación de la visión, en lo que se escoge, en las decisiones que se toman para el beneficio de la obra en su totalidad. Así sucede que quien ha leído ya una novela de Lobo Antunes y se sumerge en otra, conoce muchos de los elementos que la forman, que la informan, que la constituyen. Por ello, dado que tal lector "se siente en su casa", sus sentidos y su alma se abren hacia lo específico de cada novela y se entregan a la brillante técnica del escritor.

En Auto dos Danados (El auto de los condenados), una novela escrita hace veinte años, leída por todo el mundo y galardonada en forma generosa, se ingresa al mundo de una familia de la aristocracia provincial media durante los años de las guerras africanas y con el régimen de Salazar ya muy decaído. Tres generaciones de una familia como ha habido muchas. Dinero heredado, negocios turbios con el gobierno, un patriarca —el abuelo— que fue cruel, autoritario, abusivo y hasta criminal en el trato a sus hijos, oculta el desmoronamiento de la fortuna familiar, juega con todos como si fueran sus títeres y es el capitán de un barco que no llegará a ningún puerto. En un panorama feroz y a la vez cómico de una estructura fatalmente corrupta, los tripulantes de ese barco perdido corren como ratas enloquecidas. Cada cual trata de apoderarse de la fortuna inexistente, de manipular las situaciones y los secretos, de chantajear, presionar y tentar a sus rivales y al abuelo que oscila entre la senilidad y la astucia. El patriarca se ha acostado prácticamente con todas las mujeres de la novela y el incesto parece ser parte del cemento que sostiene la casa. Un personaje detestable, quizás el peor de todos los que pueblan las páginas del libro. Y por otro lado, es el único ser humano (si se lo puede llamar así) que es fiel a sí mismo, el único hombre que tiene una verdadera columna vertebral, que sabe qué es, quién es, y qué hacer con lo que es. Por lo cual, este personaje nos resulta mucho más respetable que cualquier otro y se lo termina aceptando. ¿Pero qué ha provocado António Lobo Antunes? ¿Qué se le ha ocurrido hacer con este retrato de familia? En efecto, usando elementos muy comunes, indudablemente bastante "cotidianos" en el Portugal de aquellos años, muestra en forma viva que en el Portugal bajo ese régimen, antes del ascenso del Socialismo, no sólo todo iba de mal en peor, sino que no había salida. De un barco tan putrefacto, aunque una que otra rata se salve, no queda nada bueno, útil o prometedor. Y hasta tal punto que el abuelo fornicador, criminal, desalmado, abusivo y repugnante es más humano que la segunda o tercera generación. El hecho de que Lobo Antunes utilizara datos de la crónica portuguesa, mucho de lo que conoce como psiquiatra, una larga serie de cuadros, personajes y situaciones de su pasado como niño y adolescente, es algo que el lector sabe y siente. Pero al fin y al cabo, lo que deja pasmado a cualquiera es la arquitectura, la belleza del resultado, el contenido y lo que está diciendo.

ATROCIDADES EN ANGOLA. En la otra novela famosa y grande, Os Cus de Judas, enfoca el tema de la guerra en Angola. Cuando António Lobo Antunes recibió el Premio Jerusalén de Literatura del año 2005, durante una recepción diplomática este corresponsal tuvo la oportunidad de conversar largamente con el premiado autor, hasta que la charla tomó una dirección extraña por no decir fantasmagórica. Conversábamos sobre los peores episodios descritos en la novela. "¡Fue mucho peor!", decía él una y otra vez. Contó de un regimiento, el suyo, que sufrió un 95% de bajas. De una guerra en la cual no se tomaban prisioneros. Las patrullas portuguesas se metían en el bosque y mataban a quien encontraban. Ese mismo día, los medios de comunicación de todo el mundo hablaban de las atrocidades cometidas por los soldados estadounidenses en Iraq. Lobo Antunes dejó escapar una risita amarga, típica de quien lo ha visto todo.

A lo largo de los años, António Lobo Antunes ha armado, desarmado y rearmado sus materiales. Si una novela enfoca el horror exterior que destroza al hombre, otra está centrada en las enfermedades internas de las relaciones íntimas. Y si en una obra los protagonistas tratan de ignorar el entorno político, en otra es la realidad política que dicta las circunstancias y, de hecho, los acontecimientos. Nacido en 1942, habiendo vivido no solamente las realidades de la opresión y del infierno colonial, sino también el resurgimiento de la democracia en su país, proceso del cual él mismo fue un protagonista importante junto con algunos de sus camaradas del servicio en Angola, Lobo Antunes se siente plenamente en su casa cuando decide enfocar los temas mencionados. Además, como es psiquiatra y sigue ejerciendo en Lisboa, conoce a la perfección el mundo del hombre traumatizado y de los seres que están condenados a la reclusión, en las márgenes del mundo "normal". Lobo Antunes habla de una sociedad que no los puede y no los quiere contener —sea esta sociedad consciente o no, enferma como todas o quizás fatalmente desmoronándose como la sociedad portuguesa de principios de la década de los 70—. Más aún, su obra muestra que lo que separa a un hombre "normal" de un hombre "loco" es muchas veces el producto de la arbitrariedad y de los tiempos. En este sentido, la expresión "los tiempos" abarca historia, cultura, sociedad y normas políticas e ideológicas. El concepto complementario, el de la "arbitrariedad" tiene que ver con el ser humano y su estructura interna, que se da con las realidades y responde como puede, como dictan las misteriosas leyes del alma. Las experiencias formativas de António Lobo Antunes están dentro del marco de su generación y tienen sus raíces en las vivencias que le tocaron, arbitrarias como las de todos —amor, desamor, guerra, turbulencias políticas, el azar de la historia— pero lo que lo destaca es su profunda visión humana y humanista.

Se ha dicho de Lobo Antunes que es un escritor que "destroza" a la clase que lo lee en su país. En Portugal es un personaje muy polémico y de mucha controversia, de los que no tienen pelos en la lengua y lo dicen todo plena y abiertamente. Sus novelas exhiben mucha ironía, una tajante crítica de los sucesos políticos y de la sociedad en la que se formó y en la que actúa actualmente. Es cierto, pues hasta cuando es entrevistado sobre fútbol, no olvida destacar que el Benfica ayudó mucho al régimen de Salazar durante la guerra en Angola. No se trata de encubrir ni de ocultar. Como buen psiquiatra, ventila los temas importantes. No deja cuentas abiertas.

No obstante, el lector admira su generosidad al pintar al ser humano tratando de sobrevivir. Resulta conmovedor ver cómo penetra las almas de sus protagonistas, cómo los entiende y se compadece de las heridas que llevan adentro. Nacido en una sociedad machista, en un país que en los años formativos del escritor era fascista, Lobo Antunes demuestra, tanto en sus personajes como en su carrera artística, que el hombre puede sobrevivir, superar su entorno y fijarse en su mundo con una mirada analítica, crítica y dura pero compasiva. A cualquiera le puede tocar ser rata en un barco podrido. No por ello intentará salvarse como pueda, y si lo logra, algo de héroe tendrá.

Como experiencia estética, el mundo literario de António Lobo Antunes le ofrece al lector un estilo denso, rico en descripción y sumamente intenso. Sin embargo, el motor interno de su prosa no es lo decorativo. No es un escritor que se base en los fuegos artificiales de la belleza de su pluma. La impresionante belleza de su estilo ya es famosa y raramente disputada, aunque no siempre fue aceptada. "Al principio nadie me quería publicar", dijo conversando en Jerusalén. "Me decían que no se escribe así, que mis frases son demasiado largas, que las tengo que cortar...". Lo que impresiona más allá del estilo es que dentro de toda la belleza del texto, el autor nunca deja de contarnos un cuento. Los episodios se intercalan, los apartes abundan, pero siempre son narrativos, nunca piruetas de wunderkind. Esta es la razón por la cual António Lobo Antunes puede volver a usar los mismos capítulos básicos de su vida para contarnos lo suyo. Siempre hay un cuento más, siempre hay otra observación. Las metáforas que arma son ricas en sabiduría humana, en la fina observación de un corazón abierto. Y si sus temas son duros, el logro artístico de Lobo Antunes está en la habilidad casi mágica de imponer su relato y envolver al lector con tiras de seda pura.

A lo largo de su trayectoria literaria —tiene ya más de 15 obras publicadas desde Memoria de Elefante de 1979, donde cuenta la historia de su divorcio en 1976— se nota que António Lobo Antunes nunca se ha contentado con lo que tiene entre sus manos, con lo que ya ha escrito. El suyo es un largo camino de perfeccionamiento. Admite la influencia de la obra de Faulkner, pero con cada nueva novela que publica (y su ritmo es de una cada 12-18 meses) se nota que va encontrando su sendero en la jungla del sentimiento, la memoria y las posibilidades artísticas. Gradualmente ha ido evolucionando a partir de una narración modernista de tipo contiguo y estructurado, hacia el uso de la polifonía y del movimiento asociativo. El resultado es que sus textos ya no son tan densos como al principio. No se siente ya el esfuerzo del autor (escribe 14 horas al día, sin cesar). Al leer sus últimas novelas uno las oye. Antes, usaba las palabras para armar mundos y describirlos visualmente. El Lobo Antunes maduro ha logrado adiestrar sus palabras para que le sirvan de notas musicales flotando con la narración y en ella. Es la seguridad en sí mismo y es la madurez del artista.

OPUS RECIENTE. Su última novela traducida al castellano, Yo he de amar una piedra, expone estos logros incontestables de quien es uno de los principales candidatos al Nobel. Utiliza la realidad de un hospital psiquiátrico, vuelve al tema del divorcio, del fracaso emotivo, con una emotividad palpable, cautivadora. Y más libre que nunca.

Cabe ceder el escenario al autor: "...una tarde cualquiera, sin más ni más, llego del consultorio y ella sin darme tiempo siquiera para dejar la cartera

—He dejado de quererte

exactamente de esta manera, ni quito ni pongo, he dejado de quererte, y yo con la argolla de las llaves balanceándose en el índice, yo cohibido, la voz de costumbre, la entonación de costumbre, todo igual, sus piernas cruzadas, el cigarrillo, solo que en vez de hola

—He dejado de quererte

y la maleta encima de la cama a la espera, el secador desaparecido del cuarto de baño, solo faltaba el secador y sin embargo si daba un paso el suelo se abriría hasta el centro de la Tierra y me tragaría, las llaves, más leves que yo, balanceándose detrás de mí en el vacío, yo cayendo, cayendo, agujereando los departamentos debajo del nuestro, undécimo, décimo, noveno, donde los vecinos comían sin que nadie se alarmase, ni un adiós siquiera, una curiosidad, un asombro

—Mira ese

una muestra de pena

—Allí va el médico del duodécimo, pobre" (págs. 226-227)

No son ocurrencias, no son invenciones ni vuelos de la imaginación. Es la vida. Releemos el pasaje. Respiramos hondo. ¿No es así la vida? ¿No es así que suena? ¿No es así cuando golpea? Ningún cineasta lo puede expresar con toda la banda sonora y los efectos de cámara. Y entre los escritores, António Lobo Antunes es único. l

YO HE DE AMAR UNA PIEDRA, de António Lobo Antunes. Traducción de Mario Merlino. Mondadori, Barcelona, 2005; Distribuye Sudamericana. 557 págs.

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