Felipe Polleri
EN GENERAL, y con muy pocas excepciones, las librerías no me entusiasman como antes; las recorro con una mirada rápida, ojeo las cajas de ofertas y sigo de largo. Amo, en su lugar, las llamadas "librerías de viejo" o de "usados" o de "segunda mano"; los libros son baratos y pueden canjearse y siempre uno puede encontrar allí a ese autor rumano o argelino que buscaba desde hacía años y, además, conversar con un alma sabia (disfrazada de vendedora o vendedor) sobre Sartre o Jane Austen hasta que el mundo se borre. Si creyera en el Paraíso (al Infierno lo veo todos los días), una de sus dependencias sería una librería de "usados". Allí, en el Paraíso, me encontré con Kateb Yacine. Hoy parece estar olvidado, pero tuvo su cuarto de hora sobre todo en los 70, en el París de Sartre. Mi edición de Nedjma (Planeta, 1976), tal vez la única que se publicó en español, dice en la contratapa que Yacine "nació en Constantina, Argelia, en 1929. Hijo de un ‘ukil’, abogado en justicia musulmana, acompañó a su padre, en el ejercicio de su profesión, visitando los poblados y tribus árabes. Una vida difícil, a veces precaria, que continuó Yacine en París realizando distintos oficios, al tiempo que estudiaba y asimilaba su encuentro con Baudelaire, Rimbaud, Faulkner, Maiakovski, etc." No sé si Yacine murió, ni me interesa saberlo. Lo único que sé: Nedjma es una novela inolvidable y olvidada. Si Camus fue un excelente escritor argelino (El extranjero) y un endeble escritor francés, Yacine es el gran escritor argelino. A partir de las peripecias de cuatro jóvenes que trabajan en una cantera, enamorados de una muchacha llamada Nedjma (y que es también un símbolo de Argelia sometida a Francia y también el sueño de una Argelia libre y muchas cosas más), Yacine desnuda el corazón de su patria rebelde con un vigor poético torrencial. ¿Una cruza inexplicable de Rimbaud y Faulkner? Lo cierto es que Yacine bien puede servirse del más sobrio de los realismos, bien puede lanzarse hacia la épica, o simplemente dejarse perder en la embriaguez verbal de un fumador de hachís que también fuera poeta y se llamara Yacine. Y fuera anticolonialista. Si la literatura uruguaya, con más o menos suerte, sigue buscando en la novela histórica su memoria perdida, la literatura argelina (al menos, la de Yacine) tiene su historia milenaria bien pegada a los huesos, como si hubiera nacido vieja y sabia y, al mismo tiempo, enteramente abierta a la lucha y al futuro.
Y no sé qué más decir para que lean a Yacine... Además, hay un problema (siempre hay un problema en el Infierno y después hay otro): es un autor difícil de encontrar. Pero si algo caracteriza al lector de "usados" es su paciencia de beduino herido en el desierto. Sabe que el agua está lejos, infinitamente lejos, pero también sabe que Dios es grande y puede hacer un oasis atrás de cualquier duna. Pude esperar más de dos décadas antes de reencontrarme con mi Nedjma, hojeada por primera vez en una librería ya desaparecida; tal vez el lector, otro beduino herido en el desierto, pueda hacer otro tanto: sé que en este momento hay un ejemplar de Nedjma viajando hacia el Paraíso en el corazón de un grano de arena.
N. de R: Kateb Yacine murió en 1989.