László Erdélyi
Elvio E. Gandolfo
FOTOGRAFIA Y POLITICA. Decir que la información es poder, y que ella será manipulada por los poderes de turno, ya es un lugar común. En los últimos treinta años esos procedimientos han quedado en evidencia, el público los conoce, y en cierta medida los acepta. Aún así quedan cosas por decir. El poeta y escritor David Levi Strauss se ha encargado de ello analizando el vínculo entre la fotografía y la política en Between the Eyes (Aperture, New York), al mostrar cómo las nuevas tecnologías de la información han traído, también, nuevas, sutiles y paradojales formas de manipulación.
En noviembre de 1985 la Eye Gallery de San Francisco montó una exposición con obras de dos fotógrafos de guerra, Richard Cross y John Hoagland, ambos asesinados en la década del ‘80 mientras cubrían guerras diferentes en América Central. En un primer salón estaban expuestas una selección de fotografías originales de ambos; en otra sala atrás, las mismas fotos tal cual fueron publicadas en la prensa internacional, con reproducciones de las páginas enteras de los diarios y revistas, incluyendo los avisos publicitarios. "El contraste entre ambos contextos actuó en mí como una revelación" cuenta Levi Strauss. A partir de allí él mismo presenta las fotografías originales y su posterior publicación en Time o Newsweek, así como también en prensa europea o latinoamericana, en publicaciones de derecha como Soldier of Fortune —cuyo público lector son mercenarios y amantes de la "aventura"—, o en otras auspiciadas por el propio gobierno sandinista de izquierda.
Lo perturbador de este ensayo está en la descripción del proceso. Ambos fotógrafos vivían en los lugares donde trabajaban, hablaban la lengua, compartían y simpatizaban con el sufrimiento de los más débiles, escribieron y trabajaron sobre la manipulación que estaban sufriendo sus imágenes, siendo testigos desesperados de cómo a veces fueron utilizadas para fines políticos totalmente opuestos.
Ensayos sobre el brasileño Sebastiâo Salgado, Bobby Neel Adams y los efectos de las minas sobre la población civil, y los atentados del 11 de setiembre de 2001, entre otros, completan un libro original y removedor.
CRIMENES DEL APARTHEID. Comprender el origen del mal no es una tarea fácil; menos lo es establecer patrones de conducta, motivaciones, y en última instancia, entender por qué se asesinó a hombres, mujeres y niños en nombre de un Estado o ideología. Es un terreno resbaladizo, cosa que supo Hannah Arendt cuando intentó explicar al nazi Eichmann, recibiendo insultos de todo calibre.
El lugar en este caso es la Sudáfrica democrática post-apartheid, el personaje es Eugene de Kock, jefe de las operaciones secretas contra la oposición durante el apartheid, y la autora es Pumla Gobodo-Madikizela, una psicóloga que trabajó en la Comisión de Verdad y Reconciliación de Sudáfrica junto al arzobispo Desmond Tutu. Una vez que cayó el apartheid, toda la vasta operativa de asesinatos, torturas y extorsiones que llevó a cabo de Kock quedó al descubierto, y su responsable marchó a prisión. El acusado tardó poco en hablar, contó cómo y por qué asesinaba a negros y blancos que se oponían a las prácticas segregacionistas, las que convertían a los blancos sudafricanos en ciudadanos de primera clase, y a los negros en ciudadanos de segunda. Esa suerte de arrepentimiento del ‘más diabólico’ de los represores, como se lo llamó públicamente, atrajo a esta psicóloga a bucear en su personalidad mediante numerosas entrevistas personales, que fueron llevadas a cabo en el ala de máxima seguridad de la Prisión Central de Pretoria.
Esas entrevistas dieron un libro, A Human Being Died That Night (Houghton Mifflin, New York), verdadero ‘diario’ del acercamiento a lo más insondable de un asesino, un individuo que no mandaba matar sino que acompañaba a sus hombres en los operativos, y ejecutaba él mismo a las víctimas a punta de pistola. Como era de esperar, la cuestión de la ‘verdad’ y el ‘olvido’ está omnipresente, más cuando la autora afirma en el epílogo que "nuestra capacidad de empatizar es un grandioso don en este brutal mundo", y que el gran desafío es "definir los parámetros morales adecuados para otorgar misericordia a los asesinos y dejarlos en libertad".
RESCATE TARDIO. John Auerbach tiene nombre de pila anglosajón y apellido alemán (el mismo que el teórico literario que escribió el gran clásico Mimesis). Pero nació en Varsovia, en 1922. Escapó del ghetto judío y entró como fogonero en barcos alemanes, bajo identidad falsa. Después de la guerra estuvo en Suecia, y detenido en Chipre por los ingleses durante dos años. Cuando murió su hijo en la guerra del Yom Kippur (1973) abandonó el mar y se dedicó a la escritura, publicando a lo largo de los años doce libros de cuentos y novelas cortas. En esto recuerda a Joseph Conrad: aunque polaco, escribió en un perfecto inglés, que después se traducía al hebreo. Ahora se recogen y difunden internacionalmente dos volúmenes de sus relatos: Tales of Grabowski y The Owl and Other Stories (los dos en The Toby Press, New York), ambos con un mismo prólogo del Nobel Saul Bellow, que lo conoció cuando Auerbach le escribió para agradecerle por la novela Herzog, que le había servido de apoyo durante la enfermedad terminal de su esposa. "The Owl" sirvió seguramente de impulso para la edición, gracias a un premio del Pen Club y la Unesco, aunque Auerbach ya era admirado por gente como el poeta Robert Graves, entre otros. Sus relatos comparten con Conrad también su tenaz ambientación marina. La foto de tapa lo muestra joven, lentudo, apretando con firmeza un cigarrillo ‘king size’ entre los dientes mientras timonea un buque. La foto de solapa retrata a un hombre mayor, barbudo, con una gruesa agenda o cuaderno de notas poniendo a prueba la resistencia del bolsillo de su camisa. Los dos prolijos volúmenes seguramente ampliarán el radio de sus lectores, aunque un poco tarde para el propio narrador: una nota al pie del prólogo de Bellow explica que John Auerbach falleció en noviembre de 2002, cuando "este volumen estaba en preparación".
LEER EN EL BAO. Uno de los placeres de muchos —sobre el cual los freudianos sacarán sorprendentes conclusiones— es la lectura en el baño. Por allí pasan revistas, comics, diccionarios, novelas, pero la norma general es la lectura de fácil digestión, poco abstracta y menos complicada, para no entorpercer la función biológica.
Una editorial californiana entendió que semejante antro sagrado debería merecer ediciones específicas. La Publishers Group West creó así la colección Bathroom Reader, con sugestivos títulos como el Supremely Satisfying Bathroom Reader, o el Bathroom Reader Plunges into History. Este último, contiene 500 artículos de dos a tres páginas con títulos provocativos como ‘Desenmascarando a la Mona Lisa’, ‘La verdadera Lady Godiva’, ‘El Rey que se robó el Congo’, o ‘Mi cena con Atila’. El gancho consiste en desnudar la leyenda anteponiendo datos verídicos, enfrentando mito y realidad, en un tono hilarante.