Caminando alrededor

Oscar Brando

EL 11 DE abril de 1957 Pablo Neruda fue detenido por la policía secreta argentina. Realizaba una gira de conferencias sobre su poesía, pero la dictadura del general Aramburu la creyó peligrosa y dispuso su prisión. El día y medio que pasó en la Penitenciaría Nacional le alcanzó para decidirse a suspender sus lecturas y embarcarse hacia Europa; de allí siguió viaje a Ceylán para asistir al Congreso Mundial por la Paz.

En Confieso que he vivido Neruda recuerda que estaba enfermo cuando lo fueron a detener, que lo cargaron en camilla para sacarlo, que la solidaridad de escritores y amigos forzó su liberación y que un soldado que lo custodiaba le entregó un poema "escrito en versos primitivos, llenos de desaliño e inocencia como un objeto popular". No dice que estuviese en gira por Argentina sino que se hallaba de paso en su viaje hacia Ceylán. El inconveniente le dio pie para gastar una breve reflexión sobre el mundo tolerante que él aspiraba construir, en el que nadie, escribió, sería excomulgado.

Emir Rodríguez Monegal en su libro sobre Neruda El viajero inmóvil proporciona otros datos sobre ese viaje. Asegura que el regreso a Oriente despertó en el poeta la voz de un nuevo libro de poemas que habría iniciado en ese momento y que lo tuvo a mal traer hasta su culminación. Agrega que Neruda suspendió el poemario que estaba escribiendo y que tenía casi listo, Cien sonetos de amor, para dar paso a la escritura de este nuevo conjunto que finalmente llevaría el título de Estravagario.

LOS PASOS DEL HOMBRE. Los hechos referidos pertenecen a un momento que se reconoce como la apertura de una nueva estación en el itinerario poético de Neruda. La década anterior, 1946-1956, había sido la del optimismo histórico, la de la poesía política y la voz oracular. Desde la Guerra Civil Española, 1936-1939, y la incorporación al Partido Comunista, en 1945, la construcción poética de Neruda había querido acompañar su prodigación militante que le impuso la clandestinidad y el exilio a fines de los cuarenta. Son los años de Tercera Residencia, Canto General, los dos primeros libros de Odas y Las uvas y el viento. Es sin duda el momento con el que el poeta quedó identificado largamente y que produjo infinidad de imitadores. El "Yo soy" que cerraba, como última sección, el Canto General tuvo en la poesía y el canto americano (parte de eso que en Uruguay se llamó folclore) una influencia pavorosa. La autobiografía que culminaba el Canto General era la asunción de una voz lírica, de un "yo" producto del recorrido que el poeta había hecho en las cientos de páginas anteriores. La geografía, la historia, los hombres sublimes y comunes del continente americano desembocaban en un "yo soy" que los resumía, en una voz poética que los contenía y hablaba por ellos.

La presencia secreta de Matilde Urrutia había clavado una cuña en el período. Los versos del capitán, publicados como libro anónimo en 1952, permitían establecer un matiz en la poesía cívica de Neruda. Así y todo, ese poemario de amor era cantado por la voz altiva y dominadora que no dudaba en comparar a su amada con América: "Cuando miro la forma/ de América en el mapa/ amor, a ti te veo...." Si en la poesía el centro irradiador de ese yo todopoderoso era el Canto General, en la biografía fueron las celebraciones de sus 50 años que se llevaron a cabo en 1954. Apoteosis insólita, marcó al autorretrato nerudiano en la cúspide de su popularidad y despliegue. Neruda quiso ser y fue poeta de multitudes, de mitines, de concentraciones obreras, de giras interminables en las que lo político y lo poético armonizaron.

"PIDO PERMISO PARA NACER". Cada período de la proteica poesía de Neruda tomó restos de los anteriores, creó los rasgos específicos y los estragó hasta dejarlos exhaustos. El momento de esplendor público que se consagró con la edición de las Obras completas a principios de 1957 se acompañó de un principio de incertidumbre que exigió del poeta un repliegue, le produjo un "cierto cansancio" de ser todos los hombres, lo puso ante la necesidad imperiosa de un espacio de soledad. Mirada desde la biografía, esa crisis de la certeza y del reconocimiento de un yo desmesurado y ese reflujo hacia lo íntimo, pudieron ser atribuidos a los problemas internacionales que había creado la sucesión de Stalin en la URSS y a la plenitud de la nueva relación amorosa con Matilde Urrutia, que le pedía el amparo de un lugar doméstico.

Muy lejos estaba Neruda de abandonar al poeta militante. Los quince años que le restaban por vivir serían testigos de numerosísimas intervenciones públicas de su poesía. Sin embargo, no hay duda que ese año 1957 había señalado en él la necesidad de un descanso, un desplazamiento hacia un espacio recoleto en el que cantar una poesía más privada. El libro de sonetos dedicados a Matilde, que había comenzado a escribir a principios de 1957, podía haber sido ese huerto personal. Pero el poeta necesitaba, como siempre, la formulación de un programa, la explicitud de una poética y las expresó en el poema de apertura de su nuevo poemario, Estravagario.

Hernán Loyola advierte un verso de "Oda al camino" del Tercer libro de Odas como evidente anticipo de ese yo en dispersión: "tú mismo con tus muchas vidas". Esta diversidad adquiere su plenitud en Estravagario. "Pido silencio", portal del poemario, es el manifiesto del nuevo momento en la poesía de Neruda. El "pido permiso para nacer" con que se cierra el poema se ubica en las antípodas del "Lo primero que vi..", nacimiento prepotente del "Yo soy" (Canto General) que era al tiempo creación del mundo que los ojos veían. Este nuevo nacimiento pide el silencio, la soledad que le permita regresar a un mundo íntimo: el de las lluvias de su infancia, el del anillo del verano, el de la hojas otoñales, el del amor por Matilde. No debe confundirse la soledad dolorosa de Residencia en la tierra con esta nueva soledad activa y vital de Estravagario. De una a otra han corrido treinta años, que el poeta recogió en el magnífico poema "Regreso a una ciudad".

"NO ENTIENDO SINO LAS CENIZAS". Treinta años después Neruda volvió al paisaje residenciario. En 1927 había sido destinado como cónsul en Oriente. Fueron los años duros de la Primera Residencia y de los amores tormentosos con Josie Bliss. En 1957 regresó y así lo recordó en su autobiografía: "A los 22 años de edad viví en Ceilán una existencia solitaria y escribí allí mi poesía más amarga rodeado por la naturaleza del paraíso (...) Regreso mucho tiempo después. (...) Me fui al tanteo por las callejuelas en busca de la casa en que viví (...) Me costó dar con ella. (...) La vieja estancia donde escribí dolorosos versos iba a ser pronto demolida. Estaban carcomidas sus puertas, la humedad del trópico había dañado sus muros ..." De la llegada a Rangún escribe: "Se cumplían en esos días treinta años de mi residencia en la tierra, de mi residencia en Birmania, durante la cual, estrictamente desconocido, escribí mis versos. (...) Ni sombra de Josie Bliss, mi perseguidora, mi heroína del "Tango del viudo". Nadie me supo dar idea de su vida o de su muerte".

El poema de Estravagario "Regreso a una ciudad" funde las dos experiencias. En el espacio lírico de una ciudad que lo asalta con la duda: "¿A qué he venido?", no encuentra a la loca que lo quería y "la lluvia ha trabajado mucho" sobre la puerta de la casa en que vivió. El poeta desencuentra el pasado y desde un yo todavía íntegro se pregunta: "¿Quién soy en esta ciudad muerta?". Pero inmediatamente duda y se ve a sí mismo, en ese tiempo que pasó, como los varios hombres que fue, que gastaron distintas vidas, vistieron distintos trajes, murieron y revivieron: "Ahora me doy cuenta que he sido/ no solo un hombre sino varios/ y que cuantas veces he muerto,/ sin saber cómo he revivido..." El poeta no reconoce a esa ciudad muerta, pero advierte que si ella tampoco lo recuerda el muerto es él. Entonces se despide de un pedazo de historia que ha perdido, porque el hombre que fue ya se murió: se fueron los lugares y los amores y le quedó el temor de permanecer aprisionado, muerto, en ese pasado de "calles sucias del tiempo": "es peligroso caminar/ hacia atrás porque de repente/ es una cárcel el pasado". Por eso regresa a su vida, a su casa, a su amada y a los signos que sí son suyos: el agua, el sol, el vino y la tierra con manzanas.

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