"Compongo para sentirme menos solo"

Guillermo Pellegrino

NACIDO en Vallecas (Madrid) en 1974, Ismael Serrano pertenece a una rica tradición de cantautores españoles que en la generación anterior a la suya incluyó figuras como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute o Joaquín Sabina.

Es uno de los mejores exponentes de la nueva canción de texto española, y este año visitó el Uruguay como parte de una gira para presentar su último disco La traición de Wendy. En esa oportunidad, llenó dos veces la Sala Zitarrosa.

EMOCIONES UNIVERSALES

—¿Cómo invitarías a tus espectáculos o a escuchar tus discos a la gente que aún no te conoce?

—Quizás pueda dar alguna pista el hecho de que yo haya crecido escuchando en el tocadiscos de mi padre a cantautores que atienden a la palabra, que buscan el equilibrio de lo que se dice y cómo se dice. Creo en la vigencia de esa canción que se compromete con la realidad, que habla de una cotidianidad compartida. Yo provengo de ahí, reconozco mis deudas. Sin embargo entiendo que la canción de autor es un género que merece ser renovado y por eso trato de imprimir en cada disco, en cada canción, todo lo que voy aprendiendo no sólo en mis experiencias vitales, en lo que observo, sino también a través de la música que escucho, que apuesta a una forma natural y a la vez tratar de hablar de la realidad en la que se vive en forma honesta y veraz.

Creo en el valor de la poesía social, pero no creo —porque me parece muy vanidoso— en la música que trata de remover o agitar las conciencias de la gente. Asimismo, puedo decir que soy alguien que compone para sentirse menos solo. Pienso que se compone para sentirse acompañado, en la adversidad, muchas veces para entender que las tristezas, las alegrías o las esperanzas de la mayor parte de los seres humanos son muy parecidas.

—¿Cómo es eso que compones para sentirte menos solo?

—Es así. Hay algo que suele definir al músico: su miedo patológico a la soledad. Yo no sé hacer nada solo: no puedo ir solo al cine, si en casa no estoy con compañía no preparo nada para comer. Componer es de las pocas cosas que sé hacer solo. Será por la necesidad de transmitir, de comunicarme. Escribir una canción es muchas veces buscar un diálogo imposible, en ocasiones con gente que está lejos, con la intención de acortar distancias. Se me figura la tan mentada imagen del náufrago que lanza un mensaje en una botella.

—También hablaste del "equilibrio entre el qué y el cómo lo dices" ¿Podés profundizar ese concepto?

—Advierto que en ocasiones hay un prejuicio que dice que los cantautores privilegian la letra por encima de la música. No estoy de acuerdo con eso. Lo que se intenta es buscar canciones que se conformen con las dos patas, y más aún en esta generación de cantautores que —quizás no esté bien decirlo— tenemos una formación musical muy amplia.

—En cuanto a la letra, puede que haya que apuntar más al cómo que al qué. Digo esto teniendo en cuenta que hay determinada temática que la canción ya ha tratado, y que ahora lo importante sean las diferentes formas de decir esas mismas cosas.

—Puede ser. Pero igualmente en este caso yo insisto en ese qué. Me gustaría pensar que no soy un tipo que peca de nostalgia, no soy de esos que aseguran que todo tiempo pasado fue mejor, aunque sí creo en la necesidad de hacer ejercicios de memoria, porque muchas veces para saber lo que te queda por andar tienes que mirar lo que has vivido. Y esa mirada me parece muy importante sobre todo cuando hay una obsesión por imponer el olvido como una solución a los problemas en general.

—Le cantas bastante al amor, principalmente desde la perspectiva del desamor, ¿no corrés el riesgo de caer en facilismos, en lo cursi?

—Seguramente. Y esa obsesión a veces te persigue. De la misma forma que cuando haces canción política temes caer en la solemnidad o ser muy tajante.

—¿Sos de pedir opinión cuando terminas de escribir ciertos textos?

—No, no. Supongo que nadie está libre de culpa. Si uno revisa con lupa sus canciones puede advertir que quizás en algún momento cayó en eso. Creo que a veces uno puede permitirse alguna cursilería, el problema es cuando se hace un hábito.

NO RENUNCIAR A LOS SUEOS

—¿Se compone más y mejor en la tristeza que en otros estados ánimo?

—Siento a la música como una analgesia, un bálsamo para cicatrizar heridas y así hacer más llevaderos ciertos dolores. Tal vez por eso se escriba mucho sobre el desamor, lo que no quiere decir que los autores traten de regodearse en el sufrimiento. Sin embargo suele pasar que cuando uno está sufriendo, escuche, en una actitud algo masoquista, las canciones más terribles de amor. Se trata de eso: de la certeza de reconocerte en alguien más, en alguien que ha sentido lo mismo que tú y que ha sido capaz de crear una canción para intentar superarlo. Esto hace que te sientas más fuerte, menos solo en la adversidad.

—Hablame de La Traición de Wendy, que tiene que ver con Peter Pan, con los niños y los sueños.

—No se trata tanto de reivindicar el síndrome de Peter Pan, de querer ser un niño eternamente, cosa que a mí no me gusta. Crecer es bonito, pero no debe ser una renuncia constante. Porque lamentablemente nos enseñan que crecer es renunciar a los sueños, a la utopía, que hay que convertirse en tipos grises, cada vez más reaccionarios. Creo que se puede crecer de otra forma: siendo fiel a tus principios.

—Algunas de estas ideas propones en este nuevo disco.

—Hablo de esos sueños que hay que preservar con el paso del tiempo y también de esa encrucijada en la que me encuentro por una cuestión personal, con 29 años, una edad en la que ya no te puedes preguntar qué vas a hacer de mayor. Estoy viviendo el momento de cumplir las promesas que me hacía de más joven; llegó el tiempo en el que tienes que pronunciarte. Así surgen canciones como "Ahora" y "Pájaros en la cabeza".

—La portada del disco un poco juega con todo esto: hay una foto tuya de niño, otra de la actualidad. Atrás hay unos afiches, ¿son de la Revolución de los Claveles?

—Es así. La foto original me la tomaron en Portugal, hace unos 20 años, en una vacaciones que fuimos con mi familia. Me gustó la foto por el color antiguo, el desenfoque; y también me encantó porque atrás aparecían esos carteles que conmemoraban esa hermosa Revolución de los Claveles.

—Que fue justo en el año en que naciste.

—Exacto. En 1974.

—¿Qué significa el color azul para vos? Te lo pregunto porque en cinco de las seis primeras canciones aparece la palabra, además del Atrapados en azul, título de tu primer disco.

—La verdad es que no lo sé. No creo ser el primero, en cualquier caso. Te diré que el azul me evoca el horizonte, el color del mar y del cielo, el más allá... Pero sinceramente no tengo una explicación de porqué aparece tanto en mis textos.

—Como autor, no temes a que en un momento determinado no te surja más nada.

—A veces tengo miedo de no estar a la altura de mis anteriores trabajos.

—¿Sos autocrítico?

—Sí, demasiado. Después que salen, escucho muy poco mis discos.

HOY ES SIEMPRE TODAVIA

—¿Cuán independiente sos trabajando para una multinacional? ¿Tenés exigencias determinadas en cuanto a la frecuencia de discos; has tenido que hacer ciertas concesiones?

—¡No, qué va, todo lo contrario! He sido yo el que ha sentido la necesidad de sacar discos muy rápido, porque necesito renovar mi repertorio. De todas maneras en algún momento me puede pasar de tomarme varios años para sacar un disco y ahí tendría problemas con la compañía. Pero hasta ahora no los he tenido en ese sentido, he tenido conflictos de otro tipo, como cuando me han exigido ir a programas en los que me he sentido incómodo: lo he hecho alguna vez y ya no lo he vuelto a hacer. ¿Concesión? Artísticamente nunca he hecho ninguna.

—¿Tenés pronto material para un próximo trabajo?

—Sí, pero mi intención es hacer un disco en directo. Me interesa lo que es la música y el diálogo, el contacto con la gente, lo espontáneo.

—"Agárrate de mi mano que tengo miedo del futuro", ¿de quién es esa frase que aparece en una de tus canciones?

—Es mía. Aparece entrecomillada porque es lo que le dice él a ella. Es de una canción que se llama "Recuerdo", una de mis canciones preferidas.

—¿Sentís ese concepto como propio? En ese caso, ¿qué es lo que te amedrenta?

—Más bien diría que es algo que me obsesiona: lo fugaz que es todo. Puede que sea un miedo que me lleva a componer tanto, a ser tan prolífico, donde juega el hecho de retener el instante.

—"Es todo, todo tan fugaz", dice un tango.

—Y también hay un poeta que dice que sólo lo fugaz permanece: un verso muy bonito, pero que no deja de ser una contradicción...

—Aparece esa fugacidad en distintos pasajes de tu repertorio.

—Hay varias canciones que tocan el tema. "Vértigo", en mi primer disco, "Recuerdo", en La Memoria de los peces. Hablo de lo precario de la felicidad, algo patológico que te impide disfrutar de ciertos momentos. Por eso siempre rescato la frase de Machado: "Hoy es siempre todavía..."

—Lo de aprovechar el momento porque toda la vida es ahora...

—Es que el hecho de pensar que todo se acaba, muchas veces me impide disfrutar con toda la intensidad que merece cada momento. Ahí, entonces, está la frase de otra canción: "el amor es eterno mientras dura".

Animal político

ISMAEL SERRANO es un hijo de la generación del 68. Su padre, Rodolfo Serrano, periodista de profesión, le hizo escuchar desde niño a músicos de su generación como Luis Eduardo Aute, Joan Manuel Serrat, o Silvio Rodríguez. Fue también su padre quien lo guió en los primeros pasos con una guitarra. A los dieciséis años, ya componía canciones, y empezó a tocarlas en público en la universidad con su banda "Delitos y faltas".

Luego se presentaría en asociaciones de vecinos, locales de ocupación y fiestas de barrio, para pasar después al circuito de cafés y bares madrileños. A los veintidós años editó su primer disco, Atrapados en azul, por el que ganó el premio Revelación. La crítica lo consideró el heredero de Serrat y recibió elogios de figuras como Luis Eduardo Aute quien dijo que venía "a remover con toda seguridad las un tanto asépticas y estancas aguas de la música actual".

Hoy en día llena estadios en España y en América Latina y ha compartido escenarios con el propio Aute, Silvio Rodíguez, Daniel Viglietti, Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat y los hermanos Parra. Ha participado en eventos de solidaridad con Chiapas, con las Madres de Plaza de Mayo y protagonizó un homenaje a los ex combatientes de las brigadas rojas de la guerra civil española. Se define como "un animal político", en todos los sentidos: "Incluso creo que cuando cualquiera escribe una canción de amor detrás se vislumbra el compromiso político que tiene o no tiene. Yo no lo hago de una forma consciente, sino que esa trama surge naturalmente porque existe en la vida real. O sea, cuando un chaval está jodido porque ha perdido el empleo y tiene que irse de su país, abandonar a su cuadrilla de amigos y a la mujer que quiere para irse a otro lado... ¿eso qué es? ¿una historia política o una historia de amor y desamor? Yo creo que la vida está terriblemente influida en todos los aspectos por cómo estamos organizados socialmente".

Papá, cuéntame otra vez

Papá, cuéntame otra vez, ese cuento tan bonito

De gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo.

Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana

Y canciones de los Rolling,

Y niñas en minifalda.

Papá, cuéntame otra vez, todo lo que os divertisteis,

Estropeando la vejez a oxidados dictadores,

Y como cantaste Al Vent,

Y ocupasteis la Sorbona en aquel Mayo francés

En días de vino y rosas

Papá, cuéntame otra vez, esa historia tan bonita,

De aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia

Y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo

Y cómo desde aquel día todo parece más feo.

Papá, cuéntame otra vez que tras tanta barricada

Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada

Al final de la partida no pudisteis hacer nada

Y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota,

Todo lo que se soñaba

se pudrió por los rincones,

se cubrió de telarañas

y ya nadie canta Al vent, ya no hay locos,

ya no hay parias, pero tiene que llover

aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel Mayo, queda lejos Saint Denis,

Lejos queda Jean Paul Sartre,

Muy lejos aquel París,

Sin embargo a veces pienso

Que al final todo dio igual:

Las hostias siguen cayendo

Sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos

Podridos de crueldad

Ahora mueren en Bosnia

Los que morían en Vietnam

Discografía

Atrapados en azul, 1997.

La memoria de los peces, 1998.

Los paraísos desiertos, 2000.

La traición de Wendy, 2003.

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