Andrea Blanqué
AL IGUAL que en El mundo de Sofía, esta novela del noruego Jostein Gaarder trata de un niño con un misterioso mundo a espaldas de los adultos. Como Sofía —la protagonista del exitosísimo best-seller— Petter es un niño que se cría junto a su madre porque su padre está ausente: aquí la causa de la ausencia es simplemente el divorcio, con un origen turbio, que finalmente se revela como culposo.
También Petter es un niño extraño, abocado a elucubraciones intelectuales no habituales para su edad. A diferencia de la mamá de Sofía, a quien siempre vemos haciendo compras o preparando alimentos, atada a un sentido estricto de la realidad, la mamá de Petter estimula en el atípico niño solitario gustos refinados: la ópera, por ejemplo. La capacidad de inventar de Petter le gana en varios cuerpos a la capacidad de razonar de Sofía, que no es poca cosa. Él cuenta historias maravillosas, aunque no las escribe nunca: hay un recuerdo traumático y represor que le prohibe el gesto natural de escribir lo que se inventa.
Petter comienza contando historias a su madre, luego a sus amantes —varía frecuentamente de compañera de cama—luego a una mujer diez años mayor que le hace una propuesta inusual espermatozoides mediante. La historia de la novela se ve interceptada entonces por largos relatos que hacen que el lector olvide a Petter y a su oyente y se involucre en los nuevos personajes creados por la imaginación del personaje que verbaliza a otros. En este sentido, la novela El vendedor de cuentos funciona de modo similar a El mundo de Sofía, pues a la historia principal se le interpolan textos autónomos. En el último libro de Gaarder, estos textos, en lugar de ser amenas y apretadas síntesis del pensamiento filosófico, son cuentos, o más bien, síntesis de novelas: en estas historias melancólicas reverberan tradiciones emblemáticas de la cultura occidental, tales como el circo, el ajedrez, los enanos, etc.
Cuando Petter crece, y ya es un adulto hecho y derecho, se gana la vida con un oficio particularísimo: vende historias clandestinamente a escritores estériles. Los escritores pueden haber quedado estériles por diferentes causas, una de ellas puede ser que a pesar del talento para el estilo —"saber cómo decir"— no se tenga "nada para decir". Otra causa puede ser el hecho de haber sido llevado por la trituradora de la fama: ubicado un escritor en el centro del abominable circuito editorial de dinero y prestigio, se ve constantemente acosado por el deber de escribir más libros, aunque se le haya secado el manantial de la imaginación.
A Petter no se le seca jamás. Su capacidad de soñar historias es inagotable. Monta una curiosísima empresa unipersonal: vende las historias oralmente (no las escribe), en secreto, para honrar el narcicismo de los escritores europeos, pergeñando un riguroso sistema para que una misma historia no vaya a dar a dos escritores/clientes al mismo tiempo.
Pero el circuito editorial del Primer Mundo, a pesar de sus millones de lectores y de euros, es promiscuo. Todo el mundo se conoce y termina sabiendo todo.
Es así que Petter —apodado "el araña"— comienza a correr riesgo de vida. Y en verdad, la vida está a punto de hacérsele trizas cuando se le cruza una extraña muchacha que cuenta historias muy similares a las que él alguna vez contó.
El lector tiene derecho a preguntarse cómo es posible que la novela esté escrita en primera persona si Petter siempre se ha negado a escribir: ése es uno de los secretos de la novela.
El vendedor de cuentos deja un sabor amargo en la boca: habla de lo que duele a muchos escritores: el drama del cuarto de hora, la esclavitud con respecto a las editoriales y a las multinacionales, el lobby permanente que se ven obligados a realizar muchos de los que escriben, la relación entre el dinero y los productos que salen de la imaginación de un individuo, el miedo a la página en blanco. Pero sobre todo, la novela de Gaarder habla de la enorme soledad en que los creadores se hallan metidos, a pesar del mundillo intelectual de los periodistas, críticos, editores y lectores "grouppies". En este sentido, una vez más, como en El mundo de Sofía, Gaarder no deja pasar la posibilidad de intentar mejorar el mundo cuando escribe.
También la novela deja entrever la hipótesis a menudo barajada de que detrás de un creador hay un niño desdichado. El protagonista no logra redimir su congoja con el amor, pero finalmente, el hecho de que esté escrita la historia induce a pensar que de algún modo deja de ser aquel niño con quien su madre se enojó rabiosamente por haber escrito en las paredes.
Jostein Gaarder nació en Oslo en 1952, en algún momento fue profesor de Filosofía y de Historia de las Ideas en un liceo de Bergen, pero ahora lleva escritos varios libros multipremiados y multivendidos. Otros títulos suyos editados en español son: El enigma y el espejo, Vita brevis, El castillo de las ranas, Maya y La biblioteca mágica de Bibbí Bokken. Sus obras tienen además el valor de poder ser leídas plácidamente por un público adolescente.
EL VENDEDOR DE CUENTOS, de Jostein Gaarder, Ediciones Siruela, Madrid, 2002, Distribuye Gussi. 211 páginas.