VIERNES 7 de marzo de 2003- Año 85 -Nº 29302
Internet Año 8 - Nº 2412 | Montevideo - Uruguay
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Los acordes finales

H.A.T.

LA CAIDA DE BIX fue un proceso gradual que duró más de dos años y que aparece detallado en el registro casi diario luego publicado en un libro de Philip Evans. Comenzó en febrero 1929 y en New York, cuando una pelea con dos desconocidos lo dejó mal herido, tras lo cual Paul Whiteman lo envió a su hogar en Davenport para reponerse. Esa fue la primera separación importante de la orquesta, que se reiteró meses después. En el proceso de caída fue decisivo el alcohol, vicio que Bix no consiguió dominar. Tras una internación, el informe médico del Keeley Institute señalaba un historial de diez meses, desde diciembre 1928, que comprendía pulmonía y nada menos que Delirium Tremens. Cabe recordar que entonces regía la Ley Seca, ilusoria medida oficial cuyas consecuencias fueron la destilación de alcohol clandestino, el contrabando, las pandillas de delincuentes, la corrupción en la policía y la justicia. La bebida era parte necesaria de las fiestas en clubs sociales y salones privados, durante una década que buscó la disipación y la liberación de las costumbres. También era en muchos casos un refuerzo del entusiasmo que pudo empujar a muchos músicos.

Pero la bebida no fue sólo una causa de percances y frustraciones sino también un refugio de otras molestias vitales. La actividad diaria de la orquesta de Paul Whiteman combinaba un repertorio muy comercial con un ritmo frenético de viajes, ciudades, hoteles, actuaciones continuas en conciertos y radios. Era un tren de trabajo que aniquilaba a músicos sensibles. En las palabras del pianista Roy Bargy: "Siempre pensé que Bix estaba fuera de lugar en la orquesta de Whiteman y que sus talentos no eran aprovechados, excepto en unas pocas ocasiones. Casi todos los otros músicos de Whiteman pensaban lo mismo".

Entre las pocas ocasiones a las que alude Bargy cabe citar algunos discos con las orquestas de Whiteman y de Trumbauer durante el crítico período 1929-1931 (Louise, China Boy, Ma Cherie, Oh Miss Hannah) que conceden fragmentos brillantes a Bix, a pesar de su salud en esos dos últimos años. Pero sus frustraciones fueron muchas. En 1929 la orquesta se mudó a Hollywood, donde la Universal debía homenajear a Whiteman, en los comienzos del cine sonoro, con una película titulada The King of Jazz (dir. John Murray Anderson) que tuvo muchos contratiempos y donde Bix terminó por no figurar, para su fastidio. Las ausencias de Bix ya habían provocado que Whiteman contratara a un trompetista suplente, Andy Secrest, que en algún disco compartió la figuración con el titular (en China Boy), pero que era desde luego una molestia en el amor propio. La utilidad de Secrest se hizo evidente cierto día, cuando Bix se apagó de pronto, frente al micrófono de la radio, en medio de un solo, y Secrest debió retomar de urgencia su parte. No fue la única crisis musical de Bix, que prefería unirse con otros colegas, en grupos de seis o siete, para tocar con la espontaneidad que la orquesta de Whiteman no le concedía.

Entre períodos de ebriedad y períodos de abstinencia, Bix tuvo otros percances. Quedó muy dolido con la muerte de su amigo el clarinetista Don Murray (junio 1929), que tenía su edad y que falleció en un accidente mientras estaba ebrio. Apartado de Whiteman, Bix integró bajo Irving Mills y bajo Hoagy Carmichael otros conjuntos de grabación (para Rockin’ Chair, para Loved One, ambos en 1930) pero cuando formó un conjunto propio para una grabación en Victor (Deep Down South) se equivocó en citar a demasiados amigos y terminó con tres clarinetes, que fueron Benny Goodman, Pee Wee Russell y Jimmy Dorsey. En una fiesta comenzó a tocar el piano a cuatro manos, junto a Joe Sullivan, pero estaba ebrio, arruinaba la música y terminó expulsado por Sullivan del piano y del salón. Algunos amigos intentaron hacerle entrar en la Casa Loma Orchestra, que era entonces muy importante, pero se apartó de allí casi de inmediato. No podía tocar con desconocidos.

LA MUERTE Y DESPUES. Bix residía en un piso del barrio Queens, New York, en agosto 1931. Debió ser un día muy cálido. Según crónicas de entonces, los neoyorquinos utilizaban a menudo el método de empapar una sábana en agua fría y envolverse en ella para dormir. Si eso fue cierto en su caso, se explica que el certificado del fallecimiento diga "pulmonía". Pero un vecino llamado George Kraslow dio otro testimonio. Escuchó los gritos de Bix, quien deliraba asegurando que bajo la cama había dos mexicanos con largos cuchillos. Minutos después murió, en un nuevo ataque de Delirium Tremens.

El fallecimiento de Bix fue debidamente lamentado por sus colegas y por la población de su Davenport natal. Pero fue el comienzo de un largo olvido, porque su nombre significaba poco para el gran público. En 1931 comenzó a aumentar en Estados Unidos el interés por la radio y la nueva fama de otras orquestas y de artistas cómicos. Poco después se inició la llamada Era del Swing, protagonizada por grandes orquestas, con arreglos escritos, tríos de clarinetes, sobreagudos de trompeta y escasa oportunidad para la expresión personal. La nueva fama de Benny Goodman, Tommy Dorsey, Glenn Miller, Artie Shaw, se extendió a que también las orquestas negras (Jimmie Lunceford, Fletcher Henderson) participaran de una tendencia que anulaba el lucimiento individual y las lecciones del jazz clásico.

En 1938 Dorothy Baker publicó la novela Young Man with a Horn, que a menudo aparece mencionada como una biografía de Bix, pero que sólo es una pálida sombra de su vida, sobre un personaje ficticio llamado Rick Martin. Por otra parte, ese retrato de un músico sólo sería útil con sonido al fondo y eso quiso hacer Warner Brothers en 1950, adaptando Young Man with a Horn al cine, con Kirk Douglas en el protagonista y Michael Curtiz en la dirección. Fue un error monumental, porque se eligió a Harry James para hacer los solos de trompeta, con los sobreagudos del caso, y eso ofendió a todo devoto de Bix Beiderbecke.

Otros recuerdos de Bix fueron mejores. Su influencia aparece en discos de otros cornetistas y trompetistas, una lista extensa cuyos nombres mayores son Red Nichols, Jimmy McPartland, Chelsea Quealey, Andy Secrest y Bobby Hackett. El más cercano resultó ser Tom Pletcher, que no sólo suena como Bix (en una grabación de I’ll Be a Friend with Pleasure) sino que escribió sobre él.

En 1974 se publicó un libro asombroso, titulado Bix, Man and Legend, debido a tres autores, Richard M. Sudhalter, Philip R. Evans y William Dean Myatt. La detallada biografía, que revela años de investigación, culmina con una discografía muy detallada y con 58 páginas dedicadas a registrar, día por día, todos los movimientos de Bix que se dieron a conocer (discos, viajes, conciertos).

Aunque ese logro parecía insuperable, Philip R. Evans lo superó en 1998, ahora con ayuda de su esposa Linda Evans. Su libro The Leon Bix Beiderbecke Story podrá quedar como la biografía definitiva, no sólo porque dice corregir algunos pequeños errores del libro anterior (no dice cuáles) sino porque enriquece el material. Hay textos de Nick La Rocca y de Tom Pletcher, están las muchas cartas escritas por Bix a su familia y es abrumadora la cantidad de fotos. Lo mejor del libro es que aquella transcripción de fechas, día por día, se mejora con los agregados y comentarios de quienes pudieron conocer cada grabación o cada incidente. Esos otros textos son pequeños párrafos con firmas notorias.

A los libros deben ser agregadas dos películas. El italiano Pupi Avati hizo un Bix (1990) que contiene mucha ficción. Coloca al violinista Joe Venuti como relator, narrando a una chica italiana la vida de Bix. Esa fue una idea argumental astuta, utilizando a un testigo de Bix como personaje que sabe lo que dice. Pero a partir de allí sólo hay confusión. Es tremendo el desorden cronológico, que impide aprender lo que hace falta y deja baches considerables. Hay algunos momentos de drama y otros de buena música (con Tom Pletcher en banda sonora), pero el conjunto no es satisfactorio. Era más informativa y auténtica la otra versión documental por Brigitte Berman, también titulada Bix (1981), que recoge testimonios de muchos colegas de Bix y los de Hoagy Carmichael en particular. Su banda musical es simplemente una recopilación de fragmentos grabados.

Queda el escaso consuelo de que ninguna biografía de músicos ha funcionado bien en el cine. Cuando no está falseada la música misma, se ha simplificado la vida hasta el relato superficial, con algún romance agregado, como fue el caso de Red Nichols, Glenn Miller o los hermanos Jimmy y Tommy Dorsey. Lo mejor que se puede hacer en memoria de Bix es juntar la colección completa de sus discos y ahora sus CD. l



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