H.A.T.
LA CAIDA DE BIX fue un proceso gradual que duró más
de dos años y que aparece detallado en el registro
casi diario luego publicado en un libro de Philip Evans.
Comenzó en febrero 1929 y en New York, cuando una
pelea con dos desconocidos lo dejó mal herido, tras lo
cual Paul Whiteman lo envió a su hogar en Davenport
para reponerse. Esa fue la primera separación
importante de la orquesta, que se reiteró meses
después. En el proceso de caída fue decisivo el
alcohol, vicio que Bix no consiguió dominar. Tras una
internación, el informe médico del Keeley Institute
señalaba un historial de diez meses, desde diciembre
1928, que comprendía pulmonía y nada menos que
Delirium Tremens. Cabe recordar que entonces regía
la Ley Seca, ilusoria medida oficial cuyas
consecuencias fueron la destilación de alcohol
clandestino, el contrabando, las pandillas de
delincuentes, la corrupción en la policía y la justicia. La
bebida era parte necesaria de las fiestas en clubs
sociales y salones privados, durante una década que
buscó la disipación y la liberación de las costumbres.
También era en muchos casos un refuerzo del
entusiasmo que pudo empujar a muchos músicos.
Pero la bebida no fue sólo una causa de percances y
frustraciones sino también un refugio de otras
molestias vitales. La actividad diaria de la orquesta de
Paul Whiteman combinaba un repertorio muy
comercial con un ritmo frenético de viajes, ciudades,
hoteles, actuaciones continuas en conciertos y radios.
Era un tren de trabajo que aniquilaba a músicos
sensibles. En las palabras del pianista Roy Bargy:
"Siempre pensé que Bix estaba fuera de lugar en la
orquesta de Whiteman y que sus talentos no eran
aprovechados, excepto en unas pocas ocasiones.
Casi todos los otros músicos de Whiteman pensaban
lo mismo".
Entre las pocas ocasiones a las que alude Bargy cabe
citar algunos discos con las orquestas de Whiteman y
de Trumbauer durante el crítico período 1929-1931
(Louise, China Boy, Ma Cherie, Oh Miss Hannah) que
conceden fragmentos brillantes a Bix, a pesar de su
salud en esos dos últimos años. Pero sus
frustraciones fueron muchas. En 1929 la orquesta se
mudó a Hollywood, donde la Universal debía
homenajear a Whiteman, en los comienzos del cine
sonoro, con una película titulada The King of Jazz (dir.
John Murray Anderson) que tuvo muchos
contratiempos y donde Bix terminó por no figurar, para
su fastidio. Las ausencias de Bix ya habían provocado
que Whiteman contratara a un trompetista suplente,
Andy Secrest, que en algún disco compartió la
figuración con el titular (en China Boy), pero que era
desde luego una molestia en el amor propio. La
utilidad de Secrest se hizo evidente cierto día, cuando
Bix se apagó de pronto, frente al micrófono de la radio,
en medio de un solo, y Secrest debió retomar de
urgencia su parte. No fue la única crisis musical de Bix,
que prefería unirse con otros colegas, en grupos de
seis o siete, para tocar con la espontaneidad que la
orquesta de Whiteman no le concedía.
Entre períodos de ebriedad y períodos de abstinencia,
Bix tuvo otros percances. Quedó muy dolido con la
muerte de su amigo el clarinetista Don Murray (junio
1929), que tenía su edad y que falleció en un accidente
mientras estaba ebrio. Apartado de Whiteman, Bix
integró bajo Irving Mills y bajo Hoagy Carmichael otros
conjuntos de grabación (para Rockin’ Chair, para
Loved One, ambos en 1930) pero cuando formó un
conjunto propio para una grabación en Victor (Deep
Down South) se equivocó en citar a demasiados
amigos y terminó con tres clarinetes, que fueron Benny
Goodman, Pee Wee Russell y Jimmy Dorsey. En una
fiesta comenzó a tocar el piano a cuatro manos, junto a
Joe Sullivan, pero estaba ebrio, arruinaba la música y
terminó expulsado por Sullivan del piano y del salón.
Algunos amigos intentaron hacerle entrar en la Casa
Loma Orchestra, que era entonces muy importante,
pero se apartó de allí casi de inmediato. No podía tocar
con desconocidos.
LA MUERTE Y DESPUES. Bix residía en un piso del
barrio Queens, New York, en agosto 1931. Debió ser
un día muy cálido. Según crónicas de entonces, los
neoyorquinos utilizaban a menudo el método de
empapar una sábana en agua fría y envolverse en ella
para dormir. Si eso fue cierto en su caso, se explica
que el certificado del fallecimiento diga "pulmonía".
Pero un vecino llamado George Kraslow dio otro
testimonio. Escuchó los gritos de Bix, quien deliraba
asegurando que bajo la cama había dos mexicanos
con largos cuchillos. Minutos después murió, en un
nuevo ataque de Delirium Tremens.
El fallecimiento de Bix fue debidamente lamentado por
sus colegas y por la población de su Davenport natal.
Pero fue el comienzo de un largo olvido, porque su
nombre significaba poco para el gran público. En 1931
comenzó a aumentar en Estados Unidos el interés por
la radio y la nueva fama de otras orquestas y de
artistas cómicos. Poco después se inició la llamada
Era del Swing, protagonizada por grandes orquestas,
con arreglos escritos, tríos de clarinetes, sobreagudos
de trompeta y escasa oportunidad para la expresión
personal. La nueva fama de Benny Goodman, Tommy
Dorsey, Glenn Miller, Artie Shaw, se extendió a que
también las orquestas negras (Jimmie Lunceford,
Fletcher Henderson) participaran de una tendencia que
anulaba el lucimiento individual y las lecciones del jazz
clásico.
En 1938 Dorothy Baker publicó la novela Young Man
with a Horn, que a menudo aparece mencionada como
una biografía de Bix, pero que sólo es una pálida
sombra de su vida, sobre un personaje ficticio llamado
Rick Martin. Por otra parte, ese retrato de un músico
sólo sería útil con sonido al fondo y eso quiso hacer
Warner Brothers en 1950, adaptando Young Man with a
Horn al cine, con Kirk Douglas en el protagonista y
Michael Curtiz en la dirección. Fue un error
monumental, porque se eligió a Harry James para
hacer los solos de trompeta, con los sobreagudos del
caso, y eso ofendió a todo devoto de Bix Beiderbecke.
Otros recuerdos de Bix fueron mejores. Su influencia
aparece en discos de otros cornetistas y trompetistas,
una lista extensa cuyos nombres mayores son Red
Nichols, Jimmy McPartland, Chelsea Quealey, Andy
Secrest y Bobby Hackett. El más cercano resultó ser
Tom Pletcher, que no sólo suena como Bix (en una
grabación de I’ll Be a Friend with Pleasure) sino que
escribió sobre él.
En 1974 se publicó un libro asombroso, titulado Bix,
Man and Legend, debido a tres autores, Richard M.
Sudhalter, Philip R. Evans y William Dean Myatt. La
detallada biografía, que revela años de investigación,
culmina con una discografía muy detallada y con 58
páginas dedicadas a registrar, día por día, todos los
movimientos de Bix que se dieron a conocer (discos,
viajes, conciertos).
Aunque ese logro parecía insuperable, Philip R. Evans
lo superó en 1998, ahora con ayuda de su esposa
Linda Evans. Su libro The Leon Bix Beiderbecke Story
podrá quedar como la biografía definitiva, no sólo
porque dice corregir algunos pequeños errores del
libro anterior (no dice cuáles) sino porque enriquece el
material. Hay textos de Nick La Rocca y de Tom
Pletcher, están las muchas cartas escritas por Bix a su
familia y es abrumadora la cantidad de fotos. Lo mejor
del libro es que aquella transcripción de fechas, día
por día, se mejora con los agregados y comentarios de
quienes pudieron conocer cada grabación o cada
incidente. Esos otros textos son pequeños párrafos
con firmas notorias.
A los libros deben ser agregadas dos películas. El
italiano Pupi Avati hizo un Bix (1990) que contiene
mucha ficción. Coloca al violinista Joe Venuti como
relator, narrando a una chica italiana la vida de Bix. Esa
fue una idea argumental astuta, utilizando a un testigo
de Bix como personaje que sabe lo que dice. Pero a
partir de allí sólo hay confusión. Es tremendo el
desorden cronológico, que impide aprender lo que
hace falta y deja baches considerables. Hay algunos
momentos de drama y otros de buena música (con
Tom Pletcher en banda sonora), pero el conjunto no es
satisfactorio. Era más informativa y auténtica la otra
versión documental por Brigitte Berman, también
titulada Bix (1981), que recoge testimonios de muchos
colegas de Bix y los de Hoagy Carmichael en
particular. Su banda musical es simplemente una
recopilación de fragmentos grabados.
Queda el escaso consuelo de que ninguna biografía
de músicos ha funcionado bien en el cine. Cuando no
está falseada la música misma, se ha simplificado la
vida hasta el relato superficial, con algún romance
agregado, como fue el caso de Red Nichols, Glenn
Miller o los hermanos Jimmy y Tommy Dorsey. Lo
mejor que se puede hacer en memoria de Bix es juntar
la colección completa de sus discos y ahora sus CD.
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