El padre iracundo de Gulliver

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Eduardo Stilman

"Quiero presentarles a Jonathan Swift, autor de ese malvado libro político, ¡Los Viajes de Gulliver!"

Ray Bradbury, Fahrenheit 451.

DIABÓLICO, SUCIO, OBSCENO, insano, perverso, son epítetos provocados por la obra de Swift y por Swift mismo. La política y diletante inglesa Augustine Birrell lo condensó en 1894: "Ninguna pluma más asquerosa que la de Swift ha ensuciado nuestra literatura. Su lenguaje es horrible del principio al fin. (...) Es una cuestión, no de moralidad, sino de decencia, considerar si una va a permanecer en la misma habitación que las obras de este prelado".

Hay opiniones muy distintas. Tras la aparición de los Viajes de Gulliver, Voltaire escribió a Swift: "Le ruego que disculpe a este admirador, que a los escritos de usted debe el amor que profesa al idioma inglés... Cuanto más leo sus obras, más me avergüenzan las mías". "Escribió mil cosas que yo no me atreví a escribir", dijo Sterne. Y Walter Scott: "El estilo de Swift es el más fuerte y más puro de la lengua inglesa". Yeats se confesaba atormentado por el poder de su genio: "Swift me persigue: está siempre a la vuelta de la esquina". Esta eterna presencia también es registrada en las páginas del Ulises de Joyce. Schopenhauer ponía a Gulliver a la par del Quijote. Para T. S. Eliot "Swift es el más grande escritor de prosa inglesa, y el hombre más grande que haya escrito prosa inglesa".

TODOS LOS IDIOTAS. ¿Por qué fue catalogado Swift de escritor "inconveniente" y su Gulliver mutilado y convertido en libro para niños? Los cargos contra Swift incluyen su ambición personal, la excentricidad de su vida amorosa (no era la excentricidad que hoy goza de buena prensa), sus supuestas misantropía y misoginia, su obsesión por la pureza y la higiene personal, sus incursiones en la escatología, su "difamación" del género humano. Pero quizá la verdadera razón de los enemigos de Swift sea la letal virulencia de sus demoliciones, que a pocos perdonan: "No me fastidia para nada la presencia de un abogado, de un carterista, de un coronel, de un imbécil, de un lord, de un tahur, de un político, de un proxeneta, de un médico, de un falso testigo, de un sobornador, de un procurador, de un traidor y otros de esta calaña...". Basta leer estas líneas, que hacían desternillar de risa a Borges, para intuir los motivos del encono con que se ataca la integridad de Swift, que escribió con el declarado propósito de escarnecer los vicios y la hipocresía de la humanidad. En 1725 confió a Alexander Pope: "El fin principal que me propongo en todos mis trabajos es humillar al mundo antes que divertirlo, y si pudiera realizar mi intención sin dañar a mi propia persona o fortuna, sería el escritor más infatigable que hayas visto".

Swift, que profetizó las lunas de Marte y el psicoanálisis, anatematizó a sus futuros enemigos: "Cuando un verdadero genio aparece en el mundo es muy fácil reconocerlo por este signo: todos los idiotas se alían contra él". Entre las reacciones desencadenadas por la epifanía swiftiana, son llamativas las de Middleton Murry, Aldous Huxley, los psicoanalistas Ferenczi, Karpman, Greenacre, y D. H. Lawrence —él mismo una víctima de la censura—, que calificó de "abominable" e "intolerable" a The Lady’s Dressing Room, uno de los poemas "sucios" de Swift, que otros asocian con su discutible locura.

PARA HUMILLARTE MEJOR. Las aniquilaciones esenciales de Swift son los Viajes a varias naciones remotas del mundo, por Lemuel Gulliver, primero cirujano, luego capitán de varias naves y el opúsculo Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país y para volverlos beneficiosos para el público.

Los Viajes narran las aventuras de Gulliver en fantásticas naciones donde lo arrojan naufragios y motines. Los dos primeros son los más digeribles, y los preferidos para las versiones edulcoradas. En el inicial, Gulliver llega a Liliput, cuyos habitantes miden unos quince centímetros de altura, pero cuyas costumbres son despreciables y ridículas. El Emperador es "la Delicia y el Terror del Universo", los grandes partidos políticos son los Tacones Altos y los Tacones Bajos, la cuestión religiosa vital es: "¿Por qué extremo debe cascarse un huevo duro?". En el Segundo Viaje, el enano es Gulliver, porque los naturales de Brobdingnag miden unos veinte metros de altura, y llegan a la conclusión de que Gulliver representa a "la más perniciosa ralea de odiosas sabandijas en la superficie de la tierra". "¡Qué cosa vana y despreciable es la grandeza humana, si pudo ser remedada por insectos como éste!"

El Tercer Viaje (para Borges el más divertido) conduce a la Isla Voladora y Flotante de Laputa (palabra de la cual, sonríe Swift, "nunca pude aprender la verdadera etimología"). Las víctimas son teóricos, proyectistas y científicos que viven en el aire, absortos en sus especulaciones, e ignorantes de cuanto importa. En gabinetes y laboratorios destartalados se pretende propagar ovejas sin lana, fabricar pólvora a partir del hielo, mullir el mármol para confeccionar almohadas, batir el fuego en finas láminas y aprovechar la parte nutritiva que encierra la materia fecal. Laputa sobrevuela un archipiélago: en Glubbdubdrib, unos magos permiten a Gulliver conversar con grandes hombres de la antigüedad, y descubrir que la historia oficial miente; en Luggnagg se entera de la desdichada existencia de los struldbrughs, seres inmortales señalados por una marca en la frente, y condenados, a partir de los ochenta años, a una decrepitud interminable.

En el Cuarto Viaje, Gulliver arriba al país de los houyhnhnms, caballos razonadores, virtuosos, monógamos, que dominan a los repulsivos y depravados yahoos, bestiales remedos humanos, acaso descendientes degenerados de una pareja de náufragos, acaso un retrato de lo que nos espera. Un solípedo toma bajo su protección a Gulliver, que aprende el idioma de los relinchos, y proporciona al houyhnhnm informes sobre las hazañas y el modus vivendi humanos que no tienen desperdicio. El retrato de los hombres de ley es ultrakafkiano: "Le conté que había entre nosotros una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de demostrar, mediante palabras intencionalmente multiplicadas, que lo blanco es negro o lo negro es blanco, según como se les pague. De esta sociedad el resto de la gente es esclavo. Tienen un peculiar dialecto o jerga de su propiedad, que ningún otro hombre puede entender, y en el cual escriben sus leyes, que tienen especial cuidado en multiplicar; con lo que han confundido totalmente la mismísima esencia de la verdad y la falsedad, de lo justo y lo injusto, de modo que les toma treinta años decidir si el campo que me legaron mis seis generaciones de antepasados me pertenece a mí, o a un extraño que vive a trescientas millas".

Un ministro "es una persona totalmente ajena al júbilo y la aflicción, el amor y el odio, la piedad y la cólera; y no ejercita otra pasión que un violento deseo de riqueza, poder y títulos; destina sus palabras a cualquier fin, excepto al de expresar sus pensamientos; nunca dice una verdad si no es con la intención de que se la tome por una mentira, ni una mentira, sino para que se la tome por una verdad. La peor señal que se puede recibir de él es una promesa, especialmente si es confirmada por un juramento; tras esto, cualquier hombre sabio abandona toda esperanza".

Cuando el houyhnhnm supone a su informante noble, la aclaración es instantánea: Gulliver proviene de la clase baja, de padres honestos que apenas pudieron darle una educación pasable. "Le expliqué que la nobleza es entre nosotros algo totalmente distinto de la idea que él tenía de ella: que nuestros nobles son educados desde la niñez en la haraganería y la lujuria; que apenas pueden, consumen su vigor y contraen enfermedades odiosas entre mujeres lascivas; y que cuando ya están casi arruinados se casan, solamente por amor al dinero, con alguna mujer de cuna plebeya, a la que odian y desprecian. Que los productos de semejantes uniones son generalmente niños escrofulosos, raquíticos o deformes, por lo cual la familia raramente se prolonga más de tres generaciones, a menos que la esposa se cuide de proveerse de un padre sano entre sus vecinos o domésticos."

LAS PIEDRAS DEL ESCANDALO. Es el final del Cuarto Viaje lo que a Swift no se le perdona. Gulliver abandona a los caballos pensantes; besa la pezuña de su amo, se hace a la mar en una canoa, y es recogido por un navío, para descubrir que ya ni el olor humano es capaz de soportar. Intenta arrojarse al mar, pero es rescatado, llega a su país y se reencuentra con su familia.

"Apenas entré en la casa, mi mujer me abrazó y me besó, y como llevaba ya tantos años sin sufrir el contacto de este animal aborrecible, caí en un desmayo que me duró casi una hora. Ya hace cinco años que regresé a Inglaterra. Durante el primero no pude soportar la presencia de mi mujer ni de mis hijos. Su olor me resultaba inaguantable, e intolerable que comiesen en la misma habitación que yo. El primer dinero que desembolsé fue para comprar dos caballos jóvenes, que tengo en una buena cuadra; después de ellos, mi preferido es el caballerizo, pues siento revivir mi ánimo por el olor que le comunica la cuadra."

En 1729 Swift volvió a golpear, con Una modesta proposición, cuya crueldad inigualable puede expresarse impunemente, porque es proporcionada al horror real, permitido por la sociedad a que pertenecen sus lectores. El texto sugiere aliviar la miseria de los irlandeses permitiéndoles vender a sus hijos como "bocados de cardenal" para la mesa de los ricos. Expuesto con lógica brutal, argumentos irrefutables, precisión aritmética y una compasión infinita, el plan propone y metodiza la cría, el engorde y la faena de los bebés. Así se convierten en jugosos manjares, proporcionando dinero a los desesperados padres, un placer inenarrable a quienes puedan pagarse el plato, y la segura salvación de un destino peor a las niños mismos. El plan tiene los beneficios adicionales de fomentar la institución matrimonial, servir a la industria peletera, y proporcionar a sus padres un bien embargable. "Un tierno niño saludable y bien criado constituye, al año de edad, el alimento más delicioso, nutritivo y comerciable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido." Swift aconseja a las madres que "los amamanten copiosamente el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño hará dos fuentes en una comida para los amigos, y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable. Y hervido y sazonado con un poco de pimienta o de sal, resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno." "Concedo —añade— que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto, muy adecuado para los terratenientes, que como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores títulos sobre los hijos". La impresionante exposición nada deja librado al azar. En 1984, cuando Peter O’Toole la leyó en la reapertura del Gaiety Theatre, en Dublin, muchos espectadores se retiraron, descompuestos.

NACE UN DEÁN. Los biógrafos de Swift no pueden quejarse de falta de material: su enigmática vida se prestó a la proliferación de versiones no oficiales, que incluyen desde dudas acerca de la identidad de su padre, hasta la suposición de que tuvo un hijo, a quien habría enterrado secretamente en 1731. Nació en Dublin en 1667, y se educó en Irlanda, pero en 1689 emigró a Inglaterra. Preparado para la carrera eclesiástica, prefería la política, y se empleó como secretario de Sir William Temple, diplomático retirado, hombre de letras y amigo de Guillermo III. Swift permaneció a su lado unos diez años, salvo el par de escapadas en que intentó, sin mayor éxito, hacer carrera eclesiástica en Irlanda: en 1694 se ordenó diácono de la iglesia anglicana, y en 1695, sacerdote. Obtuvo la pequeña parroquia de Kilroot, cerca de Belfast, a la que más tarde renunciaría y no concretó un proyecto de matrimonio con una tal Jane Waring.

La residencia de Temple en Moor Park era ideal para el joven Swift. Le ofrecía subsistencia segura, la biblioteca era una maravilla, y entre las tareas a su cargo se contaba la educación de Esther Johnson (Stella), de ocho años, hija de una viuda que allí trabajaba y (según murmuraciones) descendiente natural de Temple. Con el tiempo Swift se convirtió en protector y en amante o esposo secreto de Stella. También fue en casa de Temple donde lo atacaron los primeros síntomas del incurable vértigo de Ménière. Durante esos años escribió poesía circunstancial, adquirió madurez intelectual y una vastísima cultura, e ingresó al mundo tortuoso e irrespirable de la corte y la política inglesas, en las que su incorruptibilidad e intransigencia en materia de principios lo convertirían en un fracasado.

Temple murió en 1699, y Swift retornó a Dublin como capellán y secretario de Lord Berkeley, Justicia Mayor de Irlanda. En 1700 obtuvo el vicariato de Laracor y la prebenda de Dunlavin. En 1701, Stella (a quien Temple había legado una propiedad en Dublin) siguió sus pasos acompañada por una chaperona, Rebecca Dingley, y se instaló cerca de él. Quizá Swift y Stella contrajeron matrimonio secretamente en 1716, pero nadie ha conseguido demostrar que hayan estado alguna vez juntos a solas.

Muy pronto Swift regresó a Londres, donde representó a la iglesia de Irlanda en negociaciones políticas y financieras, y fue estrechando amistad con los grandes ingenios de la época: Pope, Gay, Addison, Steele, Congreve y Arbuthnot (con quienes fundó el Scriblerus Club). En 1704 publicó La batalla de los libros, La operación mecánica del espíritu y la Historia de un tonel, sátira que critica los vicios de la cristiandad y abunda en cáusticas digresiones, como la que califica de "Asnos Cornudos" a los críticos: fue causa de que la reina Ana le negara su promoción en la iglesia anglicana.

YO SERÉ SU TUTOR. En 1708 conoció a Esther Vanhomrigh (Vanessa), hija de una viuda de su relación. Vanessa, de diecinueve años, se enamoró de él. Por lo que se sabe Swift no respondió simétricamente. Señalando la diferencia de edades, se ofreció como padre, amigo, tutor o consejero. "Yo seré su tutor, y le enseñaré qué es el amor", replicó la joven. La historia no terminó allí.

Entre 1708 y 1709, Swift aniquiló en vida a un protegido de Guillermo III, el influyente astrólogo e intrigante John Partridge, publicando sus Predicciones para el año 1708, serie de absurdas profecías que incluían el vaticinio de que Partridge moriría el siguiente 29 de marzo. El 30 de marzo, la Elegía por la muerte de Partridge y el relato de un "testigo imparcial" informaron a Londres los pormenores del deceso. Partridge intentó refutar a Swift, alegando que estaba vivo, y desencadenando el ataque final, del que participaron Pope, Congreve, Gay, Steele y otros, que publicaron anuncios que atestiguaban o lloraban la muerte del astrólogo, que fue borrado del mapa.

Entre 1710 y 1713, desde Londres, Swift mantuvo la correspondencia hoy conocida como Journal to Stella. Sus cartas iluminan la relación de la pareja, la figura del autor y las intrigas políticas de la época. En 1710, anotó: "Para decirte la verdad, este ministerio enfrenta una difícil tarea, y me necesita. Probablemente se mostrarán tan desagradecidos como los otros: pero a mi juicio persiguen el verdadero interés del público, y por consiguiente me alegra contribuir con lo que esté a mi alcance".

Swift —un whig, que nunca aprobó la política eclesiástica de su partido— se convirtió en editor del Examiner, periódico tory. Jamás aceptó paga por sus servicios; al contrario, espantaba sistemáticamente a los políticos con su honradez. Swift no bailaba en la cuerda floja, como los aspirantes a cargos liliputienses; ambicionaba —y creía merecer— un puesto de historiógrafo real, un obispado inglés o el apoyo para crear "una sociedad o academia para corregir y fijar nuestra lengua".

EL HÉROE IRLANDES. Sus esperanzas fueron condignamente defraudadas: se le negó el puesto de historiógrafo, se le negó el obispado de Wells, y en 1713 se le concedió el deanato de la Catedral de San Patricio en Dublin, que lo alejaba de Londres. Swift viajó a la detestada Irlanda, donde se estableció en 1714, decidido a abandonar la política. Como una sombra lo siguió (acompañada por su hermana) la indomable Vanessa, cuya madre había muerto. Instalada en Dublin, la joven, ahora rica, le propuso casamiento, pero Swift la rechazó y escribió para ella Cadenus y Vanessa, un curioso poema que glosa la relación que los unía.

Los comienzos en Dublin fueron penosos: Swift venía de fracasar, y fue hostigado por los whig angloirlandeses. Los ataques de vértigo y sordera lo torturaban, y el asedio de Vanessa era otra fuente de perturbación. Comenzó entonces su etapa más gloriosa. Aunque los irlandeses lo disgustaban, se alineó junto a ellos, indignado por la explotación y opresión a que los sometían los ingleses. En 1720 interrumpió la escritura de los Viajes para redactar una Propuesta para el uso universal de manufacturas irlandesas, que instaba a sus compatriotas a no consumir bienes ingleses.

En 1721 murió la hermana de Vanessa, y en 1723 se produjo la previsible catástrofe. Insatisfecha con la estima y solicitud ofrecidas por Swift, y trastornada por los rumores acerca del matrimonio secreto, la joven escribió a Stella pidiendo explicaciones. Stella remitió la solicitud a Swift, y éste rompió con Vanessa, que el 2 de junio murió de amor y de tuberculosis. Antes de morir eliminó a Swift de su testamento, para dejar su fortuna a George Berkeley. No obstante, dispuso la publicación de las cartas y poemas de su amado, incluido "Cadenus and Vanessa", lo que constituye un excelente argumento para creer que la versión swiftiana de la historia es verdadera.

En 1724, Swift interrumpió los Viajes para escribir las célebres Cartas del Trapero, con las que impidió el negociado del medio penique de William Wood, aventurero a quien se había concedido licencia para hacer circular en Irlanda una moneda cuyo valor real sería inferior al nominal. En 1725 el privilegio de Wood fue suprimido. Con el éxito de sus arriesgadas proclamas, Swift derrotó a la propia Corona inglesa, y se convirtió en el héroe del pueblo irlandés.

Los Viajes fueron publicados en Londres en octubre de 1726, con éxito clamoroso. Pero Swift había debido regresar a Dublin antes que el libro saliera a la venta, a causa de la salud de Stella. Tras algunos altibajos, "la más auténtica, virtuosa y valiosa amiga con la que pude haber sido bendecido" murió en enero de 1728, y fue sepultada en la Catedral.

UN IMPERIO QUE SE DERRUMBA. La muerte de Stella terminó de amargar su vida. Acorralado por su enfermedad, embargado por la tristeza y la desesperación que le producía la situación irlandesa, paseaba melancólicamente por Dublin en medio de la adoración de sus conciudadanos, que echaban a volar las campanas en sus cumpleaños. En 1729 recibió, en ceremonia oficial, la ciudadanía honoraria de Dublin, sostuvo una controversia en verso con su amigo Delany, y publicó la Modesta Proposición. En 1731 comenzó a escribir el Manual de conversación ingeniosa y las Instrucciones a los Domésticos, y compuso los Versos a la muerte del Deán Swift, cuya última estrofa dice: "Legó la poca fortuna que tenía / para construir una Casa para Imbéciles y Locos." Para hacer realidad los versos, estipularía un legado de 12.000 libras, y pacientemente recorrió Dublin en busca del solar adecuado. Lo encontró, y el hospicio de lunáticos, allí inaugurado en 1757, sigue en pie, como toda obra de Swift: es el Hospital San Patricio, una de las instituciones psiquiátricas más importantes de las Islas Británicas.

En 1733 trabajó con el editor Faulkner en la preparación de una edición completa de su obra. En 1735 hizo su primer testamento, que reformó en 1737. "Me pasará lo que a ese árbol, empezaré a morir por la copa", había anunciado a Edward Young poco antes. Los ataques de vértigo y de sordera los había sufrido casi toda la vida, desde 1738 su memoria fallaba más y más. "Tengo mil cosas que contarte" escribió a un amigo "pero no las recuerdo." En 1740, sintiendo amenazada su razón, modificó por última vez el testamento. En 1742, prácticamente sordo, designó al vicedeán Wyme como su reemplazante. El 12 de agosto fue declarado oficialmente incapaz y puesto bajo cuidado. Se sumergió en la más completa apatía. "Un genio inmenso: una inmensa caída y ruina", se conmovería Thackeray, a quien el Cuarto Viaje (que recomendaba no leer) parecía blasfemo. "Tan grande me parece este hombre, que pensar en él es como pensar en un imperio que se derrumba."

Murió el 7 de octubre de 1745. Sus restos descansan en la Catedral de San Patricio junto a los de su amada Stella, bajo el epitafio "más hermoso del mundo", en opinión de Yeats. También es obra de Swift; de acuerdo con sus instrucciones, está inscripto en "grandes letras, profundamente talladas e intensamente doradas". Dice: "Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, doctor en Teología, Deán de esta Catedral, donde ya la fiera indignación no puede lacerar su pecho. Sigue camino, viajero, e imita, si puedes, su tenaz y viril defensa de la libertad"

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