Los desconciertos de las relaciones afectivas, la paternidad (y maternidad) y el amor son el tema de "Un plan perfecto", comedia dirigida y protagonizada por Jennifer Westfeldt que se estrena mañana.
Seis amigos con alta posición y residentes en Manhattan se juntan periódicamente para cenar y hablar sobre sus vidas. Entre ellos hay dos parejas, Maya Rudolph y Chris O`Dowd, Kristen Wiig y Jon Hamm, y dos amigos más, Adam Scott y Jennifer Westfeldt (quien es además la directora de la película y esposa en la vida real de Hamm, el protagonista de Mad Men).
Los personajes de Scott y Westfeld son grandes amigos, hermanos casi, pero en principio al menos no se espera que se establezca entre ellos un lazo romántico. A cierta altura las cosas cambian. Los dos personajes deciden tener un hijo, sin dejar empero de mantener cierta distancia, porque a la larga piensan (y no son los únicos) que el matrimonio es a menudo la tumba del amor.
Pero ya se sabe que los sentimientos siempre meten la cola. Al principio todo funciona. Tienen el hijo, otras parejas de los flamantes padres (Megan Fox, Edward Burns) los ayudan incluso a atender al niño, pero luego los verdaderos sentimientos que Westfeldt y Scott tienen el uno por el otro harán irrupción. Siguen varios previsibles pero probablemente inevitables dolores de cabeza.
El asunto no parece especialmente original y ha podido señalarse que en sus últimos tramos gira hacia el convencionalismo, pero ha habido elogios para sus intérpretes (en especial Scott y O`Dowd), y para la cuota de calidez y sensibilidad con que la actriz y directora Westfeldt maneja el material.
Conviene tener en cuenta de todos modos a la directora, actriz (y también libretista) Westfeldt a la hora de intentar ubicar esta comedia.
Lo que Westfeldt ha hecho hasta ahora, delante o detrás de cámaras, ha sido plantear relaciones que de alguna manera rompen con los moldes convencionales e intentan redefinirse. En Besando a Jessica Stein (2001), que escribió y protagonizó aunque fue dirigida por Charles Herman-Wurmfeld, había planteado el caso de dos mujeres que tras insatisfactorias relaciones con sus respectivas parejas masculinas lo intentaban entre ellas (las cosas no marchaban demasiado bien, tampoco). Cinco años después, en Ira y Abby (no estrenada comercialmente en Uruguay), un hombre y una mujer rodeados por un entorno disfuncional intentaban encarrilar sus vidas casándose sin conocerse. Ambas películas compartían otros rasgos, como ubicarse en una estilizada Nueva York donde, por supuesto, sobreabundan los psicoterapeutas y los taxistas que se meten en donde no los llaman. Algunas de esas características reaparecen en esta nueva película.
La crítica norteamericana ha sido bastante elogiosa con el resultado. El referente Roger Ebert, del Chicago Sun Times, ha dicho que "como entretenimiento ligero, tiene sus placeres", agregando que la película no "está construida como una simple comedia e intenta tener una medida de sinceridad e incluso verdad en su corazón".
El igualmente respetable Peter Travers, de Rolling Stone, se ha referido por su parte a "una comedia indeleblemente divertida y emotiva con un auténtico aguijón en su cola. Las risas dejan cicatrices". David Rooney, de The Hollywood Reporter, un poco menos elogioso, se refiere de todos modos a "una comedia romántica a la que le lleva un tiempo encontrar el ritmo, pero que poco a poco acumula humor y corazón".