Historia de amor a tres puntas con una vuelta de tuerca infrecuente

Estreno. Llega hoy a las carteleras la película "Los amores imaginarios"

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Hoy se estrena "Los amores imaginarios", film dirigido por el canadiense Xavier Dolan, cuya ópera prima "Yo maté a mi madre" es conocida ya por el espectador uruguayo.

En el centro de la historia hay un llamativo triángulo sentimental: la sexualidad de uno de sus vértices, por lo menos, no es la que habitualmente se espera en asuntos de este tipo.

Dos amigos, la heterosexual Marie (Monia Chokri) y el homosexual Francis (interpretado por el propio director Dolan) se enamoran del mismo muchacho, Nicolas (Niels Schneider, un joven del que se ha dicho que tiene "cara de bueno e inocente"), y comienzan a competir por él. La ambigüedad está siempre presente, ya que nadie sabe a quién prefiere Nicolas, si es que prefiere a alguno de los dos. La serie de idas y venidas, encuentros y desencuentros que se establecen entre esos personajes constituye la sustancia del film, y el desenlace es incierto, aunque el título advierta que se trata de amores imaginarios, platónicos (e inevitablemente decepcionantes).

El joven "québecois" Dolan había llamado la atención con su primer largo, Yo maté a mi madre, y según toda referencia confirma en éste, su segundo, que es un director a seguir. Ha podido señalarse que su película está llena de referencias cinéfilas (de James Dean a Musset, de Audrey Hepburn a Jean Cocteau, de Godard a Almodóvar), y que se sostiene por una sofisticada y sugerente puesta en escena y un oído atento a la banda sonora, en la que los aficionados reconocerán la deliberada (y, según algunos, "sorprendente") versión italiana de Bang Bang por Dalida. Observadores internacionales han elogiado igualmente la imaginación visual de Dolan y hasta su gusto por los vestuarios extravagantes (y reveladores del carácter de los personajes) que también él se encargó de diseñar.

Por otra parte, el film ha sido reivindicado como otro ejemplo del creciente interés del cine canadiense francófono, a menudo aplastado por su más abundante equivalente hablado en inglés, y hasta se lo ha inscrito en una corriente mundial de la actual producción francoparlante que abarca al propio cine francés y que ha sido definida como la del "joven multitareas", versión siglo XXI de la clásica expresión "film de autor". De lo que se trata es de gente que dirige, produce, escribe e interpreta sus obras, un casillero en el que también se ubica a la Mélanie Laurent de Les adoptés, la Valérie Donzelli de Declaración de guerra, la Mawenn Le Besco de Polisse o el Guillaume Canet de Pequeñas mentiras sin importancia (varios de esos films no se conocen en el Uruguay y, significativamente, más de uno ha sido dirigido por una mujer).

Casi todos esos films, se ha indicado (y Los amores imaginarios no es una excepción) se caracterizan por la reivindicación de una cultura cinematográfica ultrabohemia, una búsqueda de la belleza formal, un desenfado en el acercamiento a las relaciones humanas, una preocupación por la música y la levedad de la cámara (algún crítico ha resucitado el concepto de "camera stylo", la "cámara pluma fuente" defendida por Alexandre Astruc en los prolegómenos de la Nouvelle Vague).

Críticos y festivales han prestado atención a la obra de este joven canadiense: Los amores imaginarios ha recibido numerosos elogios y ha sido premiado en los festivales de Cannes (galardón Regard Jeunes) y Rotterdam (premio MovieZone). También obtuvo un Jutra Award (Canadá) y la distinción a mejor fotografía en Hamptons.

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