MADRES AL LÍMITE
Ficha
Autor: Sobre libro de Mónica Bottero. Dirección: Omar Varela. Intérpretes: Estela Medina, Jenny Galván, Nidia Telles, Gabriela Iribarren y Marisa Bentancur. Sala: Teatro del Anglo, San José 1426 (tels. 29027634 y 29018819. Funciones: sábados a las 18:30 horas y domingos a las 16.30 horas. Entradas: $ 250 (jubilados) y $ 200 (estudiantes).
Cinco madres, cinco hijos y cinco situaciones trágicas. También cinco actrices de primer nivel. Con eso Varela armó un espectáculo duro y profundo, que cala hondo en el espectador. El libro de Bottero propone el acercamiento a mujeres que han pagado muy caro la maternidad, teniendo que lidiar con hijos discapaces, o enfermos psiquiátricos severos. En otros casos han tenido que luchar con adictos, o con el robo del hijo, o con un sistema jurídico que podía arrebatarles a la criatura.
Cada actriz interpreta a una de esas madres heroicas, cada una a su manera. Medina da vida a la mujer que lucha con (y contra) un hijo muy alterado psicológicamente. Y la elección de la actriz en el papel es perfecta, dado que ella debe expresar una de las circunstancias más terribles de todas: matar al hijo propio.
Iribarren, otra intérprete cargada de intensidad, asume el papel de una madre cuyo hijo es consumidor de pasta base. Las cinco protagonistas encarnan personajes de niveles sociales bien diferentes, desde Bentancur, que interpreta a una mujer pobre que le robaron el hijo, hasta Galván, cuyo personaje, de buena situación económica, se ve atrapado por las leyes panameñas, que le han quitado su derecho sobre sus criaturas. Telles, por su parte, interpreta la lucha por un hijo enfermo de una parálisis gravísima.
En cuanto al montaje, las intérpretes van intercalando sus monólogos, en un registro interpretativo difícil, dado que deben romper continuamente la acción para dar lugar al fragmento siguiente. Pero son cinco actrices de primer nivel, y logran sin problemas adaptarse al juego que el director propuso.
Cada una en su modo de trabajar, todas concretan un alto nivel interpretativo. Además, muchas veces transitan esa modalidad difícil, que tiene mucho de relato o narración, y que de pronto se sumerge en la vivencia directa del personaje. Ese recurso, que tan bien había utilizado Medina, por ejemplo, en La amante inglesa, vuelve a lucir en la gran trágica nacional.
Más allá del tema de la maternidad, un sinnúmero de asuntos van saliendo a escena, desde los problemas legales, administrativos o burocráticos que pueden determinar la vida de una persona, hasta el sistema de salud y sus millones de sorpresas. También se exhibe cómo no todos los niveles sociales tienen los mismos recursos para enfrentar los problemas, aunque sí las mismas fuerzas personales.
Hay parlamentos muy duros y profundos, que al espectador le pueden quedar grabados en la memoria. Y remates de parlamentos muy bien elegidos, sintéticos y precisos. En ese sentido, los testimonios de estas madres enfrentadas a situaciones extremas, cobran vida en escena con impresionante verosimilitud. Y en consecuencia, el espectáculo tiene puntos en común con las ricas experiencias de biodrama que han tenido lugar en Buenos Aires.
El director, encima, va acercando a estas cinco mujeres, que sobre el final de la obra parecen apoyarse entre ellas y brindarse comprensión. Más que de historias excepcionales o poco comunes, se trata de historias poco conocidas, que provienen de la vida privada de la gente. Los finales no son todos iguales. Hay final feliz, hay final trágico, y también final abierto. Y esa diversidad enriquece el trabajo, que puede dejar al espectador con un nudo en la garganta. En suma, un gran espectáculo apoyado en lo más sintético del teatro.