EDUARDO BARRENECHE
"Le enseñé a mi hijo que si ve que un ladrón me gana, tiene que correr y pedir ayuda; si nos quedamos todos juntos nos matan a lo perro", dijo a El País el cuidador de un predio de Punta de Rieles, Carlos Cristiani.
Cristiani trabaja en un emprendimiento privado ubicado a un centenar de metros de la ruta 101. Allí la Intendencia de Montevideo guarda maquinaria y productores apícolas poseen talleres.
Al igual que otros vecinos de la zona, está armado. "Es lamentable que yo tenga que enseñar a mi hijo de 11 años esas cosas. Pero él ve que ando armado y que trabajo las 24 horas. Acá no se puede dormir, los chorros se llevan todo", dice.
Cansado de los hurtos diarios, el productor frutícola e ingeniero agrónomo, Jorge Zop-polo, está abandonando la producción de manzanas y peras en su chacra ubicada a 200 metros de Camino Maldonado. De varias decenas de manzanos y perales apenas sobresalen unos pequeños troncos del suelo. Zoppolo plantará granos difíciles de robar.
El productor y técnico rural de Villa García, Enrique Fachín, también abandonó su producción orgánica en su chacra pegada a un asentamiento.
Fachín sospechaba que le robaban calabacines. Pidió a su esposa que los contara: había 600 en seis canteros de 70 metros cada uno. A la semana no quedaba casi nada. Eso lo decidió a trasladar su producción a una quinta más segura al costado de los bañados de Carrasco.
La bodega Bruzzone y Sciutto se instaló en Punta de Rieles hace más de 100 años. Los robos han obligado a la empresa a abandonar las vides finas ubicadas cerca de Camino Maldonado, continuar su producción en las plantaciones en Villa El Carmen (Durazno) e instalar una bodega boutique en Bañados de Carrasco, afirmaron a El País integrantes de la Asociación Bañados de Carrasco (ABC Rural). Agregaron que, en este momento, palos de las vides yacen en el suelo producto de los continuos robos de uvas de calidad realizados por personas que viven en los asentamientos.
"Los quinteros ubicados sobre Camino Maldonado son los que más sufren los hurtos. Eso hace inviable la producción rural en la zona", dijo a El País el presidente de ABC Rural, Roberto Garese.
Según datos del último Censo, el 50% del área rural de Montevideo -unas 16.000 hectáreas- está sin explotar.
En Punta de Rieles y zonas adyacentes hay unas 300 hectáreas, de las cuales la mayor parte no produce por los robos. Los hurtos llevan al fin de la explotación y luego al abandono de los predios, advierte Garese. "Al no haber vecinos, la inseguridad es mayor", dice.
Señala que "ese ciclo perverso" que sufre la zona llevó a la desvalorización de las propiedades. Un metro cuadrado de tierra cuesta un dólar, agrega.
El incremento de la población de la cárcel de Punta de Rieles, el consiguiente aumento de las visitas y el nuevo reordenamiento territorial realizado por la IMM para la zona no ayudan, dice Garese. "Habrá más gente transitando", agrega.
MIEDO. Ubicada apenas a 30 minutos del centro de Montevideo, la zona de chacras de Punta de Rieles y adyacencias es un hermoso lugar.
La seguridad de día es similar a la de un pueblo en el interior: no pasa nada. Al caer la noche, los propietarios de las quintas se ponen en guardia para evitar hurtos y vandalismo. Las historias de los enfrentamientos con los delincuentes son moneda corriente entre los vecinos que se comunican entre sí y con la comisaría de la zona para auxiliarse.
Cristiani muestra las cicatrices en una mano que se fracturó hace dos meses mientras forcejeaba con un ladrón, a quien atrapó en una madrugada detrás del galpón con la ayuda de otros vecinos.
"¿Cómo le enseño a mi hijo que salga a trabajar cuando ve que un chorro en una tarde saca un sueldo de un mes? Mi hijo ve que en los asentamientos hay televisión por cable y que yo no puedo darle", explica Cristiani. Zoppolo señala que los ladrones "han venido con carros a robar frutas, pero los pudimos frenar. Hemos tenido enfrentamientos con los delincuentes. Los robos continuos inviabilizan la producción", apunta.
Agrega que ello lleva a los vecinos "a armarse" para enfrentar a los delincuentes.
Sergio Gabrijelcic es el último quintero de Punta de Manga. Expresa que los delincuentes perdieron todo temor.
"Ahora roban contra las casas y hacen destrozos. Yo he tenido `socios nocturnos` con los morrones y las acelgas. Tener ganado o gallinas es impensable. No hemos hecho denuncias porque no hay respuestas. Son cosas de todos los días", dice. Un jubilado de Cutcsa se afincó en la zona con el sueño de tener una chacra, plantar avena y poseer animales de granja. Al poco tiempo, los dueños de los carros de los asentamientos comenzaron a soltar sus animales para que comieran en el avenal.
Con la intención de vender el predio, el jubilado se asoció con una mujer, quien instaló en la chacra una piscina de siete metros de fibra de vidrio con guardas azules para traer niños en vacaciones. Los niños de los asentamientos se bañaban en la piscina. En una oportunidad que el jubilado corrió a los niños, su casa recibió tres tiros. Tras estar meses controlando detrás de la ventana, el hombre murió. Ahora la chacra esta abandonada. Los pastizales y los yuyos coparon el lugar. A la casa le arrancaron los techos de lata, puertas y ventanas. La piscina no tiene agua y está rota.
Reclaman tratamiento especial de IMM
La Asociación Bañados de Carrasco Montevideo Rural (ABC Rural) reclama a la Intendencia de Montevideo un tratamiento especial para los habitantes de Punta de Rieles y zonas adyacentes de modo de facilitar allí el establecimiento de productores y ciudadanos, dijo a El País el presidente de dicha ONG, Roberto Garese.
En este momento, la IMM analiza un nuevo ordenamiento de Montevideo. "Los ordenamientos nuevos califican a esta zona como urbana o rural. No aceptan las diferentes ruralidades", dijo Garese.
En Punta de Rieles conviven espacios urbanos, logísticos y zonas de chacras.
"Pretendemos que en una chacra puedan vivir tres dueños. En este momento los predios mínimos son de tres hectáreas y un dueño solo. La falta de vecindad hace que la zona sea más insegura", señala.
A la Asociación ABC Rural también le preocupa la falta de control del Estado en el parque Bañados de Carrasco.
La ONG denuncia en un boletín que los Bañados son hechos habituales la tira de basura, el corte de árboles o la quema de pastizales que afectan el ecosistema del lugar.
Bañados de Carrasco es el espacio público más grande de Montevideo. Posee 1.240 hectáreas. "¿Qué pasaría si viéramos a alguna persona talando un árbol en el Parque Rodó, robando tierra del Parque Batlle o incendiando pastizales en el Baroffio? El conocimiento de la gente de esos sitios hace difícil que ello suceda. Pero en Bañados de Carrasco son cosa de todos los días", advirtió Garese.
Señaló que las quemas son comunes en el parque. "Las realiza gente que roba tierra y humus del suelo de los Bañados para venderlo a viveros. Todo el parque está surcado por los caminos de los carros que entran a descargar basura, sacar tierra y turba, y talar árboles para la venta de leña", señaló. Agregó que la Policía, en sus recorridas, "no puede controlar" un territorio tan amplio.