HERNÁN BONILLA
Hace tiempo que el actual ministro de Desarrollo Social Daniel Olesker viene argumentando que el actual gobierno es "protosocialista" y prepara el camino para un tercer gobierno del Frente Amplio que debe ser "socialista". Incluso en una nota en febrero en el semanario Búsqueda defendió al socialismo más rancio y, en particular, "la propiedad social de los medios de producción".
Esta semana, en el programa Suena Tremendo de radio El Espectador ha vuelto a ilustrarnos sobre cuál es el rumbo que según él debe seguir el actual y el próximo gobierno, al afirmar que "el tercer gobierno va a ser la profundización de un camino de mayor socialización". Dado que quien realiza estas afirmaciones es una figura relevante del gobierno pasado, del actual y, según él mismo, del próximo, es el autor intelectual de la reforma de la salud y el más claro impulsor de un modelo que a conciencia o no termina impulsando todo el Frente, es bueno detenerse a considerarlas.
Reconoce Olesker en la entrevista que: "Las principales reformas sociales que el país ha instaurado, en particular la reforma social en general y más particular la reforma de la salud, se han hecho con criterio de asignación de recursos idénticas a las que se harían en un esquema socialista. Idénticas". Esto es evidente, la reforma de la salud ha sido la más socializante de las reformas del Frente. Sus consecuencias ya se comienzan a sentir y son las que cabía esperar; ha empeorado la atención pública y privada. La atención en las mutualistas, las principales afectadas del proyecto, se ha deteriorado severamente, se prolongan los tiempos de espera y es difícil acceder a algunos especialistas. En tanto, pese a que el sistema público hoy cuenta con menos pacientes y mayores recursos, paradójicamente, la situación es que faltan camas, especialistas y existen pésimas condiciones de atención. Todo lo anterior amén de las arbitrariedades contra el desarrollo tecnológico que provocaron sonados casos en la prensa.
Nada nuevo bajo el sol entonces. El socialismo produce pésimos resultados en dónde se lo aplique, sea un país o un sector, sea hace cien años o en el presente. La centralización de decisiones, políticos y burócratas pensando por los ciudadanos, un sistema burocratizado contrario a la libertad personal, es una receta tan abrumadoramente derrotada por la historia que cuesta creer que encuentre defensores.
Y los tiene, y es uno de los principales ministros del gobierno. La preocupación aumenta, además, cuando le escuchamos decir que "hay que cambiar la mentalidad, y hay que hacerlo desde la escuela", cuando sabemos que ahora el presidente Mujica, contradiciéndose una vez más, desempolva el proyecto de ley de medios, se propone el allanamiento nocturno de los hogares, se avanza en la intimidad de las personas so pretexto de cumplir con las exigencias de la OCDE, se corporativiza el gobierno de la educación y se aumenta el tamaño del estado en forma exponencial.
En definitiva, pese a que los logros que tiene para exhibir el gobierno son gracias al capitalismo y la economía de mercado, efectivamente se están implementando medidas "protosocialistas" que no auguran nada bueno. Pasada la bonanza económica nos encontraremos con un país que nos costará reconocer, y el paraíso socialista de Olesker será la pesadilla de todos los uruguayos.