Los chismosos están estresados. No pueden con la intriga. ¿Se casan o no? Ayer el gran castillo de naipes en el que se iban a casar Angelina Jolie y Brad Pitt empezó a tambalearse. Cuarenta y ocho horas antes, todo el mundo hablaba sobre lo que podría ser la ceremonia de casamiento más grande de la historia reciente de la farándula. Pero apenas Pitt dijo en Cannes que desconocía la fecha de su boda, todo el mundo apretó el freno. Y así, del mismo modo en que se aseguró con total firmeza que se iban a casar, ayer muchos dijeron que no habría casamiento.
Pero me permito volver a insistir: no hay nada más que rumores y versiones en torno a este asunto.
Claro que nada de esto ha sido impedimento para que medio planeta hable con total seguridad sobre cómo será la ceremonia, quiénes serán los invitados y cuáles los preparativos. Para tener una idea clara de qué tanto se apuran todos a sacar conclusiones está el ejemplo de este martes. Pitt viajó al Festival de Cannes para cumplir con un compromiso laboral y como estaba solo, numerosos periodistas interpretaron la situación como señal de que se había distanciado de Jolie. Y así como eso se interpretó con tanta velocidad, la fiesta que ofreció Pitt en el balneario francés fue interpretada por muchos como una "despedida de soltero", aunque haya sido una fiesta medio empresarial.
Las conclusiones corren con mucha rapidez en este mundo y en particular si se trata de super-estrellas. En el caso del supuesto matrimonio entre Pitt y Jolie las redacciones de revistas y los estudios de televisión están que arden, totalmente tensos y atentos a cualquier señal que permita adelantar conclusiones sobre el casamiento. Desde hace varias semanas leemos y escuchamos supuestas noticias sobre lo que ocurrirá, pero ninguna es oficial. Ahora Pitt aparece en público y cualquier cosa puede ser interpretada de la forma más antojadiza posible. Y como no responde ante los rumores, los divagues se siguen sucediendo.