Aturdidos, decenas caminaron sin rumbo

Quienes vivieron el sismo se niegan a volver a sus casas

ROMA | Decenas de habitantes deambulaban ayer por la ciudad de Ferrara, una de las más prósperas del noreste de Italia, agobiados por el olor a gas y los destrozos provocados por el terremoto que sacudió la región.

"Me salí de la casa cuando sentí que empezaba a temblar", contó Claudio Bignami, un pensionista de 68 años, que reside en San Carlo, cerca de Ferrara.

Mientras observaba los escombros de una tienda y un restaurante, rememora el pánico que cundió: "La gente corría en todas las direcciones, era el caos", dice.

El olor a gas se propagó por toda ciudad, de unos 130.000 habitantes, e impregnó el aire de ese fluido inconfundible, que señala numerosas fugas y hasta peligro de explosiones.

Alda Bregoli, una pensionista de 73 años, deambula con el pijama y un saco como abrigo desde que huyó de su casa, adonde se negaba a regresar. "Tengo miedo, mucho miedo", confesó, mientras intentaba protegerse de la llovizna.

Las réplicas que seguían sacudiendo la región, algunas bastante fuertes, sembraron el pánico en esa zona rica, llena de fábricas y terrenos agrícolas y pueblos medievales.

El terremoto dañó muchos monumentos y las grietas eran visibles. Recorriendo las carreteras de la región se observaban los daños provocados, pedazos de balcones y ventanas desprendidas y galpones y fábricas industriales destruidas.

En las antiguas casas de campesinos se temía que aún se encontrasen personas atrapadas o golpeadas por objetos y en algunos lugares se sentía aún el ruido de ladrillos y material que caía. "¿Dónde están los socorristas? El techo de mi casa se desplomó. Necesito ayuda ¿Por qué me ignoran?", gritaba desesperado un señor desde su casa.

En San Carlo, el oratorio de la iglesia del siglo XVI, que estaba siendo restaurado, quedó completamente destruido. AFP

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