La víbora y el camello

Parece el título de una telenovela, pero no, ya lo verán ustedes.

Frente a las enormes puertas del Instituto Smithsonian, de Washington, se detuvo cierto día un enorme camión de transporte capaz de albergar dos autobuses escolares. Ignorando su contenido, los porteros atendieron a dos sujetos que descendieron del vehículo acercándose a ellos y diciendo:

-Venimos con la víbora.

-¿Con qué?... (preguntó un tanto confudido uno de los guardianes del acceso).

-Con la víbora, esa que encontraron en California.

El diálogo se tornó cada vez más intrigante:

-¿Y para traer una víbora, necesitan semejante camionazo?

-Sí, y apenas cabe. Es un monstruo prehistórico, ¿sabe?... y por eso nos recomendaron que lo cuidáramos como si fuese Miss Estados Unidos.

Idas y venidas. Consultas a la dirección y la debida autorización:

-Pasen con la víbora.

(La cosa es que ahora el gigantesco reptil ha cobrado gran notoriedad, y su réplica de tamaño natural se exhibe en el Museo Nacional de Historia Natural y es un imán para atraer visitantes).

Los ofidios tienen mala reputación: se les trata de "arrastrados", y ellos se defienden argumentando que son peores los "trepadores". No les falta razón.

Todo lo contrario sucede con el camello, que a pesar de su formato jamás joroba, y lejos de ello es un verdadero multiservice, sobre todo en la conducción de turistas que, en caravana, recorren desérticas zonas del planeta. Y a propósito del simpático jorobón solo de apariencia: los antiguos camellos (muy anteriores a mi nacimiento) no tenían joroba: es lo que asegura un estudiante de doctorado de geología de la Universidad de Florida (EE.UU.) que halló, en un momento de recreación, un hueserío indescifrable en una región de obras que se realizan en el Canal de Panamá, un "bichito" digno de la selva tropical de ese país. Sacó la calculadora, y se dijo a sí mismo: "Esto tiene 20 millones de años". Y se quedó muy pancho.

Ampliando su informe científico, el estudiante de marras juró hasta por su abuela -que todavía está viva- que en la especie encontrada fue posible detectar que, por aquellos meses, había camellos que se levantaban en dos patas y no tenían joroba.

¡Lo que se perdieron las agencias de viajes por no haber existido entonces! Podían haber ofrecido excursiones por África en camellos de dos patas... pagando media tarifa.

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