HEBERT GATTO
No anda inspirado el matrimonio Mujica. Ella más candorosa que cauta hace declaraciones peleadas con la reflexión. ¿A quién se le ocurre hoy día que en democracia las Fuerzas Armadas estén del lado del partido en el poder? ¿Acaso pretende regresar a 1973, cuando la mayoría de los frentistas repetían que la lucha de clases no se detenía en la puerta de los cuarteles y que la solución pasaba por los militares progresistas? ¿O deseamos un ejército chavista, movilizado en las calles contra la oposición?
Cierto es que durante años colorados y blancos, en ese orden, influyeron sobre las FF.AA., tanto como pudieron. ¿Pero ello, sirve de ejemplo?
No Lucía, nuestra Constitución es muy clara y veda a los hombres de armas cualquier pronunciamiento partidario, salvo el voto. Su partido es la democracia y su objetivo la defensa de la ley. Todo lo demás son paparruchas calenturientas que todavía sueñan con ejércitos consustanciados con objetivos revolucionarios para los cuales "la Constitución es un escollo".
No anda mejor el marido, con el agravante que en teoría, él nos expresa a todos. El hombre se enoja con frecuencia y destrata a quienes encuentra alrededor. Entre ellos los periodistas, víctimas frecuentes de su intemperancia y sus malos modales.
Ignora que debería ser un ejemplo de moderación, como un padre que nos enseñara a hablar correctamente y a respetarnos. Lejos de hacerlo, practica el mal gusto y el desaliño, quizás creyendo que se relacionan mejor con la autenticidad.
Tampoco le gustan los medios: en su visión amplifican lo malo y minimizan lo bueno. Olvida que en una democracia lo fundamental es la creación de una opinión pública atenta y contestataria, dotada de espíritu crítico. Sin ella, se osifica y termina en gobiernos declamatorios. América asiste a la proliferación de estos regímenes, más proclives a consensos blanduzcos que a oposiciones obstinadas. Éstas no deberían alterarlo. Templanza, presidente, era una de las virtudes de la democracia ateniense, nada suma trocarla en ira.
Su última rabieta con la oposición recayó en las críticas de ésta a su política con la Argentina. En ese campo todo funciona galantemente, por momentos nuestra politesse empalaga, como si la "patria grande" funcionara en desmedro de la chica. Nadie pide dureza. Tampoco reiterar costosos enojos del pasado. Pero si algo no puede permitirse es el atropello del derecho internacional, una actitud que sistemáticamente practican los vecinos. Un vínculo que no depende de la buena disposición de los presidentes, ni de sus simpatías o antipatías coyunturales.
Mujica hace lo opuesto, basa su relacionamiento internacional en su simpatía, y en el apoyo acrítico de la política ajena, ya sea argentina, iraní o venezolana. Hasta ahora, fuera del levantamiento del bloqueo, poco ha conseguido. Tanto que el Mercosur luce como el museo de la integración. Pero ¿qué ocurrirá si el Frente repite su triunfo y regresa el Dr. Vázquez, notoriamente distanciado de la familia K.?
La empatía y el derecho no se concilian fácilmente, lo debería saber el Presidente, aunque lo irrite. También debería saber que sin oposición y con un Ejército frentista, nada bueno nos esperaría fronteras adentro.
De hecho el matrimonio Mujica no lo ignora, sólo que en ocasiones, en ellos, las palabras desbordan sus convicciones.