Europa sin acuerdo para salir de la crisis

Debacle financiera en el Viejo Continente. Hollande apuesta al crecimiento y Merkel a los recortes. Socialismo francés puede llevar a que Europa se rebele contra planes de austeridad de Alemania

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Como consecuencia de escandalosas elecciones, que casi destruyeron al círculo dominante de la política en Grecia y pusieron fin a 17 años de dominio conservador en Francia, el énfasis en Europa ha cambiado hacia el problema del crecimiento.

Sin embargo, existen pocas respuestas listas para cómo se da un giro de 180 grados a economías en recesión durante una importante crisis por la deuda soberana, además que se necesitarán semanas de altercados beligerantes para determinar si los alemanes pueden ser presionados para que hagan más que cambios cosméticos a su enfoque sobre la disciplina fiscal para todos.

En el extremo ascético están modestas concesiones por parte de Alemania para darles nueva forma a iniciativas existentes a fin que apoyen más el crecimiento. En el extremo opuesto, particularmente en países plagados por el creciente desempleo, están llamados por desatar al Banco Central Europeo para que intervenga con mayor determinación en mercados de bonos y para que los gobiernos usen el crédito de los países europeos más fuertes a fin de apoyar el crecimiento en los más débiles, a través de "eurobonos" en común.

Francois Hollande, quien derrotó al presidente Nicolás Sarkozy en el desempate electoral ayer en Francia, ha suministrado un punto de convocatoria para aquellos a lo largo de Europa que apoyan el gasto en estímulo a fin de promover crecimiento a corto plazo como la manera de salir de la crisis. Sin embargo, enfrentará un camino difícil si no puede alejar a la canciller de alemania, Ángela Merkel, de su insistencia en la austeridad.

"Por sí mismo, Hollande no puede cambiar el mundo", dijo Peter Bofinger, prominente economista en el consejo independiente de expertos económicos de Merkel. "Hay leyes de gravedad económica, y si él solo dice: `Yo estoy dispuesto a aceptar déficits mayores`, es alto el riesgo de que los mercados lo obliguen a ceder".

Bofinger dijo que lo que hacía falta era desacelerar los recortes al gasto para países en plena recesión y "una transferencia de soberanía fiscal al nivel del área del euro" como un paso hacia los eurobonos. Sin embargo, destacó que un enfoque de esa naturaleza aún era sumamente impopular en Alemania. Merkel no dejó duda con respecto a si estaba lista para acoger las medidas más radicales, rechazando con firmeza la sugerencia de Hollande en el sentido que líderes europeos reabran un acuerdo sobre la reducción del déficit que adoptaron en marzo.

"En Alemania, nosotros somos de la opinión, y yo también personalmente, que el pacto fiscal no es negociable", dijo Merkel en conferencia de prensa en Berlín. "Se ha negociado y ha sido firmado por 25 países", añadió.

La victoria de Hollande es un momento significativo en los persistentes esfuerzos de Europa por controlar la crisis, expulsando al colaborador más cercano de Merkel, Sarkozy, de la presidencia. Sin embargo, aún está por verse si la elección de Hollande es un verdadero giro decisivo o si Merkel es capaz de ceñirse a la austeridad al tiempo que solo hace gestos simbólicos hacia la flexibilidad en los márgenes.

"Todos están hablando de algún tipo de espacio entre reformas estructurales, como la liberalización de mercados laborales, y el tipo de estímulo directo que los alemanes llaman descarnadas medidas keynesianas por otra parte", dijo Hans Kundnani, experto en Alemania por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en Londres. "No estoy seguro de cuál sea el espacio entre esas dos".

FIRMEZA. La intransigencia alemana refleja un cambio en años recientes hacia mayores garantías propias y una voluntad para ir en pos de los propios intereses del país más abiertamente de lo que lo había hecho en la era de Posguerra.

"En alguna forma, los alemanes se han vuelto mucho más confiados con respecto a decir: `Esto es lo que pensamos, y no nos interesa si ustedes están de acuerdo con nosotros`", precisó Kundnani. "Los economistas que disienten con ellos son percibidos como antialemanes", añadió.

Sin embargo, la inconformidad se ha disparado en Europa, evidente en el alto número de electores que apoyaron a partidos radicales tanto en la primera ronda de votación de la elección presidencial de Francia como en la votación del domingo en Grecia, que llevó a un partido de la derecha extrema, el ultranacionalista partido Amanecer Dorado, al Parlamento en Atenas por vez primera.

En el ínterin, ha crecido el número de políticos prominentes que exigen nuevas medidas de estímulo. En Roma, el primer ministro Mario Monti, tecnócrata nombrado en noviembre mientras se profundizaba la crisis del euro, dijo que el resultado de la votación francesa era un "llamado a la reflexión sobre políticas europeas".

"Las finanzas públicas de tipo responsable son una condición necesaria, pero ciertamente no bastan para el objetivo clave: crecimiento sostenible que cree empleo y vaya orientado a la igualdad social", dijo Monti. "Por esta razón, es de importancia fundamental que Europa adopte urgentemente estrategias concretas para el crecimiento", añadió.

Los oponentes políticos de Merkel en el ámbito nacional también dijeron que era necesario un cambio. Sigmar Gabriel, líder de los opositores social demócratas, dijo el pasado lunes que el resultado en Francia demostraba que "la política de Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy llevó a Europa a una crisis más profunda". La victoria para Hollande "no solo cambiará Francia, sino finalmente le ayudará a Europa a ir en otra dirección", dijo Gabriel.

Sin embargo, el consenso para menores déficits presupuestarios y deudas públicas está atrincherado en Alemania y se extiende a lo largo de líneas partidistas. Gabriel tuvo cuidado de agregar que "nadie quiere deshacerse del pacto fiscal", sino meramente agregarle medidas que promuevan el crecimiento y empleos.

Klaus-Peter Flosbach, integrante del comité de finanzas en el Parlamento y uno de los portavoces sobre temas de finanzas por la delegación democristiana de Merkel, dijo: "El pacto fiscal es la base para cooperación ulterior. En los grupos parlamentarios de la coalición no hay absolutamente apoyo alguno por la introducción de eurobonos".

La línea dura asumida por Merkel y su partido ha sido popular entre electores alemanes, y conforme se preparara el estado más populoso del país, Rin del Norte de Westfalia, para votar en un nuevo parlamento estatal la próxima semana, causa poca sorpresa que la canciller Merkel se niegue a ceder. Hollande tampoco puede darse el lujo de bajar el tono de su mensaje con la proximidad de las elecciones parlamentarias de los franceses.

DESPROLIJO. "No veo que se dé un estímulo fiscal coordinado", dijo Mark Hallerberg, director del Centro de Gobierno Fiscal en la Facultad Hertie de Gobierno en Berlín. Sin embargo, parece más probable una acción del Banco Central Europeo. "Está de moda que el Bundesbank siempre se queje, pero solo es un voto. Merkel puede culpar al banco. Los alemanes pudieran estar enviando señales mixtas", señaló.

El ajuste será lento y gradual en vez de rápido y decisivo. "Habrá un poco de inflación, y habrá algunos aumentos salariales", dijo Hallerberg.

"Los salarios más altos hacen los alemanes sean más ricos. Es difícil odiarlo", añadió.

En una entrevista en el semanario noticioso Focus, de Alemania, el ministro de Finanzas Wolfgang Schaeuble dijo que era apropiado que los salarios subieran más rápidamente en Alemania que en otros países de la Unión Europea.

"Estos aumentos salariales también tienen el efecto de reducir los desequilibrios dentro de Europa", destacó Schaeuble.

En la conferencia de prensa del pasado lunes, Merkel explicó su razonamiento para mantener la línea con respecto al gasto, describiendo cómo, en su perspectiva, la crisis de la deuda surgió de los paquetes de estímulos coordinados en la primera fase de la crisis financiera.

"Estamos en un pleno debate al que Francia, por supuesto bajo su nuevo presidente, traerá su propio énfasis", dijo. "Pero estamos hablando de dos caras de la misma moneda: el progreso solo se alcanza a través de sólidas finanzas y crecimiento".

Merkel dijo que había telefoneado a Hollande por la noche del domingo para felicitarlo por su victoria y esperaba que él viajara pronto a Berlín. Y así sucederá. El nuevo mandatario asumirá el próximo martes y el miércoles se reunirá con ella.

"Puedo decir por mi parte que le daré a Francois Hollande la bienvenida con los brazos abiertos", concluyó Merkel.

LA CIFRA

0,5%

Crecerá Francia este año, según la Comisión Europea. Y 1,3% en 2013. Las políticas de Hollande buscan revertir estos datos.

Los ricos huyen de Francois Hollande

PARÍS. Los franceses más acaudalados comienzan a afincarse en Bélgica, Suiza y Gran Bretaña para escapar del súper impuesto que planea cobrar Francois Hollande a los que tengan ingresos superiores al millón de euros anuales, una vez que asuma la presidencia del país pasado mañana.

Según una encuesta realizada en esos tres países por el diario Le Parisien, la "fuga" es ya una realidad de los franceses de posición acomodada.

"Desde el lunes hay una carrera", sostuvo Didier Gregoire, abogado de impuestos de un estudio legal de Bruselas, según el cual "en dos días y medio" recibió "15 nuevas demandas de residencia fiscal. Estamos llenos de compromisos", añadió.

En su mayoría, se trata de exjefes de empresas que vendieron sus establecimientos en Francia y no quieren pagar los impuestos.

En Bélgica no existe impuesto patrimonial ni sobre las ganancias, un aspecto subrayado también por Dominique De Licthterweld, que gestiona una agencia inmobiliaria en Bruselas.

"Desde hace dos meses tuvimos un 30 por ciento más de visitantes franceses que vendieron sus fábricas o están por hacerlo. Todos están seducidos por la cercanía y la rapidez del tren de alta velocidad Bruselas-París, para no hablar de los liceos franceses si es que tienen hijos", indicó. En los barrios preferidos de Ixelles y Uccle viven 8.000 franceses, y vendrán muchos más.

En efecto, la disminución impositiva la obtendrían con sólo vivir al menos seis meses en el exterior. ANSA

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