La mejor forma de atraer la atención hacia la actividad que uno hace es asociarla con una cara conocida. Una revista con un famoso en la tapa, venderá más que una con una noticia interesante de gente desconocida. Una fiesta entre gente importante pero desconocida no atraerá tantas cámaras como una con celebridades invitadas. El trabajo de los relacionistas públicos es, en ese sentido, fundamental para potenciar negocios e imágenes.
Un ejemplo cercano de ello fue el estreno de la obra de teatro ¡Qué gauchita es mi mucama!, hace dos días en Argentina. En la obra actúa Claudia Fernández, quien entró al elenco para sustituir a Iliana Calabró, por pedido expreso de Florencia de la V. Pero de la función de apertura lo que más fue destacado por los medios del chimento argentino fue el hecho de que entre el público estuvo Jorge Rial con su nueva y promocionada novia, Mariana Antoniale.
De hecho fueron uno de los centros de atención del momento, como era inevitable. Todo el mundo ha hablado sobre su relación a lo largo de las últimas dos semanas, desde que la revista Paparazzi hizo público que se habían ido de viaje "secreto" a Venecia. Su historia se ha construido con una velocidad asombrosa en los medios y se instaló ante todos como el gran tema farandulero del momento. Es inevitable que en cualquier gala pública por la que pasen atraigan más atención que los protagonistas del hecho (que en este caso eran las vedettes y Florencia de la V).
Durante los premios Oscar, los Emmy y los Grammy ocurre algo similar: el desfile de figuras por la alfombra roja compite con el mismo show e incluso tiene un aire de glamour y fascinación que las ceremonias por sí mismas no tienen. Al público le gusta el brillo, o más bien, a los medios les rinde mucho vender esos brillos como cosas importantes. La dinámica ha funcionado perfectamente por décadas y tiene mucho que ver con la mística de los famosos y la forma en que se construyen sus imágenes.