ANTONIO MERCADER
Según sus habitantes, Montevideo está lejos de ser la ciudad hospitalaria que el poeta Ruben Darío llamó "maravillosa" o la "bella tacita de Plata" cantada por Romeo Gavioli. Eso podía caber medio siglo atrás, pero ahora una encuesta sobre la calidad de vida de la capital uruguaya pinta otra realidad: cuatro de cada diez montevideanos quisieran mudarse a otro lado. Y el descontento aumenta año a año.
Para empezar, obsérvese este dato: en 2011 un 64% de los encuestados se declaraban conformes con la ciudad; en 2012 solo el 50% se declara conforme. Y un 56% dice que en el futuro la situación empeorará.
La otrora orgullosa "ciudad de San Felipe y Santiago" tiene a mal traer a su gente con su inseguridad, suciedad y desorden. Así lo refleja un sondeo de opinión de la Red Uruguaya de Ciudades Justas, Democráticas y Sustentables, una organización privada, no política y con apoyo internacional cuyos trabajos deberían repasar quienes ocupan el Palacio Municipal.
Ocupan, bien dicho está, porque resolver no resuelven. "No hay explicación de cómo es posible que durante tanto tiempo la agenda de problemas sea la misma", se asombra Juan Carlos Fortuna, responsable de esta investigación. La falta de limpieza lo prueba: el 60% de los ciudadanos se quejan siempre de la basura que tapiza calles, baldíos y plazas sin que se note una reacción eficaz de la comuna.
Transcurrió casi un cuarto de siglo desde el "Delo por hecho" de un Tabaré Vázquez preocupado por los basurales hasta las actuales promesas de Ana Olivera de solucionar la dialéctica contenedores-hurgadores. La ciudad está hoy más sucia que nunca con sus aceras plagadas de baldosas rotas, desperdicios y excrementos de perros. ¡Si Ruben Darío la viera!
Es cierto que la inseguridad, de la que se quejan a coro los montevideanos, no puede imputarse solo a la intendencia. Pero cuán lejos estamos de la "tolerancia cero" que rescató del pozo a urbes más grandes y complejas que esta Montevideo mal iluminada, ahíta de edificios ruinosos, árboles amenazantes, baches del pavimento, monumentos públicos "grafiteados", malos servicios de transporte y un tránsito anárquico y propiciador de accidentes.
Así las cosas no sorprende que la gente quiera a su ciudad cada vez menos, sentimiento que anida sobre todo en quienes habitan en sus zonas más desamparadas. Porque la encuesta muestra que los habitantes de los barrios costeros están más satisfechos que los que residen al norte y al oeste. Una verificación que tira por tierra el carácter justiciero que el Frente Amplio suele atribuirle a su gestión.
Un Frente Amplio que, típico de las izquierdas, no cesa de aumentar impuestos y que de 1990 hasta la fecha, aparte de continuar con las obras de saneamiento, no hizo en la capital una sola obra pública de relevancia. Esa es la fuerza política que se jacta de candidatear hasta a una "heladera" porque se siente dueña de un electorado cautivo, ya resignado a vivir en la inopia.
Quizás este nuevo sondeo de opinión ayude a los montevideanos a despertar de su letargo y sirva de acicate a una oposición en donde aún están los que dudan de la conveniencia de unir fuerzas de blancos y colorados para proclamar un candidato común a la intendencia.
No hay dudas de que esa es la fórmula para recuperar la "tacita de Plata" en donde se cante otra vez aquella tarantella de Salvador Granata que decía así: "Montevideo, qué lindo te veo".