La fortuna errática que a veces olvida al artista consagrado, es difícil de explicar. Aunque ese olvido se corrige tarde o temprano. Sucede en todas las artes. ¿Quién recuerda o lee hoy a André Gide? Vivaldi, gloriosamente aplaudido en vida, su renombre ingresa en un silencioso mutismo apenas muerto. Juan Sebastián Bach vivió la misma circunstancia, aunque aquí corresponde anotar que nunca tuvo en vida el reconocimiento que su gigantesca y admirable obra mereció siempre.
El retorno a Bach, equivalente a un genuino descubrimiento se debe a Félix Mendelssohn, compositor que ha sufrido también los avatares de la fama. El genial Félix fue un prodigio que desde muy temprana edad demostró sus capacidades diversas. No solamente en la música, como ejecutante de piano y compositor, fue también un dibujante y pintor de aptitudes por encima del promedio. Quizá sea prudente anotar que su abuelo Moses fue una figura consular como filósofo y erudito en la vida alemana de su tiempo.
En cuanto a la relación con Bach del joven Mendelssohn, se inicia cuando su tía Babette Salomon le regala en Navidad una copia de La pasión según San Mateo. Félix tenía entonces catorce años, ya componía y dedica a la gigantesca partitura del Cantor de Santo Tomás, no menos de cinco años de estudio.
El 11 de marzo de 1828, en la Academia de Canto de Berlín, Mendelssohn, con menos de veinte años de edad, dirige La pasión un siglo después que la estrenara el propio Bach en 1729. Es la segunda interpretación en un siglo de existencia de la obra. El éxito es tan grande que debe reiterarla el 21 de marzo y el 17 de abril. El acierto de la versión reposa en el conocimiento de la obra y en la elección de los cantantes solistas: Devrient como Jesús y Stümmer en el papel del Evangelista. Como se sabe, La pasión según San Mateo está compuesta para dos orquestas, dos coros y solistas vocales e instrumentales.
Sin ignorar otros aportes en esta recuperación de Bach, no cabe duda que el mérito mayor reposa en Mendelssohn. Muerto en 1847, no alcanzó a las cuatro décadas de vida, pero en la actualidad su obra vive en lo conciertos del mundo con la frescura de siempre, tocada por la gracia que Schumann definió como un Mozart del siglo XIX.