A mediados de los 60 del siglo pasado, la dupla matrimonial de Daniel Tinayre y Mirtha Legrand visitaba al Canal 9 de Buenos Aires, donde Héctor Coire iba a realizarle un reportaje a la ya consagrada actriz del teatro y la pantalla argentinos. En el despacho del director Alejandro Romay y junto a éste, Tinayre vio el programa, al cabo del cual "Ale" abundó en eligios para Mirtha, asombrado por la soltura con que había actuado en la entrevista con muy acertadas respuestas, de las que derivaron sus propias preguntas. Un rato antes, Romay había participado de uno de los habituales almuerzos con los más estrechos colaboradores, entre quienes alguno sugirió, "una vez más", que merecían ser televisados por lo que tenían de espontáneos, pintorescos y amenos. Recordando esa propuesta mientras contemplaba a la hermosa, elegante, y desenvuelta figura, Romay estuvo seguro de haber encontrado -en hallazgo casi milagroso- a la persona ideal para conducir ante cámaras esos almuerzos. En tanto a Mirtha le encantó la idea, su esposo se resitía a "esclavizar" a su mujer atendiendo un programa diario de TV, que podía distraerla de sus labores en escenarios y "sets": pero, perdió la batalla y se sometió a la aventura televisiva de la entusiasmada señora, quien no tardó mucho en asumir la dirección de "Almuerzos con las estrellas", que dos años más tarde, -1968- se convertiría en el exitoso "Almorzando con Mirtha Legrand", seguido de un extremo a otro de la Argentina con un fervor que explicaba el incesante aumento de su "rating".
El último año, "la Legrand" se impuso una pausa en la pantalla chica, hasta que fue tentada para protagonizar una miniserie que le venía al pelo... (o a la peluca). El argumento giraba en torno a Sofía Ponte, la poderosa propietaria de un emporio de artículos para acrecentar la belleza femenina y ella (Mirtha) que tenía una larga experiencia en el punto, se prestó gustosa a jugar el papel que la devolvía a los tiempos del teleteatro: el resultado fue "La dueña", que vimos recientemente en su capítulo inicial, por Canal 4, donde la diva aparece manejándolo todo en un clima de opulencia que la muestra no muy distante de su vida real, de la que se extrajeron algunas situaciones para asociarlas a la ficción. Muy cuidada la producción en la atención del ambiente supersuntuoso, cayó en una falla imperdonable; en la escena del desayuno de Mirtha en su despampanante "lugar de mando" -instante en que aprovecha para repasar la prensa matutina- los diarios debieron llegar a sus manos en encuadernación de lujo. Menudo detalle, que habrá que tener en cuenta en el resto de la obra.
Sinceramente, le deseo a la Sra. Sofía Ponte, el mayor de los éxitos para su empresa: por su aporte a la evolución de varias firmas de cosmética, hizo sobrados méritos para jugar un día de locataria.