Tres apuestas por la variedad

Temporada de ballet. El cuerpo del Sodre prepara tres obras con propuestas muy distintas

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Desde hoy el Ballet Nacional del Sodre comienza a ensayar dos nuevas obras. El viernes terminaron los ensayos de "Tres Hologramas". Sobre las tres obras, parte de su programa 2012, hablaron Julio Bocca y Martín Inthamoussú.

"Uno tiene que hacer que la gente vaya queriendo ver otras cosas", explica Julio Bocca sobre los motivos por los que eligió que el cuerpo de baile del Sodre trabajara con tres coreógrafos muy diferentes entre sí. Uno de ellos es el británico Antony Tudor (1908 - 1987), de quien se interpretará la obra The leaves are fading (1975). Otro es el valenciano Nacho Duato (1957), del que se hará la pieza Without words (1998). Y el tercero es el uruguayo Martín Inthamoussú, quien creó la obra Tres hologramas junto a Jorge Drexler, especialmente para esta temporada.

A estos proyectos, el Ballet Nacional suma una nueva gira por todo el Interior, que se desarrollará entre junio y julio de este año. También harán una gira internacional que los llevará por Paraguay, Chile, Colombia, Perú, Venezuela y México. Bocca reconoce que esta combinación de propuestas no tiene por qué ser recibida del mismo modo en todos los departamentos de Uruguay, pero apuesta a llegar a un punto de equilibrio.

"Si yo ahora pongo una obra donde solo sea sonidos, no creo que la gente se levante y se vaya, porque acá la gente es educada, pero no va a ser la más popular. La compañía no está para presentar esa clase de obras ni tampoco creo que sea el camino que quiero para ellos".

Durante las últimas dos semanas el cuerpo de baile estuvo dedicado por entero a ensayos de Tres hologramas. En total, cuenta Inthamoussú, la preparación lleva hasta el momento cinco semanas, aunque todavía queda un proceso de pulido final antes del estreno.

El proyecto comenzó en realidad en febrero de 2010, cuando Bocca, en Madrid, convocó a Drexler para que compusiera música para un ballet. Poco después designó a Inthamoussú como coreógrafo y los puso en contacto.

"Lo interesante fue partir de que queríamos tener una historia que contar con Drexler", cuenta Inthamoussú. "Yo creo que el trabajo escénico tiene que ser comunicativo. Si no hay comunicación no hay chances de llegar a nadie. ¿Qué quiero comunicar con la música y la coreografía?". A partir de esa pregunta dieron forma a la historia de un personaje que se encuentra con recuerdos de toda su vida. En ese proceso apareció la primera versión de la música. Inthamoussú, por su lado, trabajó con el ballet en Uruguay, luego viajó a España y le llevó a Drexler videos de lo que bailaban y sobre eso siguieron componiendo.

"Como director, Martín tiene un lenguaje muy hacia afuera, hacia el público. No trabaja hacia adentro. Me alegra que la primera obra con un coreógrafo nacional haya sido con él", comenta Bocca.

Drexler nunca había compuesto música para danza, por lo que Inthamoussú tuvo que enseñarle varias cosas, como por ejemplo qué es un pas de deux y cómo se estructura una obra. "Fue un proceso de crecimiento para los dos, porque nunca había trabajado a la par con un músico desde el cero. Esta unión que inventó Julio podía ser un desastre o genial, y fue genial" dice el coreógrafo.

Como parte del ida y vuelta entre ambos, surgió la incorporación de la milonga. Drexler quiso incluirla en la música para que representase algo de la identidad uruguaya. A partir de esa idea decidió poner pasos de milonga dentro del baile. Durante el proceso consultaron ocasionalmente a Bocca, pero en un punto él resolvió hacerse a un lado para que la creación sea totalmente entre el músico y el coreógrafo.

El proyecto tuvo importantes desafíos para ellos y también para los bailarines, que tuvieron que adaptarse a una forma distinta de danza. Muchas veces se quejaban, por ejemplo de que les dolían músculos que no habían sentido hasta ese entonces, porque los movimientos propuestos por Inthamoussú les exigían moverse de formas diferentes. "Una compañía internacional que se precie tiene que estar abierta a bailar lo que le toque bailar. Las grandes compañías funcionan así y esto habla muy bien del nivel que tiene el cuerpo de baile del Sodre" dice el coreógrafo.

Ese proceso creativo que vivieron, se pondrá a prueba en junio, con el estreno. "El trabajo es de interpretación. La música que creó Jorge yo la puse en un cuerpo. Los movimientos se los di a los bailarines y ellos se los dan al público. Cuando ese triangulo funciona, es maravilloso".

Tudor y Duato, dos elegidos para una propuesta amplia

Julio Bocca describe la danza de Antony Tudor como más clásica y agrega que "es muy interesante tenerlo por su estilo y la parte lírica que utiliza en sus movimientos". Por otra parte, agrega que el coreógrafo español Nacho Duato es de un estilo contemporáneo pero más lírico.

En ambas puestas la música (respectivamente de Dvorak y de Schubert) va a ser tocada en vivo por la filarmónica, aunque en la obra Without words de Duato tocarán la pianista Elida Gencarelli y el cellista Roberto Martínez del Puerto. Y, finalmente, sobre el perfil de Inthamoussú como coreógrafo afirma que es más contemporáneo y de tendencia europea y específicamente alemana.

El director del Sodre comenta que armó este programa de tres obras y coreógrafos distintos de forma más bien intuitiva en base a lo que le gusta pero intentando tener grandes coreógrafos y que las propuestas sean diferentes. Tudor, por ejemplo, es generalmente aceptado como uno de los grandes responsables de las modernas formas de danza y uno de los grandes impulsores de la transformación del ballet en una forma de arte moderna. Duato, quien fue también director de la Compañía Nacional de Danza de España, ha creado coreografías que se bailaron en las compañías internacionales más prestigiosas.

"En este momento la compañía (el Ballet Nacional del Sodre) está aprendiendo y el público en parte también. Trato de traer obras que la compañía pueda hacer bien y que al público le agraden. También que sean buenas para el aprendizaje de los bailarines. No lo pienso tanto para el público, sino para el aprendizaje de los bailarines. Esta es una compañía joven. Parte de la mentalidad es el clásico, pero cuando pasa el tiempo apreciás el trabajo con el coreógrafo, y esto lo hablo por mí. Pero trato que eso lo puedan aprovechar desde jóvenes".

Gestación de una obra que busca contagiar ganas de bailar

La idea para Tres hologramas, la obra que gestaron Martín Inthamoussú y Jorge Drexler, surgió de un texto que tenía el músico. Ese texto, que en la obra aparecerá reflejado en una canción, hablaba sobre un hombre que ve un haz de luz que le recuerda a un haz de luz que veía de niño y que le dispara recuerdos. El coreógrafo eligió trabajar sobre el recuerdo y principalmente sobre el olvido, sobre memorias que parecen desaparecer pero que de pronto se activan por un olor o un sonido. "Siento que la danza contemporánea se va hacia un lugar de mucho autoregodeo, de mirar para adentro. Acá buscamos lo opuesto. Por eso la música es contagiosa, yo quiero que la gente tenga ganas de bailar. La idea es que esos recuerdos le permiten al personaje ser lo que es ahora. Uno es lo que es ahora porque sabe lo que vivió".

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