Desconfianza en compromiso de Cristina K con el tratado

| Se cuestiona la oportunidad de la firma del acuerdo tributario; se podría esperar y mirar con atención la economía argentina; hay inversionistas que no descartan alejarse

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DANIEL HERRERA LUSSICH

Miles de consultas llueven en las inmobiliarias y a gente vinculada a la construcción e inversores, desde que Uruguay y Argentina firmaron el tratado de intercambio de información tributaria. Los argentinos, especialmente los de clase media, no ocultan su inquietud sobre los alcances del acuerdo reciente entre los gobiernos de José Mujica y Cristina Fernández de Kirchner. Han comprado su casa o apartamento en el este uruguayo y en Montevideo, y no dudan que serán blanco de la cacería que ha emprendido la oficina recaudadora de impuestos del vecino país, acosado por problemas económicos, pese a los altos precios que se mantienen, por ahora, en los productos de exportación.

El argentino que eligió Uruguay no oculta su alarma. No cree en el respeto de las barreras exigidas por nuestro gobierno en defensa del inversor que ha comprado su casa de veraneo en la costa o ha realizado una mediana capitalización en bonos uruguayos.

El nerviosismo ha ganado en los extranjeros por sus bienes. Dudan que la publicación de su nombre en las listas que demande Cristina "K" a Uruguay no sea base para una dura persecución impositiva con la mirada hacia años atrás. No se confía en las cláusulas que impiden la retroactividad o la doble tributación.

"Serán implacables en la persecución de los propietarios de inmuebles en el Uruguay, no respetarán las normas del tratado de tributación", repetía alarmado un viejo veraneante de Piriápolis, quien desde largos años viene a nuestro balneario desde Córdoba.

Todo explotó en un inexplicable y sorpresivo discurso del presidente francés, Nicolas Sarkozy en la reunión del G20, dócil a las presiones de Cristina "K", cuando criticó con dureza a varios países, tildándolos de "paraísos fiscales", combinando a algunos que podían estar bajo sospecha y a Uruguay, que como se sabe había firmado acuerdos sin restricciones sobre tributación. Faltaban en esa lista Argentina y Brasil. Cristina Kirchner, en ese "amor y odio" que ha caracterizado sus relaciones con Mujica y el Uruguay, pidió directamente que la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) exigiera a Uruguay, y el francés Sarkozy fue quien hizo bien el "mandado".

DESCONFIANZA. Hoy, muchos meses después de aquella reunión, Uruguay y Argentina firmaron el preocupante tratado. La definición, bastante inesperada, vuelve a Mujica al primer plano y a su "machacona" frase "como digo una cosa, digo la otra". Hace escaso tiempo el mandatario uruguayo, con tono seguro, explicó a los periodistas que el borrador del acuerdo lo tenía bien "guardado en un cajón y que no lo firmaría así como así, a cambio de nada". Más tarde su esposa, la primera dama y senadora, Lucía Topolansky, en la misma línea, expresó: "No negociaremos por nada, es un paquete". Estas afirmaciones nacidas de la cúpula del poder despertaron expectativas, tanto en los exportadores uruguayos como en los medianos inversores argentinos. ¡Si lo garantizaba la pareja presidencial había que confiar!

Finalmente se incluyeron cuatro puntos que conformaron a las "alturas del gobierno uruguayo" en un camino que garantizaba cualquier desborde kirchnerista. Así lo deslizaron como sólido argumento a favor todo el equipo económico y el vicepresidente Danilo Astori.

Esas cláusulas son: 1) La información tributaria no tendrá efecto retroactivo. 2) No habrá doble tributación, es decir que se cobre en ambos países por el mismo bien. 3) La información que solicite Argentina será por escrito con todos los detalles, es decir perfectamente solicitadas y fundamentadas. 4) No podrán ingresar en territorio uruguayo inspectores argentinos.

Sin embargo la lectura del tratado no da tranquilidad a inversores de ambas márgenes del Plata. Argentina, en concreto el kirchnerismo, se caracteriza por no respetar los acuerdos internacionales, los compromisos con vecinos y reiteradamente ha violado tratados firmados en el Mercosur. Especulaba un argentino que si se solicita un informe tributario y se incluye por ejemplo el de una casa construida o adquirida en el período comprendido desde la vigencia del tratado, no será impedimento para la Casa Rosada, una orden, como ocurre casi a diario, para no cumplir promesas y hasta con solo una mirada hacia atrás en el tiempo para saber que no respetarán barrera alguna. Lo vienen haciendo no solo con los vecinos regionales, sino también con el mundo entero y el desprestigio que los rodea no deja de crecer. Nadie confía en sus promesas, ni Europa, ni Estados Unidos y ni que hablar en la región.

Los gobiernos sucesivos, y especialmente los del matrimonio Kirchner, se han caracterizado por no respetar lo convenido. Basta recordar el no pago de las deudas con organismos o bancos del exterior, y ni que hablar los múltiples compromisos con Uruguay.

TRISTES RECUERDOS. Si se retrocede muy poco en el tiempo se puede recordar perfectamente los dolores de cabeza, y las marchas y contramarchas, que se nos hicieron vivir con motivo de la instalación de la papelera Botnia, el corte de los puentes, etc. El tema en la Corte Internacional de la Haya fue favorable a Uruguay. Se formó la comisión de técnicos, se produjeron cuatro informes con la visión de científicos, se dice que favorables a Uruguay. Pero, como ha trascendido, por presiones de la Casa Rosada no han sido divulgados, hecho que asombra a todos por la tranquilidad uruguaya de mantenerse de "brazos cruzados". Lo mismo sucede con el compromiso de dragado de Martín García, seguimos esperando, igual que el puerto de Nueva Palmira. Y ni que hablar de las crecientes trabas a las exportaciones uruguayas en áreas como la metalúrgica, vestimenta, libros, entre tantos otros productos vedados que han impulsado a más de 1.500 trabajadores uruguayos a seguro de paro o despidos.

Ni los propios argentinos creen que su gobierno respetará lo acordado, y ni que hablar de los uruguayos ya afectados por los compromisos no cumplidos. Es un vecino que nos ha dado la espalda desde hace largo tiempo. Hay abrazos y efusividades de la mandataria con Mujica, pero apenas da la espalda llega la señal de no cumplir con Uruguay.

El presidente Mujica aún mantiene la confianza y el calor de una amistad que no tiene la justificación del buen vecino. Pero la ideología y políticas sociales afines los une y por ahora siguen de mano dada.

No podemos esperar nada de los ocupantes de la Casa Rosada. No vale la palabra de los Boudou, Moreno o De Vido. Su característica es la de no cumplir. Uruguay, creemos, no ha estado acertado en esa solidaridad ofrecida en los más variados trances, ahora en la expropiación de YPF, sin negociar con los españoles un acuerdo de salida. Bastaron un simple decreto y un portazo para expulsar a los ejecutivos de Repsol.

No hay duda que tanto uruguayos como argentinos con bienes en nuestro territorio desconfían de la palabra de Cristina "K", lo que puede repercutir en un alejamiento de los capitales que buscan seguridad y mayor renta. Había que firmar el tratado tributario, pero la lógica indicaba que aún se podía aplazar por cierto tiempo; el mundo actual no se conmovería demasiado ante la reiterada falta de palabra del gobierno argentino.

El gobierno uruguayo debe pensar que hasta ahora, lo unico que marchó, aunque por solo unos kilómetros desde Concordia a Salto, fue el famoso ferrocarril que transportó a Cristina "K" hasta el Uruguay para un simbólico agasajo. Y fue por una sola vez.

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