En cumplimiento de la ley 16.805 el feriado del 19 de abril se trasladó para ayer lunes 23 como parte de un sistema de corrimiento que posee sus ventajas, entre otras la de favorecer el turismo según dicen, pero que tiene el defecto de opacar la conmemoración de nuestras fiestas patrias. La de este feriado, evocador del desembarco de los 33 Orientales, es una de ellas, y una vez más hay que lamentar que pasó sin pena ni gloria.
De todos modos esta situación no es imputable a dicha ley aunque podría argumentarse que, en cierta forma, el cambio de día corta el vínculo con la fecha histórica precisa que se procura honrar. Pero más allá de la confusión causada por el corrimiento, el origen del descaecimiento de las efemérides uruguayas proviene del mal manejo del tema por parte de los gobiernos del Frente Amplio, y por supuesto, en una perspectiva más amplia, de la pobre enseñanza que se imparte sobre la Historia Nacional.
El problema surge durante el gobierno de Tabaré Vázquez en donde hubo una especie de intento refundador de nuestra historia iniciado desde el día en que asumió, el 1º de marzo de 2005, cuando en lugar del escudo nacional, omnipresente hasta entonces en los actos públicos, se instaló el dibujo de un sol de llameante cabellera. Ese fue el comienzo de una acometida contra los clásicos símbolos nacionales y la celebración puntual de las fechas patrias.
De estas últimas se ocupó un decreto que determinó que el 19 de junio, aniversario del nacimiento de Artigas, "será la única fecha conmemorativa por parte del gobierno nacional". Para peor, se le adosó a ese día el tema del "Nunca más" al disponer que esa era la jornada de reunión de todos los uruguayos, de manera que "el país pueda mirar al futuro y encontrar caminos de reconciliación nacional", según el decreto.
Lo del encuentro no funcionó, como es notorio, y hasta fue boicoteado por miembros de la coalición de gobierno. Lo que debía ser la gran fiesta patria en homenaje al Prócer se transformó en motivo de críticas y discusiones al extremo que esa "única fecha conmemorativa" terminó propiciando unas ceremonias desangeladas, carentes de todo calor popular. Por otra parte, el objetivo de concentrar celebraciones en una jornada generó una progresiva pérdida de significación para las otras fechas que integraban nuestro tradicional calendario de feriados. Entre ellas figura el 19 de abril que, desde entonces, tiende a pasar desapercibido.
Es una lástima que así sea porque la historia de las naciones suele conformarse con hitos precisos, no menos valiosos porque estén sazonados con elementos míticos que nutren lo que suele denominarse identidad nacional. Aquel desembarco de 1825, inicio de una cruzada que habría de concluir con la declaración de independencia del 25 de agosto, es uno de los episodios centrales de nuestro proceso emancipador.
El año pasado el gobierno de José Mujica hilvanó una serie de actividades por el bicentenario del comienzo, en 1811, de ese mismo proceso. Empero, a juzgar por el desinterés expuesto en estos días en la recordación de la gesta de los 33, parecería que se diluyó el impulso patriótico desplegado, casi hasta el exceso, un año atrás. Es malo que así sea pues aquella cruzada iniciada en el arenal de la Agraciada e inmortalizada en el célebre cuadro de Juan Manuel Blanes permitió que la naciente República se librara de la opresión del invasor norteño e iniciara su propio camino.
A la vista de estos antecedentes y atento a la degradación paulatina de la celebración de nuestras efemérides el gobierno debería tomar cartas en el asunto y definirse en un tema que ha quedado en una suerte de limbo debido a los efectos nocivos del decreto que concentró todo en el 19 de junio. Fechas como las del 19 de abril, así como la del 18 de mayo por citar la más cercana, merecen que se las recuerde como se hizo siempre, a través de ceremonias oficiales y actos académicos en donde se resalte su relevancia, sin excluir, por cierto, todo cuanto pueda hacerse desde el ámbito de la enseñanza.
Como escribió Ernesto Renán, una nación es "un principio espiritual" afirmado en la certeza colectiva de "compartir las glorias comunes del pasado". Es preciso actuar para que los uruguayos, sobre todo las nuevas generaciones, no pierdan esa certeza.
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